Memorias de una conversa
Anónimo

 

 “En vista de los aires nuevos que se ha tomado con la inclusión y diversidad de la que se habla en la comunidad como tema actual y con tanta publicidad que ha recibido. Parece un buen momento para tocar nuevamente el tema de la conversión al judaísmo.

Si la comunidad va a ser incluyente, veamos los porcentajes del grupo de la gente conversa (con deseos reales), Los números son altísimos. Si la comunidad se va a abrir, que se abra equitativamente  y con el mismo impulso con todos los grupos: no sólo con algunos“.

Nací en una familia no judía. Cuando joven me alejé de mi familia porque no compartía sus ideas y ellos no compartían las mías. Por lo que me separé de ellos y no los volví a ver.

Desde joven leía apasionadamente acerca de la cultura judía, de sus historias, su gente, sus costumbres. En un momento le comenté a una amiga: lo mejor que le ha sucedido al mundo: es el pueblo judío. Lo dije porque lo creo realmente. En el trabajo y con mis vecinos conocí muy de cerca a mis amigos paisanos. La religión judía, me parecía y me sigue pareciendo fascinante en todo lo que comprende.

Seguí mi vida y un día conocí a mi actual esposo, este maravilloso hombre que resultó ser judío.

El hecho de enamorarme de un hombre judío, me encantó, porque  su personalidad fue y ha sido siempre extraordinaria. Nunca he conocido a alguien tan humano, comprensivo, compasivo, inteligente, espiritual y solidario como él.

Cuando éramos novios, él vivía con su familia: por tener una relación conmigo El era la oveja negra de la familia, y yo era la goy.

Desde joven tuve que arreglármelas sola sin una familia sanguínea que me apoyara y aprendí a sobrevivir sola. Pero mi esposo viniendo de una clásica familia judía-árabe: se las vio negra. Como dijera el dicho “vio lo que es amar a D´s  en tierra de árabes”.  La familia judío-árabe mantiene un sistema de estructura muy bien diseñado. Como que “nadie se les va”.

Así que no recibimos apoyo de nadie y aprendimos que estábamos solos en esto.  Afortunadamente después llegaron a nuestra vida unos hijos maravillosos.

Pero no fue sino hasta pasados los años, teniendo una situación en la que ya nos habíamos casado por el civil, que por decisión propia e independiente decidí convertirme al judaísmo.

Como tenía gente cercana, paisana y no paisana, lo primero que me dijeron es: “no sabes en que te metes”. Mi esposo me dijo “va a haber muchos problemas, algunos que ni siquiera nos imaginamos y no todos lo van a entender”.

Mi marido y yo decidimos que en este barco estamos juntos para siempre y decidimos seguir adelante. Con el tiempo él se acercó a su comunidad y lo primero que le dijeron es: “imposible, no hay nada que se pueda hacer”, “Quédate con los niños y a ella déjala”. El respondió, “¿cómo voy a quitarle a mis hijos a su madre?”, a lo que por supuesto no tuvieron respuesta.

Su comunidad –que es solo una de las varias que conforman a la comunidad de México y que de ninguna manera las representa- tiene un convenio hablado que se le conoce como Takaná, que significa que no hay un solo converso ni siquiera siendo la familia más ilustre de la comunidad.

Seguimos buscando en alguna comunidad ortodoxa y nada. Llegamos por recomendación de alguien a una comunidad del movimiento conservador que sólo después de hacernos esperar un año, nos dio el sí. Estoy de acuerdo que nos hagan esperar y hasta resistir por un tiempo para corroborar que la intención sea  auténtica; ya que no es un juego. También nuestros hijos se prepararon. Nos casamos, asistíamos  a la sinagoga los viernes y a las fiestas religiosas. Todo eso me pareció bien. Hice un compromiso del alma y lo mantengo con todo mi corazón.  Mi conversión no tuvo que ver con amar a mi esposo, de hecho al decidir hacerlo le dije: “te amo mucho, pero esto lo hago porque es mi camino hacia D´s, un camino de crecimiento espiritual y estoy convencida de que es lo mejor, no hay ninguna fe como la judía. Todo en la vida de un judío es espiritualidad”.

Viendo que era imposible lograr una conversión ortodoxa en México, tuvimos que viajar a New York para que me realizara el examen un Bet Din ortodoxo. Gracias a D´s que todo salió perfectamente bien.

De hecho el rabino principal me dijo: “este es un pacto entre D´s y tú”, “no trates de quedar bien con los hombres “El país más difícil para realizar una conversión ortodoxa es México. Es mucho más fácil en EUA ó el mismo Israel que en tu país”.

Mis hijos y yo hicimos Tevilá y el Bet Din corroboró que todo fuera kosher y así fue.  Nos dieron nuestra Tehuda.

El hecho de entrar a la Mikve no es el final del proceso, es solo el principio y mucho menos ser judío es un evento es un proceso que dura toda la vida.

