Ruth, la moabita judía
Vicky Ludmer.

Es un hecho incontrastable que la tradición judía y la Halajá (Ley judía) establecen la matrilinealidad como condición sine qua non para el ser judío.

Sin embargo, cuando uno empieza a investigar resulta que esta máxima de “La Halajá dice” no parece ser tan lineal, clara y directa.

La norma bíblica a partir de la cual parecería basarse el Talmud, para explicar este concepto es  aquella escrita en Deuteronomio 7 (3:4) al decir que.”… No emparentarás con ellas No darás tu hija a su hijo, ni tomarás su hija para tu hijo.  Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirá a otros dioses,…”. Cabe aclarar que al referirse a “ELLAS” el texto alude a las tribus habitantes de la tierra de Canaán al momento de llegar el pueblo judío, tras la salida de Egipto.

Ahora si vamos un poco más atrás, a la fuente primera de la literatura rabínica, la Mishna, primer compilación de discusiones rabínicas entre el siglo I AC y el siglo II EC, resulta que la norma es la patrilinealidad como regla principal, y luego aparecen una serie de consideraciones en la descripción de uniones que parecieran aludir a diferentes categorías de personas, según su propio origen, para concluir que la criatura siga el origen de la madre.

Nada de esto debería ser llamativo, y sin embargo es fuente de conflicto eterno y permanente entre las distintas denominaciones del judaísmo, en algunos lugares del mundo más que en otros.

Siempre creí que una de las maravillas de nuestra tradición fue la capacidad adaptativa y pragmática de sus líderes en cada tiempo de conflicto de manera tal de encontrar la forma de explicar lo inexplicable y sin romper del todo con las normas, flexibilizarlas de forma tal que nos permitieran seguir existiendo. Según las enseñanzas de mi  Maestro, el Rab. Baruj Plavnick, nuestro judaísmo es un maravilloso entramado de contradicciones.

Cada una de estas normas tiene origen en un tiempo y un lugar determinados. Revisar el contexto histórico, sociológico, político y geográfico nos da un buen mapa de los motivos y razones por los que nuestros  sabios supieron flexibilizar, sin romper. Crear reglas y excepciones. Encontrar explicaciones, o no encontrarlas y seguir adelante.  Como dice Blu Greenberg, mujer pionera en el Feminismo Ortodoxo (si, Feminismo y Ortodoxo todo junto!!) “Si hay voluntad rabínica, hay un camino halájico”.

La defensa a ultranza de la matrilinealidad empieza y termina en el Talmud. Una de las explicaciones más pragmáticas sobre el tema tiene que ver, nuevamente,  con el contexto: Imperio Romano, época de la destrucción del Templo, claramente la habitualidad era la masacre de los hombres, o su toma como prisioneros, y la violación de las mujeres cautivas. Cómo no buscar la manera de garantizar la continuidad mediante un cambio tan drástico de patrilinealidad a matrilinealidad?? Hay otras explicaciones más filosóficas quizás, pero creo que esta tiene la contundencia suficiente para sostenerse por sí misma.

Nadie podría discutir el carácter patriarcal del texto bíblico, y sin embargo no he encontrado texto o discusión alguna en la cual se cuestione el carácter de Matriarcas de Sara, Rivka, Rajel y Lea, y el carácter de judíos de sus hijos. Todas ellas provenían de Harán, tierra Caldea. Tampoco a nadie se le ocurrió dudar de la judeidad de los hijos de Yosef  o de Moshe, aun cuando sus madres no eran judías. Que terrible que es sentir o pensar que si tuviéramos que enterrar  hoy a cualquiera de estos hijos su origen seria cuestionado a la luz de la Halajá en algunos cementerios judíos!!

Estamos próximos a Shavuot, tiempo de cosecha, hablemos entonces de Ruth, la moabita, protagonista de una de las historias más bellas de amor y fidelidad de nuestros textos. Amor y fidelidad a esa suegra-madre-amiga a quien eligió seguir sin dudarlo, aun sabiendo que sería probablemente rechazada en su tierra de origen por pertenecer a uno de los dos pueblos más prohibidos para el judaísmo de la época. Recordemos que ni los Amonitas ni los Moabitas podían ser jamás incorporados al Kahal Israel, a la comunidad de Israel .

Pero Ruth siguió su instinto, su corazón y su ética. Y termina siendo recompensada con el privilegio de ser la antecesora del Rey David. Incluso el lenguaje utilizado en el texto bíblico para exaltar y engrandecer su gesto de desapego al origen y recepción amorosa de la judeidad es casi idéntico al aplicado por D-s al ordenarle a Abraham que abandone su tierra y salga al vacio, a abrazar este judaísmo aun desconocido.

