¿El Doctor Sabe Más?
por Dr. Daniel Eisenberg
¿Garantiza el judaísmo la autonomía del paciente para la toma de decisiones en asuntos médicos?

Mientras que el mundo judío tiene a la Torá como guía, el mundo secular confía en el consenso. Como resultado, cualquier decisión social debe estar de acuerdo con casi todas las filosofías, preferencias y creencias religiosas. Dado que hay muy pocas cosas en las que podemos estar todos de acuerdo, muy poco puede hacerse legítimamente sin infringir la libertad personal de algún individuo o grupo.

Entonces, cuando hablamos de ética médica, y de cualquier tipo de toma de decisiones en el ámbito de la salud, la sociedad secular es muy cuidadosa al convencer a los individuos a aceptar cualquier tratamiento en particular. Los días en los que los médicos sabían más y el paciente aceptaba ciegamente han terminado. En cambio, el enfoque moderno de la ética médica está basado sobre varios principios universales.

La sociedad secular demanda muchas cosas de los médicos: que toda decisión referente al cuidado de la salud propuesta por el médico sea de interés para el paciente (para su beneficio); que el médico “no dañe” (que no hayan acciones maléficas); y que la asistencia médica sea provista de manera justa y equitativa a todos, sin prejuicios (justicia). Pero estos tres requisitos son empequeñecidos por el cuarto: que el paciente tiene la última responsabilidad y la capacidad de tomar la decisión final con respecto a decisiones de asistencia médica (autonomía).

El entendimiento secular del consentimiento basado en información está basado sobre el derecho del individuo a expresar su autonomía decidiendo qué acciones permitirá que se realicen en su cuerpo.

Están quienes argumentarán (equivocadamente) que ese derecho no es compatible con el judaísmo, porque el judaísmo tiende a tomar una posición paternalista frente a las actividades humanas, incluyendo la práctica médica.    

La Torá declara que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios y enseña que su cuerpo es propiedad del Creador. Dado que una persona sólo tiene derechos de custodia sobre su cuerpo y es obligado a ser prudente con él, parecería de acuerdo a este argumento, que la persona estaría obligada a aceptar tratamiento médico. Esto parecería excluir la posibilidad de que exista un concepto de consentimiento basado en información en la ley judía.Esto también parecería sugerir que no sería ético que los médicos judíos ofrezcan a sus pacientes tratamientos que ellos no consideren la mejor opción.

Sin embargo, esta línea de razonamiento no es una descripción correcta de la posición del judaísmo frente al tema. Mientras que la base del enfoque de la Torá puede diferir del de la sociedad secular, el judaísmo requiere una forma de consentimiento basado en información que es en algunos aspectos más estricto que el de su contraparte secular.

La distinción clave entre el enfoque secular y el del judaísmo con respecto al consentimiento bien fundadoes la diferencia entre derechos y obligaciones. El énfasis secular en la autonomía lleva inevitablemente a la conclusión de que el paciente tiene derecho a rechazar parte o toda la información médica. En el judaísmo el hecho de estar informado es obligación, tanto como el hecho de aceptar el tratamiento adecuado. Estas obligaciones hacen que el consentimiento bien fundadodeje de ser un derecho y pase a ser una obligación. Desde el punto de vista del paciente, toda persona está obligada a cuidar activamente su cuerpo y a tomar decisiones médicas de manera responsable.

El requerimiento del paciente judío de consentimiento basado en informaciónes semejante a un administrador de fondos, a quien se le confía el dinero de un cliente. En este caso, el cliente es Dios y los fondos son el cuerpo de la persona. De la misma manera en que el administrador debe investigar todas las posibilidades razonables antes de invertir, así también el paciente está obligado a investigar las opciones médicas antes de actuar. Después de acumular la información necesaria, el administrador DEBE decidir en dónde invertir el dinero de su cliente porque es su obligación. Sólo si siente que todas las opciones posibles son inaceptables para su cliente, basado en la lógica, puede dejar el dinero en forma de efectivo.

De la misma manera, como prudentes administradores de nuestros cuerpos, estamos obligados a informarnos sobre todas las opciones médicas razonables, incluyendo la inacción, antes de tomar una decisión. Pero luego de evaluar todas las opciones razonables, la Torá nos obliga a elegir la mejor opción, o sea, la que elegiría el administrador prudente.

El grado de autonomía que el judaísmo brinda en cada caso está relacionado directamente con el grado de certeza que existe entre los médicos al respecto de cómo una determinada enfermedad debería ser evaluada y tratada. Cuando la medicina es monolítica, brindando a cada problema una respuesta única respecto a la cual todos los profesionales están de acuerdo, el individuo tiene poco para decir respecto a qué tratamiento desea recibir. Toda la investigación que el paciente haga llevaría necesariamente a seguir la recomendación de su médico.