De regreso a México, mi esposo fue nuevamente a su comunidad y nuevamente le dijeron que en México, esta comunidad, por decisión privada de ellos, no recibe conversos.

Los presidentes de la mesa directiva manejan todos los hilos, relegan a la gente que busca acercarse y la discriminan. Tienen una falta de humanidad increíble. En ese momento uno de los directivos le dijo a mi marido: “somos el club de Toby”. “Así vengan con caireles barba tzizit y faldas largas”, “Deja a tus hijos y quédate con nosotros”. “Tú si eres bien recibido”. Mi esposo le dijo: “¿No es más Mitzvá integrar una familia judía que abandonar a mis hijos?”, ¿Por qué voy a desintegrar a mi familia?, ¿no es mejor seguir con la tradición: ponerle tefilín a mi hijo y seguir las leyes de D´s?”.  Ya no supo que contestar.

Fuimos de comunidad a comunidad ortodoxa, pero la respuesta era, “que vaya él a su comunidad, no queremos problemas”. Uno de los rabinos revisó nuestra Tehuda y certificados de judeidad y levantándose de la silla, me dijo: “Ud. Me debe un respeto ya que la Toráh menciona “respetar al (guer = converso) 36 veces”, “si por mi fuera lo haría, pero la mesa directiva no me lo va a permitir, ellos son los que deciden estas cosas. Antes los rabinos podíamos decidir pero ahora no. Lo siento porque sé de buena fuente que son una familia comprometida”.

Le dije a un Rabino,  “Siempre supe que es el pueblo de D´s  no que existe una comunidad, luego la segunda, la tercera, la cuarta. Es un solo pueblo. ¿Porque la diferencia la deben resaltar tanto?, es una pena, que estando permitido halajicamente, se cierran a la propia palabra de D´s:  la Torá que sí lo permite.  El mismo Abraham Avinu, fue el primer guer y así mismo su esposa Sara y parte del pueblo de Israel. Hay una Mitzvá muy importante que aparece en la Torá: el no entristecer a los guerim.

Y el rabino nos dijo, “Ud. Tiene razón, yo les ayudaría”, pero la mesa directiva me mandó decir “no queremos la asimilación y que vaya a su comunidad”, y entonces yo le respondí “aquí no hay ninguna”.  ¿De qué asimilación me hablan cuando la que se está asimilando al 100% de forma convencida, auténtica y comprometida, soy yo?, si mis hijos únicamente han conocido y recibido instrucción judía, no ha habido ni hay nada más. Ellos se saben judíos. Somos parte de un legado. Esto no es un juego, es algo de total trascendencia para nosotros. Aquí no existe el matrimonio mixto.  Somos un matrimonio judío bien cimentado, mi casa es kosher 100%,  utilizo dos vajillas para separar carne y lácteo, mis hijos van a escuelas judías. Todas nuestras puertas tienen mezuzot. Celebramos las fiestas. Sólo conocemos a la familia de mi esposo, que nos han recibido y con quienes hacemos todas las fiestas. En mi casa todo es tradición y legado judío. La fe de él y la mía es la misma.  Mis hijos rezan el Shemá mañana y noche, hacen netilát por la mañana, ven a su papá ponerse el Tefilín y rezar diariamente. Juntos en familia rezamos la Torá todos los días. Todo es judaísmo absolutamente. Yo preparo la cena de Shabat, todos los viernes. Mi hija y yo prendemos las velas, es algo que ha aprendido desde pequeña. Vamos a la sinagoga, hacemos el Kiddush en Shabat.

He abrazado la fe judía  con total convencimiento, desde hace muchos años y somos un matrimonio sólido.  Trabajo para la comunidad de forma voluntaria porque me interesa. Si esto no es involucramiento: ¿qué es?: ¿Por qué castigan así a su gente?, cuando somos total y absolutamente serios.

Estábamos seguros que D´s nos abrirá otro camino. Le dije a D´s: “Hashem, si este es nuestro camino, no nos abandones. Yo no quiero quedar bien con ellos: sólo contigo. Pero ayúdanos acá, porque el camino está pesado”.

Cuando algún miembro de una comunidad ortodoxa decide que va a convertir al judaísmo a su familia es visto como un bicho raro. La primera reacción es de rechazo de parte de todos: familia, amigos, comunidades. Piensan que llegar con cualquiera de las comunidades es como tomar una ficha en una fila: pasar rápidamente y digan: “next, aprobado!”.  Es todo menos eso. De entrada te dicen “nosotros no lo hacemos, porque no te vas a Israel, búscale”. Sabemos de casos que fueron a Israel, llegan con su Tehuda y no los aceptan. Es algo dificilísimo; complicado para los que verdaderamente lo buscamos de corazón. En este proceso no hay nada fácil. Es de verdad un deseo constante de entrar con todo y lo que implica. Nunca se han puesto a pensar lo difícil que es para los conversos. Nos siguen viendo de lado.  Es una decisión por convicción, no porque ya está dado por nacimiento. Eso algún mérito debe tener.

