Entrevista a Andrea Jeftanovic:

"Hay que cruzar las barreras y conocernos, empatizar, escuchar y solidarizar"

Por Michelle Hafemann

A comienzos del mes de septiembre, chilenos de origen judío y palestino se reunieron con el Ministro de Relaciones Exteriores, Heraldo Muñoz, para entregarle una carta que abogaba por la paz entre Israel y los palestinos, pero que también planteaba una fuerte crítica a la política militar israelí, además de proponer la creación de dos estados para los dos pueblos, con la división de Jerusalem.

La carta fue entregada por Paulo Slachevsky, director de LOM Ediciones, y Tania Melnick, comunicadora social, como chilenos judíos, y por Faride Zerán, periodista, y Daniel Jadue, Alcalde de Recoleta, de la comunidad palestina. Si bien fueron señalados como representantes comunitarios, señalaron que firmaban y entregaban la carta en términos personales.

Algo así le sucedió a Andrea Jeftanovic Avdaloff (44), escritora chilena de origen judío, que también suscribió la carta que se titulaba “No importamos el conflicto, ¡el conflicto nos importa!”. Si bien aclara no provenir de una familia militante, se siente cercana a temas de Derechos Humanos, en más sintonía con la izquierda, y no vinculada a instituciones del “establishment” comunitario, salvo la kehilá Ruaj Amí  y del Centro Progresista Judío. Y a pesar de que al momento del conflicto entre Israel y Gaza se encontraba realizando una residencia en una universidad de Alemania, se sintió convocada a sumarse a la iniciativa, por las razones que esgrime en esta entrevista.

Jeftanovic es frecuentemente señalada como “heredera” literaria de la escritora Diamela Eltit, también chilena de origen palestino, con la que –nos cuenta- sostiene una gran amistad. Estudió sociología en la Universidad Católica (se tituló en 1994) e hizo un doctorado (PhD) en literatura hispanoamericana en la Universidad de California, Berkeley (2005). En el año 2000 lanzó su primera novela, “Escenario de guerra”, a la que luego siguieron “Monólogos en fuga”, el 2006; “Geografía de la lengua”, 2007; “Conversaciones con Isidora Aguirre, entrevistas y testimonios”, 2009; “Hablan los hijos”, 2011, y “No aceptes caramelos de extraños”, su último libro de cuentos, editado en el 2012 y con nuevas versiones este año en Cuba y España.

Actualmente, Andrea Jeftanovic trabaja en un nuevo libro de relatos  y también hace clases en la Universidad de Santiago.

“Confío mucho en las personas que articularon la carta”, nos comenta, “que son Paulo Slachevsky y Faride Zerán. Y la verdad es que creo que hacía falta una instancia que se abriera al diálogo. Me pareció súper duro lo que pasó, sé que la carta puede haber sido muy crítica, pero me sumé porque me parece que el camino – que es duro también- tiene que partir por un diálogo entre las comunidades y la acción bélica me pareció desmedida. Hubo mucho odio y a mí me gustaría contribuir con mi grano de arena a parar el odio. Es un momento histórico, en el que quizás han perdido fuerza las voces moderadas, y estamos secuestrados por las voces radicales, por los discursos de eliminación y de odio. Esto asusta”.

Y agrega: “Creo que el antídoto para esto es cruzar la frontera, y hablar con el que supuestamente tiene la visión contraria. Aunque no todas las veces es así, yo tengo visiones mucho más encontradas con los fanáticos que con los grupos que podrían ser los “opuestos”. Yo creo que por la persona que soy, de una familia mixta y educada en un colegio laico,  no veo a los palestinos como enemigos, para nada. Yo siempre digo a mí invítenme a a actividades con los palestinos no contra los palestinos, con los judíos no contra los judíos. Cambiemos la palabra: “con” y no “en contra”; probemos al menos”.

¿Estás de acuerdo con que esta guerra se llevó en dos frentes: uno, en terreno, y dos, a nivel mediático?