Pero en realidad, la mayoría de las decisiones médicas están compuestas por múltiples asuntos, incluyendo dimensiones sociológicas y sicológicas, y cada uno requiere evaluación y discusión. Sólo los problemas más simples tienen respuestas claras.

Algunas decisiones son tan obvias que el individuo realmente no tiene opción. Una persona a la que se le diagnosticó meningitis bacteriana requiere un antibiótico. Rehusarse a aceptar la medicina significa casi con certeza la muerte. El riesgo de ingerir la droga es sólo la pequeña chance (y usualmente tratable) de reacción alérgica. El administrador prudente debe aceptar el antibiótico cuando la realidad médica se le presenta. Si se rehúsa, la ley judía nos permitiría exigirle a aceptar “voluntariamente” el tratamiento.

Pero, ¿cómo puede ser válido el consentimiento por obligación? Esto es análogo a la realidad del sistema “voluntario” de impuestos que exige a una persona cumplir con la obligación de pagar sus impuestos voluntariamente.

Pero en un nivel más fundamental, nosotros meramente lo obligamos a cumplir con su obligación de ser un administrador prudente. Este concepto es ampliamente aceptado por la sociedad secular. La idea de que algunas decisiones son tan irracionales que la sociedad puede entrar en escena y obligar al paciente a seguir un determinado curso de acción está bien reconocida dentro del campo de la salud mental y de la ley secular. En cierto punto, si se considera que una persona es una amenaza para ella misma o para otros, puede ser internada en un hospital psiquiátrico en contra de su voluntad. Una persona que se rehúsa a un tratamiento con antibióticos en contra de la meningitis bacteriana sin un motivo racional es una amenaza para sí misma, porque no está actuando como una administradora prudente de su cuerpo en contra de enfermedades que ponen en riesgo su vida.

¿Pero qué pasa con el paciente que se enfrenta a una cirugía peligrosa? Hay muchos temas que se deben investigar y clarificar antes de que se pueda tomar una decisión juiciosa. ¿Cuáles son los riesgos posibles? ¿Por cuánto tiempo se puede posponer la cirugía? ¿Cuál es el resultado esperado? ¿Hay otras opciones razonables? Responder estas preguntas representa la parte “basada en información” del consentimiento basado en información en el judaísmo. Pero una vez que toda la información ha sido reunida y asimilada, el paciente debe tomar una decisión basada en los hechos que se le presentaron.

Se puede llegar a comprender algo de una respuesta escrita por el rabino Moshé Feinstein, la máxima autoridad halájica de la generación pasada. Él aceptó claramente que la opinión del paciente es crucial en la toma de decisiones médicas. Sólo en los casos en que el tratamiento es obvio e inequívoco él aboga por la coerción (aunque claramente no la coerción física). Pero en casos en donde el paciente se rehúsa a aceptar tratamientos, él distingue entre el paciente que tiene miedo al dolor mientras se le recomienda un tratamiento eficaz, y el paciente que no confía en el juicio de su doctor (Igros Moshé, Joshen Mishpat II: 73e).

El primer paciente, que reconoce que el tratamiento es el apropiado pero teme al dolor, debería ser convencido de cumplir con su obligación de recibir la terapia apropiada. El segundo paciente, quien no confía en el consejo médico que ha recibido, debemos encontrar un médico en quien el paciente confíe para recibir su aceptación. Esto es porque para que el paciente cumpla apropiadamente con su rol de administrador prudente con su propio cuerpo, debe estar convencido de que la información que ha recibido es exacta. Esta diferencia trae el concepto de que uno está obligado a aceptar la terapia racional, pero puede rehusarse al tratamiento hasta que esté convencido de que el curso propuesto es sensato.

Vemos de aquí que el médico es parte del proceso de aceptación en el judaísmo. El médico debe proveer todas las opciones posibles porque el paciente es quien al final debe decidir cuál es el curso de acción correcto. El médico está obligado a explicar su evaluación de las varias opciones, pero el administrador que tiene la responsabilidad de tomar la decisión correcta es el paciente, no el doctor.

Las restricciones que el judaísmo pone respecto al consentimiento basado en información son las mismas que pone en el resto de la vida judía. El judaísmo requiere honestidad intelectual al evaluar todas las opciones en la vida. Uno está obligado a evaluar honestamente las opciones que tiene por delante y a tomar la decisión basada en la lógica, la conciencia propia y la Torá. Lejos de ubicar al judaísmo fuera del alcance del enfoque “moderno” de la relación médico-paciente, estos principios deberían darnos un modelo para quienes desean un enfoque racional en la difícil área de la toma de decisiones médicas.

 

Fuente: aishlatino.com

 
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