"El canto de las sirenas"
Por Guido Maisuls

¿Qué es la "cultura"? ¿Qué es la cultura judía?

Esta palabra es insistentemente utilizada en la actualidad, diríamos hasta el hartazgo, en la frenética búsqueda de proteger esa misteriosa identidad judía.

Aquí se mezclan como en un cambalache muchos ingredientes, desde la gastronomía judía, los bailes folclóricos israelíes (rikudim), el psicoanálisis de Freud, la teoría de la relatividad de Einstein, el Capital de Carlos Marx, el ingenio de Woody Allen, la comicidad de los hermanos Marx y hasta el Facebook de Mark Zukerberg como si de esta curiosa mezcolanza saldría una misteriosa poción mágica que nos daría el suficiente oxigeno para continuar con el prolífico trayecto de este pueblo milenario.

Nos cuenta Franz Kafka en "El silencio de las sirenas": "Para protegerse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas…"

El gran poder de las Sirenas radicaba en sus hermosas voces que poseían una inmensa dulzura y musicalidad y atraían intensamente a los marineros, estos quedaban embelesados con tan bellos sonidos y luego saltaban del barco para poder escuchar mejor, muriendo ahogados en las aguas. Pero como en la mejor de las historias hubo alguien capaz de soportar el canto de las Sirenas.

Ese alguien fue Ulises, quien volvía a su hogar tras la guerra de Troya pero tuvo la poca ventura de pasar por los dominios de ellas. Y las sirenas comenzaban con su canto y ninguno de los marineros sufrió daño ya que no escucharon nada y Ulises a causa de la bella música, suplicó e imploró que le soltaran, pero los marineros no lo escucharon y Ulises pudo soportar la embriagante música sin sufrir daño alguno.

Según el canto XII de la Odisea: "Entonces yo partí en trocitos, con el agudo bronce, un gran pan de cera y lo apreté con mis pesadas manos. Enseguida se calentó la cera y la unté por orden en los oídos de todos mis compañeros. Éstos, a su vez, me ataron igual de manos que de pies, firme junto al mástil, sujetaron a éste las amarras, y, sentándose, batían el canoso mar con los remos."

Así Ulises se protege de esas sirenas que eran seres que atraían a los navegantes hacia la costa con su canto y al acercarse el barco estallaba contra los arrecifes, siendo devorados por el mar, sus malogrados ocupantes.

Aquí el canto de las sirenas, representa la estrategia de apartar al hombre de su camino y Ulises simboliza la voluntad en continuar con el asumido destino del hombre y la inquebrantable fidelidad a su amada Penélope.

El canto de las sirenas, representa en la mitología antigua y en el pensamiento actual, los oscuros poderes materiales que por medio del espejismo y el engaño intentan apartar al hombre de su camino y de su trazado objetivo.

Los hombres de estos tiempos son como los marineros de Ulises que al escuchar el seductor canto de las sirenas caen en un total estado de indefensión que les hace estrellar su navío contra los arrecifes y así naufragar.

Ulises como las actuales generaciones, conociendo el poder de atracción de este seductor canto, deben pedir a sus marineros que los aten al mástil del barco, habiendo antes colocado en los oídos de sus marinos tapones de cera que prevengan de escuchar el cautivante llamado.

Ulises y las actuales generaciones deben tener el firme propósito de aferrarse a su propósito al atravesar la zona de peligro, pueden ver y sentir sin moverse y sus hombres no deben escuchar su pedido de desatarlo en los graves momentos de tentación y alienaciones.

A pesar de la actitud acechante de las Sirenas, de su encantador e hipnótico susurro, Ulises y las actuales generaciones deben mantener su mirada hacia delante, hacia su deseado futuro, por sobre las peligrosas aguas. Entonces nada ni nadie impedirán que Ulises y las actuales generaciones lleguen a su destino.

Así y en el particular caso del pueblo judío, este no sucumbirá ante el dulce y melodioso canto de la Sirenas por la firme determinación de no dejarse llevar por el extraño canto de las Sirenas, por el sencillo motivo de poder escuchar su propia música, su propia orquesta que lo proteja de estrellar su propio navío contra los peligrosos arrecifes que intentan hacerle naufragar.

A 100 años de la muerte del legendario escritor ruso León Tolstoi en su profética publicación de 1908 en un periódico judío londinense donde predijo sobre este pueblo milenario:

"El judío representa el emblema de la eternidad. El, es a quien ni la masacre, ni la tortura durante miles de años pudo destruir; él, es quien ni el fuego ni la espada ni la inquisición pudo borrar de la faz de la tierra………..Una nación semejante no puede ser destruida.
El judío es eterno como lo es la Eternidad misma."

 

 
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