-Sí. Como yo estaba en Alemania, eso sí, viví las cosas de otra forma, muchos días estaba de viaje y solo escuchaba las noticias en la radio del auto que alquilamos, entonces a medida que nos adentrábamos en la zona de la Selva Negra escuchaba cada 30 minutos unas breves entradas que era en alemán, un idioma que no entiendo y eso le dio un toque casi absurdo, como son las guerras. Además era tan cruento lo que pasaba, que de cierta forma me aislé. Creo que eso es algo que le pasó a todo el mundo. Las nuestras, las comunidades judía y palestina, han tenido siempre buenas relaciones, pero cuando te encuentras a algo tan álgido como esta guerra, con tanta violencia, es difícil que la gente no se sienta afectada, identificada, y que tome partido. Me pasó que vi en la redes expresiones mucho más “desatadas” de gente que no tiene nada que ver con el conflicto. Y en ese mismo sentido, creo que la batalla mediática se dio porque se resaltaba mucho las voces de los fanáticos, y con ellos nadie puede estar de acuerdo. Además, se postean muchas mentiras, hay mucha falta de información, y al mismo tiempo tienes un hecho gravísimo: 2.300 víctimas fatales del lado palestino, 70 del lado israelí, cientos de misiles detenidos en el aire, varias ciudades en Gaza arrasadas, refugiados, muchos kibutzianos que debieron abandonar sus casas después de vivir años entre las sirenas y en los refugios.  Y qué dices frente a eso, ¡es terrible! Tantas muertes evitables, tanta destrucción innecesaria. Si se lleva más de 60 años en esta situación, ¿no será tiempo de verdad de cambiar el modelo? Yo creo que la única solución es enfrentar este conflicto en alianza, como socios, con trabajo bilateral.  Ya no se trata de quien tiene “más la razón”, se trata de enfrentar el desafío de vivir juntos en la fórmula que sea.

Y también es importante resaltar que no es lo mismo ser judío que estar de acuerdo con este gobierno de derecha israelí, que yo no entiendo, para nada. Tampoco creo que los moderados puedan adherir al discurso de Hamas. Lo visceral es defender tu lado, creo que es un error de las dos comunidades defender lo indefendible. No creo que los orígenes nos obliguen a pensar de un modo u otro, no tiene sentido pensar en términos de “bandos”,  eso es como de la guerra fría, es obsoleto, mediocre. Como dice el escritor David Grossman, el bienestar de mi vecino redunda en mi propio bienestar.  Y entiendo el bienestar como algo moral, psíquico, emocional, materialy cultural.

Hace algunas semanas vino el profesor Mario Sznajder, y él planteaba que en esta radicalización de los discursos, se generaliza la visión del otro, y que en este sentido había que tener cuidado con la islamofobia, que era lo mismo que el antisemitismo pero dado vuelta.

-Me parece muy interesante. Creo que tenemos que humanizar el conflicto, estamos rodeados de discursos muy radicales, en cambio cuando humanizas al otro, ves que sufre igual que tú, cambia tu visión de las cosas. Por ejemplo, yo también “salto” cuando alguien dice “En Gaza viven sólo terroristas”. ¿Qué eso? O “Todos los palestinos son suicidas y no aprecian la vida de sus hijos”. Seamos responsables y condenemos estos prejuicios de donde vengan, esas generalizaciones nocivas. Si rayan el Colegio árabe, hablemos y rechazemos. Y al otro lado, si en una manifestación pro palestina se cuela alguien disfrazado de Hitler es inaceptable, espero se rechace. Si alguien hace circular infamias como el Plan Andinia o Los Sabios de Sión, por favor no apoye esa tontera aunque así Usted le hace daño a su “enemigo”. No ande diciendo que los palestinos son así o asá si no conoce ninguno y no ha compartido un café con el corazón abierto y escuchando su versión de los hechos. Y si dicen que el Instituto Hebreo forma milicianos no sea irresponsable. Esos hechos nos debilitan, nos deslegitiman. Seamos grandes, demos ejemplo con la educación cívica y el respeto. 

Hay que cruzar las barreras y conocernos, empatizar, escuchar, solidarizar. Esa es la única forma en que se va a solucionar el conflicto, por la vía humanitaria, política, no militar. Por eso firmé la carta, porque creo que la solución no es militar y que las operaciones de Israel en esta línea han sido un enorme fracaso, dejan sólo víctimas y odio para esta y las futuras generaciones; tienen un enorme costo humano, moral, político y económico. Y quizás los fanatismos en este conflicto, no me atrevo a hablar de otros problemas en el Medio Oriente, han tomado fuerza porque el miedo y el odio ha ganado mucho espacio.

¿Qué te parece la posición que tomó la dirigencia de la comunidad judía chilena?