Pero Momento!! Si Ruth, la moabita, fue la bisabuela del Rey David, eso es tercera generación…. Otra vez no cumple con la Mishna, que ordena  verificar hacia atrás “cuatro madres, que son ocho” para acreditar la condición de judía de una mujer Cohanita, y una extra de una Levita o Israelita.

Vuelve aquí a aparecer la magia y la supervivencia de las fuentes y de los sabios, que mediante cuentos, mitos e historias nos regalaron conversiones (la de Ruth), conversaciones (la de Ruth y Naomi), admoniciones (las de Naomi para explicar a Ruth lo que implicaba ser judía), y finalmente la consagración de estas valerosas y maravillosas mujeres como justas y meritorias por derecho propio en un mundo casi absolutamente masculino.

En este afán a veces justificatorio, se ha incluso desdibujado el rol de madre de Ruth para entregárselo a Naomi ( “…a Naomi ha nacido un hijo.”) para así dar una explicación más aceptable a los hombres de las épocas (no se bien cual época, probablemente varias de ellas) y llevar la cadena de la ascendencia de David hasta Naomi, una mujer originalmente de la tribu de Iehuda. Es decir, Obed, el hijo se le atribuye a Naomi, y luego en el recuento de las generaciones del final del libro volvemos a la clásica y cotidiana cadena masculina que nos cuenta como se llega de Peretz, hijo de Iehuda y Tamar hasta el Rey David, pasando por Boaz, por supuesto... Todos contentos!!.

Nunca entendí porque les fue necesario también a los mismos sabios, matar a la supuesta primer esposa de Boaz y su descendencia e incluso matarlo a el mismo tras concebir a Obed para así convertir a Ruth en única esposa y madre de la cadena Davídica. Cual era la necesidad, cuando en aquella época estaba permitido que un hombre tuviera más de una mujer?? A pesar de ello algo no les pareció bien a nuestros sabios, y así dan origen a otra de las increíbles y edificantes contradicciones que dan forma y sustento a nuestra historia, tradición y subsistencia, cuando la realidad es demasiado cruda o inconveniente para ser tolerada.

La Ley como marco, como mapa es fundamental para una vida social y comunitaria. Pero como humana que es, sea en su creación o su interpretación, requiere también de límite. Y ese límite es la misericordia, la justicia, la ética y la moral.

D-s nos regalo la libertad, con ella la Ley que recibimos simbólicamente año a año en Shavuot, y con la Ley y aun antes de ella en el texto bíblico la responsabilidad de elegir entre lo que está bien y lo que no. Jueces y legisladores tienen la obligación y la responsabilidad de interpretar y aplicar la Ley, la Halajá cuidando de proteger los valores supremos de la ética judía.

Me pregunto porque, si nuestros antepasados bíblicos y talmúdicos tuvieron la grandeza de recibir, incluir, cobijar y aceptar como propios a los supuestos ajenos, y se encargaron de fijar y establecer las reglas para ello, no podemos nosotros hoy transitar los mismos, o parecidos pensamientos y sentimientos? Porque excluir y no cobijar a quienes eligen con inmenso y amoroso compromiso el judaísmo como forma de vida?? Porque negar parcialmente nuestra historia en lugar de interpretarla entender el  profundo mensaje de inclusión amorosa que nos fue legado?

Ser parte del pueblo judío es un privilegio y una responsabilidad, que surgen de la Ley Divina que nos fuera entregada en el desierto allá a lo lejos en el tiempo, y cada año nuevamente a cada uno de nosotros ("No sólo con vosotros hago yo este pacto y este compromiso solemne;  ciertamente es con el que está aquí con nosotros hoy, delante de “El Eterno” nuestro Dios, y también con aquel que no está aquí con nosotros hoy).

A modo de reafirmación los sabios de la primer época rabínica decretaron que “Sobre tres pilares se sostiene el mundo: sobre la Tora, sobre la plegaria, y sobre la generosidad” Generosidad es traducción de “gmilut jasadim”, aquellos actos de bondad amorosa y desinteresada, nacidos del Jesed (la bondad suprema) de cada uno de nosotros.

No es casual que en Shavuot se lea Meguilat Ruth, siendo este un relato atravesado por Jesed, por la misericordia y la entrega desinteresada. 

Honremos el privilegio y el regalo de ser  Am Israel mediante la aceptación y la inclusión de aquellos que quieren pertenecer e incorporarse, cumpliendo y respetando nuestra propia Ley.

Jag Shavuot Sameaj!!

 

Fuente: Infobae

 
 Comparta este articulo con sus contactos:
      
 
 
Ir a página principal