La bendición de los sacerdotes

Leemos en la Torá: Habló a Aharón y a sus hijos diciendo: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles: “El Eterno te bendiga y te guarde, ilumine el Eterno su rostro a ti y te agracie. El Eterno dirija su rostro a ti y te conceda la paz. Y pondrá Mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré” (Bamidbar 6:23-27)

El autor del libro “Akedat Itzjak Arama” formula la siguiente pregunta: ¿Qué beneficio persigue este mandamiento, según el cual los Cohanim recitan al pueblo estas bendiciones pues es el ensalzado sea quien bendice? ¿Qué es lo que se agrega y suma, al bendecir los Cohanim al pueblo o al dejar de hacerlo? ¿Acaso ellos han de ayudar al Señor?.

Y así explican los sabios del Talmud, el Midrash Tanjuma: Dijo la Congregación de Israel ante el Todopoderoso: “Señor de los Cielos, ordena a los Cohanim que no nos bendigan, tenemos menester solo de Tu propia bendición mira desde Tu santa morada, desde el cielo y bendice a tu pueblo Israel”. Respondió el Todopoderoso: “A pesar de que ordené a los Cohanim que os bendigan ¡Yo estaré con ellos y os bendeciré!”.
Es un precepto positivo de la Torá que los Cohanim bendigan al pueblo y todo Cohen que se encuentra en la Sinagoga, cuando el Jazán llama a los Cohanim y no sube al Dujan (estrado), será como si no hubiese cumplido tres preceptos: “Así bendeciréis”, “Diciéndoles” “Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré (Tratado de Sota 38,B) Y todo Cohen que si lo hará, también él será bendecido ya que está escrito “Bendeciré a tus bendecidores”. La bendición se hará en presencia de un Minián (10 personas).

La bendición sacerdotal es un mandamiento de la Torá. Atrae energía divina y poder de curación desde un más alto nivel que el que es inherente al pensamiento del tzadik. La voluntad de Dios, expresada a través de los preceptos de la Torá, derivan del nivel de jojmá (sabiduría), la iud del Nombre de Dios Havaiá. En el libro del Zohar encontramos la sentencia: “la Torá emana desde la jojmá”. La experiencia interior de esta sefirá es la verdad y la absoluta autoanulación. Este estado de autoanulación es por cierto la esencia seminal del amor de Israel. La total identificación con nuestro prójimo judío, con la que el sacerdote bendice al pueblo.

La bendición sacerdotal comienza con la letra iud. Tiene quince palabras y las trece primeras contienen esta letra. Estas trece iudim de la bendición sacerdotal se interpretan en cabalá como equivalentes a los trece atributos de misericordia. En el Templo, cuando bendice al pueblo, el sacerdote debe pronunciar el Nombre de Dios Havaiá tal como está escrito (en cualquier otro lugar y contexto está prohibido). El poder Divino así evocado deriva del nivel de jojmá, el nivel del mundo de Atzilut “dominio privado” de Dios (el Templo Sagrado en lo alto)- conocido en la cabalá como “el secreto del Nombre”.

Por encima incluso de los dos niveles ocultos y los dos revelados descriptos, existe un quinto, trascendente nivel. Es el nivel de “infinita paciencia Divina”, correspondiente a la corona suprema (keter) y al extremo superior de la iud del Nombre de Dios Havaiá.
Aquí uno simplemente espera la salvación de Dios con infinita paciencia. Ni reza con palabras audibles ni piensa pensamientos concientes. La completa fe en la Divina Providencia -todos los caminos de Dios son buenos- transforma nuestro estado general de conciencia en un estado de alegría, “felicidad en el sufrimiento”. 

En completo silencio, uno es conducido hacia las alturas para alcanzar el nivel de “Mi pensamiento, que no es tu pensamiento”. Paradójicamente, aunque a este nivel no hay fin para nuestra paciencia y perseverancia, cuando se alcanza este nivel de perfecta fe en Dios -uno con el Eterno- “la salvación de Dios es como el pestañeo del ojo”.

Fuente: Aurora

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