-No es fácil su labor, pero creo que es inconducente siempre defender, obsesionarse en siempre tener razón, justificar todo. Creo frente a una situación como ésta también debemos hablar desde el corazón, decir “basta”, decir “me duele”, decir “esto requiere otra solución”.  A veces se requiere ser más humilde, más autocrítico, más sensible.  Creo que las voces oficiales de ambas comunidades, subrayo ambas, se la pasan condenando, sólo reaccionando y exagerando incidentes. Por qué no esforzarse para pensar en iniciativas propositivas, contribuir con dar espacio a diversidad de voces. Estamos en Latinoamérica, en Chile, y esta distancia geográfica y cultural nos debería ayudar a tener un actuar más racional y sensato. Los veo muy atrincherados con los suyos; demos el ejemplo, saludemos para Ramadán a la comunidad musulmana, pensemos en reuniones, en convenciones, demos el pésame cuando corresponda, organicemos intercambios entre las escuelas y los movimientos juveniles, hagamos un concurso culinario, lo que sea mejor que este clima de destrucción. Derribar prejuicios fue parte de la lucha de los movimientos cívicos. Hay que mirar lo que pasó en Sudáfrica, en Irlanda y aprender. Seamos valientes, creativos.

Y también seamos autocríticos. Me sorprende que hace caso omiso de los extremismos dentro de la sociedad israelí, como por ejemplo los grupos del “Tag Mejir”, y debemos combatir los fundamentalismos de ambos lados. Cuando alguien llama a matar a los árabes o vandaliza una mezquita, es al final lo mismo que el “Kristallnacht”. La lucha es contra al fanatismo, al final.  Pensemos sobre la ocupación, los asentamientos; pensemos, analicemos, no hagamos la vista gorda.

Me parece que mientras que no haya igualdad ni respeto por los Derechos Humanos, no va a haber paz. Mientras no haya justicia tampoco habrá seguridad. Ojalá que esto que pasó sea un punto de inflexión. Ambos pueblos se merecen un territorio definido, con bienestar, tranquilidad, con derechos y deberes.

De las personas que firmaron la carta que forman parte de la comunidad palestina chilena, ¿ves una reflexión similar a la tuya?

-Veo posibilidad de diálogo. Hay que reunciar a buscar personas que vean este conflicto del mismo modo que uno, se pierde mucho tiempo en eso, es necesario comprender que en un conflicto hay muchas verdades, muchos puntos de vista, incluso en cada casa judía hay opiniones distintas. Tal vez debemos coincidir en no aceptar ninguna forma de violencia y desde ahí abrirnos. Y el tema es que el diálogo no implica compartir un idéntico punto de vista. Es más, como dice Daniel Barenboim -que dirige la Divan Orquesta, que está compuesta por músicos de diversos orígenes-  ganamos mucho más cuando pensamos en estas formas de colaboración.

¿Crees que es posible lograr una solución de dos estados?

-En términos políticos y técnicos sí. De lo que he leído me parece que la Iniciativa de Ginebra, un documento que soluciona fronteras, recursos naturales, políticas de reparación, fomento a la economía y más realizada por expertos de ambos lados, es un ejemplo de colaboración real, política, geográfica, económica y cultural; lástima que no se haya implementado con éxito, pero existe hace más de 10 años. Han fallado los líderes de estos proceso, es complejo. No digo que sea fácil, pero no podemos perder la insistencia y la esperanza. Dada la magnitud de la tragedia, no podemos darnos ese lujo.

Deben haber dos estados para dos pueblos, y ojalá estados laicos. Entre más se conquiste la igualdad y los derechos cívicos, va a haber más paz y seguridad para ambos pueblos. Nadie quiere que haya guerra en Israel, yo tengo sobrinos allá y no quiero que ellos vayan a la guerra ni que hayan atentados, pero tampoco quiero estar indirectamente vinculada con un país que oprime a otro pueblo. Hemos llegado a un grado de alienación y agresión fuera de todo parámetro. Todos deberíamos ver películas como “Cinco cámaras rotas”,  “Omar” o “The gatekeepers”. Por eso me parecen importantes  que dentro de la sociedad israelí hayan grupos críticos de esta política y pro DD.HH.  Y hay bastante música y cine que se hace en este espíritu de colaboración.

Quizás habría que hacer una autocrítica como comunidad en el sentido de que se plantea la diferencia de opinión como algo negativo y en cambio en la sociedad israelí hay grupos con posiciones muy duras respecto del gobierno o el Ejército, y existen, activan y funcionan en la legalidad.

