Sucot ecológico en Temuco

Por Daniela Rusowsky
 

Con una breve conversación sobre el sentido ambiental de la festividad y un menú de producción local, los miembros de la comunidad de Temuco disfrutaron de un bello día al aire libre.

Tras la solemnidad de Yom Kipur, la festividad de Sucot viene a recordarnos el llamado a la simpleza, a aquella de los 40 años de la vida nómade en el desierto. También nos conecta con tiempos en que el ciclo agrícola era importante para el pueblo judío y sus supervivencia. Un ruego por las lluvias, con cuatro especies vinculadas a las aguas y a los cuatro ecosistemas de la tierra de Israel.

Por motivos de remodelación del patio de la comunidad, este año la familia Funk ofreció su patio, donde si bien no se construyó una sucá tradicional, el ambiente del lugar creó la atmósfera propicia de la festividad.

Con la versión chilena de la murta ramas de palmera, ramas de sauce chileno y un limón nortino, en Temuco se cumplió con la mitzvá del lulav. Un ruego que nos recordó que somos un pueblo antiguo y tribal, y que asociamos a los ritos del pueblo mapuche y los otros pueblos originarios de Chile.

Cada participante aportó con algo que debía ser de producción local, y juntos aprendimos y reflexionamos de dónde viene aquello que consumimos y cuánto le cuesta al planeta traerlo a nuestra mesa. Cuánta agua y petróleo gastamos indirectamente, cuando podemos ser consecuentes con nuestro judaísmo al agradecer y respetar la tierra y sus cosechas.

Decidimos hacer el esfuerzo consciente de privilegiar la harina de Victoria, el queso de Los Ángeles, los huevos de Cunco y los espárragos de Angol. A preferir las manzanas de la zona, a la piña de Ecuador, la corvina de Puerto Saavedra a la Tilapia de Tailandia, y la carne regional a la importada (aunque el menú de la actividad fue lacto vegetariano).

Esto nos ayudará a ser mejores judíos, a ser consecuentes con nuestra tradición, respetuosa del planeta en el que vivimos y el cual compartimos con otros animales. Esto nos ayudará a cumplir con muchas mitzvot, alimentando mejor a nuestros hijos y haciendo de nuestro judaísmo, y a la festividad de sucot, algo vivo y presente que nos habla de tiempos antiguos.

El domingo pasado, conversamos, reímos, nos relajamos escuchando música israelí. Todos coincidimos que juntarnos y disfrutar del cariño de la preparación de cada aporte al menú de sucot, nos hizo sentir familia y vivir el espíritu de ser comunidad, pese a que somos pocos, y pese a la distancia.

 

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