Mis preguntas son: ¿en qué momento se politizó la religión?, sino fuera ley de D´s: no habría poder humano posible que permitiera una conversión al judaísmo.

Si la Torá lo permite y es ley de D´s, ¿quiénes son estos directivos para sentirse por encima de D´s y no acatar su ley? En lugar de ser humildes y unir a las familias que así lo buscan para seguir con las leyes de D´s.

Lo curioso es que resulta más fácil, hablar con D´s  que hablar con los hombres.

Quiero dar algunos pocos ejemplos de que D´s y sus leyes en la Torá han permitido siempre la conversión al judaísmo. Pongo algunos bien sabidos por todos:

Ruth, una moabita que se convirtió al judaísmo de forma total para seguir a su suegra. Y Ruth es la abuela del Rey David (en Shavuoth se lee la meguilá de Ruth).  Existen grandes rabinos conversos, como: Rabi Akiba, Rabi Onkelos el traductor de la Torá, Yitró el suegro de Moshé Rabenu, etc, etc.

Pasado el tiempo y porque Hashem actúa en los momentos exactos, nos llamó y recibió nuevamente una de las comunidades ortodoxas. Revisaron nuestro caso, vieron la Tehuda que era ortodoxa, nuestros certificados de judeidad, nos volvieron a preguntar acerca de cómo llevábamos nuestra casa, nuestra vida, nuestros hijos.

Esta vez, años después con canas encima, nuestros hijos más crecidos, nos dijeron: “Han demostrado que han pasado todas estas pruebas” y nos casamos nuevamente por el rito ortodoxo. En la boda estábamos mi esposo y yo, junto con el Rabino, el jazán y los 10 hombres que juntaron el Minián como testigos, un jueves por la mañana.

Esta comunidad – que no es aquella a la que pertenecia mi marido originalmente- nos dio nuestra Ketuvá y de ahí en adelante somos parte de  una comunidad que comprobó nuestras intenciones y que entonces nos recibió con los brazos abiertos.

Pero su comunidad no descanso. Un ejemplo desagradable ocurrido con la Jevrá. Fue el día que murió mi suegro. A mi esposo le prohibían su derecho como primogénito de ponerle tierra a los ojos y en su tumba y hacerlo sentir mal humillándolo en público, cuando más estaba sufriendo, Siendo esto Lashón hará y pecado. No querían hacerle la keriá porque creían que no teníamos todo en regla. Afortunadamente la familia de mi esposo lo apoyó. Tuvimos que enseñarles la ketuvá ortodoxa; en ese momento no sabían qué hacer, llamaron a su rabino y el llamó en ese momento al Rabino de nuestra comunidad para constatar que todo era kosher y así mantener mi esposo su derecho que le querían quitar los miembros de la Jevrá. Después de saber que todo estaba 100% kosher y en regla pudo hacerlo como corresponde… pecado para ellos haberlo humillado en  ese momento siendo religiosos.

Mi conversión ha cumplido con todos los lineamientos ortodoxos. Tan es así que en la actualidad: mi esposo sigue subiendo al Séfer a diferentes lecturas que lo invitan. No sólo de la comunidad ortodoxa a la que pertenecemos sino de diferentes lugares de rezo, y ahora hasta en la que era su comunidad.

Mirando atrás veo lo difícil que ha sido, pero aún así lo repetiría de nuevo. Aún cuando el camino ha sido largo y terriblemente difícil. Sobretodo ha tenido enormes alegrías: mi familia: mi esposo y mis hijos, son lo mejor que me ha sucedido y mantendremos la tradición en nuestra familia.

Esto ha sido como dije una: decisión incondicional. Con todo y el desprecio de algunos – acompañado afortunadamente del apoyo de muchos- Pero sobretodo a lo largo del tiempo, he conocido, gente buena de todas las comunidades, personas llenas de humanidad: Esto ha sido invaluable. Muchos nos dicen: “nunca habíamos visto a nadie como Uds. Lo hicieron en serio”.

A la fecha, sigo participando en todo lo que puedo, haciendo trabajo comunitario. Todo esto ha sido un camino espiritual, con un ideal enorme.  Me siento favorecida de pertenecer a una tradición milenaria: establecida por Hashem.  Estoy feliz y orgullosa de ser judía por convicción.  Defiendo al judaísmo con pasión y entrega.

En varias ocasiones tuve que defender a mi familia de gente no judía ignorante que se refirió mal hacia los judíos. Lo volvería a hacer las veces que fueran necesarias.

Ahora estamos felices de ver como nuestro hijo se prepara para su Bart Mitzvá. Al otro para irse de Hajshará.

Me encanta ser parte de una comunidad ortodoxa preocupada porque su gente crezca, comunicativa, que nos recibe con cariño y se preocupa por nosotros.

Por eso me identifiqué con Ruth una mujer que decidió tomar una decisión de conversión que le cambiaría la vida:Porque Hashem sí lo permite y Él al final…dio la última palabra.

Shalom!

Fuente: Diariojudío.mx

 
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