-Claro, pero la sociedad chilena no sabe de estos grupos y se califica de traidor o se le ignora al que lo ve de otro modo, cuando participamos de una cultura en la que la interpretación y la crítica es fundamental.  En Israel hay varias organizaciones bilaterales muy interesantes,  está “Combatientes por la Paz”, “B’Tselem”, “Paz Ahora”, “Yala Young Leaders”, “The Parents Circle Families Forum” y tantas otras. En Latinoamérica están el grupo Consenso Palestino_israelí, Propazpi y  Coexist, por ejemplo.

Como escritora debes haberte dado cuenta de que, respecto de este conflicto, nos encontramos con dos narrativas que son diametralmente opuestas. Una es el relato contrario de la otra…

-Así es. Las dos me resultan muy convincentes y uno puede empatizar en algunos puntos con una y con la otra.  Yo hace un tiempo me entregado a un trabajo de investigación y lectura de ambas narrativas,  es una labor que te lleva a un terreno más ambivalente, confuso, pero ha sido un aprendizaje cultural y emocional. Esa ambivalencia a veces se entiende mal, yo insisto estoy por dos los estados, por los dos pueblos; yo estoy por la vida.

Tú estuviste hace algunos meses en Israel visitando a una agrupación que reúne a familiares de víctimas del conflicto, llamada “Parents Circle Families Forum”, ¿cómo fue la experiencia y por qué te encontraste con ellos?

-Fue una experiencia inolvidable, emocionante, de un gran aprendizaje político y humano. Más que por algo político, llegué por algo literario, porque ahora estoy trabajando en un libro sobre fronteras y conflictos geopolíticos, que tienen que ver mucho con las narrativas. Y en este libro, que tiene distintos relatos de diversos países, quería incluir algo sobre Medio Oriente. Por una situación azarosa encontré a este grupo, que tiene una posición más mediadora, dialogante, y me pareció súper interesante. Me di cuenta de que tenían la capacidad de ver ambos lados, de escucharse, conocerse, derribar prejuicios, y ese camino ético y moral, también político, me interesó mucho. Y creo que es la única solución. Imagínate si alguien como Dana Wegman que perdió a su padre en un atentado en un restaurant tiene la fuerza para hacer un campamento de verano con jóvenes palestinos e israelíes. O si escuchas a Bassam Aramin, un padre que perdió a su hija de diez años por una bala disparada por un soldado israelí, y está dispuesto a trabajar y cuidar como a los niños israelíes y palestinos, y hacer un compromiso de vida con esa misión…

Es un grupo muy profesional, muy digno, muy sobrio. Trabaja con mucho cuidado las imágenes, testimonios, las fotos de sus actividades, sus videos. No por nada han recibido reconocimiento de parte del Dalai Lama, universidades inglesas y norteamericanas. 

¿Entonces viajaste para pasar unos días con ellos?

-Sí, y fue muy impresionante cuando seguí sus actividades en escuelas, entrevistas personales, reuniones con universitarios, porque es notable como a partir de una tragedia personal, la muerte de un cercano, pueden ir a encontrarse con el otro lado, generar proyectos de gran alcance, estrechar lazos de amistad, ser una forma de familia, apoyarse, trabajar en conjunto. Si ellos pueden, ¿cómo yo tú o yo nos vamos a quedar en casa diciendo es imposible, no tiene sentido, es ingenuo, es inútil? Si ellos lo hacen, habría que repensarlo y dar el paso aunque sea en tu círculo íntimo.

¿Te parece que es una coincidencia o no es casual que buena parte de las personas que firmaron la carta “No importamos el conflicto, el conflicto nos importa” vienen del mundo de la cultura?

-Me parece que la cultura siempre te ha habitar un lugar que es más incómodo, más crítico, en la que dudas, estás confundida,  y yo creo que esa condición es difícil de vivir, pero positiva, más constructiva y desafiante. Además me parece que cualquier judío debiera ser más sensible al tema de los DD.HH. por nuestra historia. Y también el ser chileno, haber vivido la dictadura, te hace más sensible a los temas de violencia política. En lo personal, tengo una mirada más laica, más libre y no represento a nadie, tengo libertad para opinar. Y me parece que tenemos que dejar de lado las posturas corporativas y mirarnos, escucharnos. Es la única forma de lograr el diálogo en un mundo tan polarizado como el actual.

 

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