Mordiendo su propia mano

Tiberio Yosif Klein

Al observar sin pasión lo que sucede en Argentina, no es fácil dejar de preguntarse cómo es posible que un judío como el canciller Timmerman prefiera juntarse con los enemigos jurados de su pueblo sólo para seguir percibiendo los dividendos económicos que seguramente obtiene gracias a su cargo, y al estar dentro de la camarilla del poder político del país. Se reúne, sin que eso le quite el sueño, con los dirigente de Irán, país que proclama abiertamente que su meta es destruir el Estado Judío, Israel, y obviamente asesinar a su población; Irán, que ha tenido entre sus más altos dirigentes a quienes hicieron el peor atentado antisemita después de la segunda guerra mundial, asesinando en la Amia a ochenta y cinco personas (según diarios argentinos de la época, murieron ochenta judíos y cinco inocentes…), aparte del ataque que organizaron contra la Embajada de Israel, ocurrido días antes de eso. Quizás recibió alguna enseñanza de su padre, Jacobo Timmerman, que después de haber sido secuestrado y torturado por los militares de Argentina, llegó a Israel, que lo recibió con las manos abiertas, y no obstante se dedicó a criticar y denostar al país judío con entusiasmo.

No es el único caso. Son conocidos los Naturei Karta (en arameo “Guardianes de la Ciudad”) que son un grupo de judíos ultra ortodoxos que se oponen a la existencia de Israel, ya que consideran que sólo el Mesias, cuando llegue, es quién podrá fundar el Estado Judío. En el intertanto se reúnen con todo aquel que quiera destruir Israel, y de paso atentar contra judíos: grupos árabes palestinos - y de otros lugares - terroristas, los iraníes, manifestantes antisemitas en ciudades estadounidenses y europeas. Está claro que tienen su objetivo distorsionado por completo, ya que el camino no es unirse a quienes quieren matar a sus correligionarios. Pero así son.

Otros judíos se unen a vociferantes de grupos de extrema izquierda, que claman por la destrucción de Israel en su visión de defender derechos de los árabes palestinos. Se declaran tan “anti sionistas” como sus colegas, sin notar que esa es la nueva denominación del viejo antisemitismo. No sólo son tolerados por los demás, sino que se transforman en el pretexto que supuestamente valida los objetivos del grupo en contra del país judío, ya que al haber judíos entre ellos, “no deberían ser catalogados como antisemitas”. El problema es que relacionan un gobierno israelí que no les agrada con la finalidad general de terminar con Israel mismo, y además el grupo identifica a todo judío con sus objetivos anti israelíes, lo que definitivamente es antisemitismo. Esos judíos no se dan cuenta que están siendo utilizados por los grupos a los que se adhieren como “tontos útiles”, que es como Stalin llamaba a quienes ayudaban de manera similar a su comunismo fascista. Incluso hay judíos que teniendo ideología de izquierda, igual son sionistas, pero distorsionan su actuar reuniéndose con grupos antisemitas árabes o gentiles, que simulan serlo al declararse “sólo anti sionistas”, lo que desde ya debería ser una alerta para que los judíos no se juntaran con ellos.

Hay judíos que sobrevivieron al Holocausto, pero se alejaron de la Comunidad Judía y nunca han visitado Israel. Tal como otros se acercaron a la religión, estos judíos no quieren saber nada con el judaísmo, y han intentado mimetizarse con la población gentil. No se han convertido, pero evitan tener ningún tipo de relación con el judaísmo local. La historia personal de cada uno de ellos es muy privada, y no la cuentan ni a sus hijos. Algunos pudieron cometer delitos tan graves, incluso contra sus propios correligionarios, que es la razón por la que temen ir a Israel para evitar ser reconocidos por su pasado.

Están aquellos judíos que han logrado una situación económica más que acomodada,  y no sienten que deberían “mezclarse” con lo que consideran la plebe judía. Prefieren relacionarse con sus pares, siempre que éstos les acepten, lo que normalmente no sucede. La gente rica, al menos en Chile, suele estar ligada a grupos católicos muy conservadores: el Opus Dei, los Legionarios de Cristo, son miembros de la Unión Social de Empresarios Cristianos, y muchas organizaciones más, que por la religión y origen están vedadas a los judíos. No obstante lo cual, de todas maneras hacen lo posible para tener relación más cercana con los grupos de poder católicos. Terminan por mimetizarse y evaporarse lentamente hasta desaparecer, sino ellos, sus hijos, que finalmente se asimilan perdiéndose para el judaísmo.

En la historia judía ha habido innumerables traidores a su pueblo. Ha habido una gran cantidad de apóstatas que se han convertido a otra religión para después transformarse en antisemitas furibundos, que han ayudado a los enemigos del judaísmo a atacarlo, provocando asesinatos y expulsiones. Es el caso de algunos rabinos en la Edad Media, que se convirtieron al cristianismo para después enfrentarse a otros rabinos para desacreditar los libros del judaísmo, especialmente el Talmud (que ha sido tan atacado por gente que nunca lo ha leído)

En Israel mismo, en la lucha política entre partidos, algunos se atacan de tal manera que dan argumentos a quienes quisieran ver destruido el Estado Judío. Olvidan que gracias a que el mundo está interconectado, todo lo que se habla en la Kneset se escucha en todas partes. El ataque con que políticos israelíes se acusan unos a otros llega a dar la impresión de que casi todos son corruptos, que casi todos tienen algo turbio bajo la manga. Por supuesto que eso no es así, lo que sucede es que en Israel nadie está fuera de la ley debido a su democracia. Pero como en el mundo eso no suele ser así y los poderosos son casi intocables, parecieran más graves las acusaciones de lo que son realmente.

Contrariamente a lo que argumentan los antisemitas, el Pueblo Judío es igual a todos los demás. Hay gente inteligente y tonta, buena y mala, hábil y torpe. La singular característica del judío, la importancia que le da a la educación, la base que es para el judaísmo la familia, la fragilidad con que se siente en cualquier parte que no sea Israel debido al antisemitismo abierto o latente, son producto de la historia misma que han debido pasar los judíos a lo largo de su historia. Así es como las experiencias son tan diversas como diferentes son los lugares de los que proceden los judíos. Uno de Europa no será igual a otro del norte de África o de Asia central. Sin embargo al ser minoría en todas partes, la cohesión ha sido mayor a lo usual. El judío se siente responsable por su correligionario – o al menos eso es lo que debería ser -.

Pero para volver al comienzo, independiente de ciertas características sicológicas propias de una minoría que se siente parte de un grupo, igual hay individuos que eligen un camino separado a la colectividad, sólo para beneficiarse personalmente de alguna manera. Este es el caso extremo del canciller argentino Timmerman, que a estas alturas no cabe duda que es un traidor a su pueblo, y es por todo judío considerado un infame. No cabe duda alguna que si hubiera vivido en Alemania de la segunda guerra mundial, habría tratado de beneficiarse tratando con los nazis, aunque lo más probable es que habría terminado en un campo de concentración.

Para desgracia de Timmerman y de todos los que van contra su propio pueblo, a nadie le gustan los traidores. Serlo contra los suyos no es confiable, lo más seguro es que sería capaz de traicionar una y otra vez, por la causa que fuese, a sus amos o colegas del momento. De manera que no es auspicioso el futuro que les espera, al menos dentro del judaísmo. Para Timmerman y otros como él no habrá Cementerio Judío, no habrá lugar en la Sinagoga, no habrá consuelo rabínico. En resumen, lo que logran es pan hoy día y hambre mañana.  

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