IDENTIFICADORES JUDÍOS Y LAS FRONTERAS PERMEABLES
DENTRO DEL JUDAISMO LATINOAMERICANO
(Articulo en tres partes)

Deby Roitman

Parte I                   Identificadores judíos y sus fronteras
Parte II                  Características de los identificadores judíos
Parte III                Identificadores dentro del Judaísmo Latinoamericano

Parte I: Identificadores judíos y sus fronteras

Es la identidad judía la que ha contribuido a la continuidad del Pueblo judío. Pero …¿Qué es
la identidad? La identidad es la capacidad de diferenciarse y ser distinguido frente a los otros. Es situada dentro de un marco conceptual del vínculo: la afinidad y afiliación que asocia a aquellos que se identifican, con base en la similaridad de sus integrantes. Es un lazo que une a los miembros del colectivo, la sensación de pertenencia frente a un grupo específico.

A nivel colectivo, las distinciones entre el “Ellos” y el “Nosotros” se manifiestan a través  de los principios de diferenciación y de aleación. La diferenciación se refiere a lo que me hace  diferente al Otro, es la afirmación de la diferencia con respecto a otros individuos y otros grupos. La aleación o la integración unitaria, significan la fusión y los lazos comunes con el Nosotros; son las características comunes que comparten los miembros del endogrupo. Por lo general resulta que los rasgos que marcan la diferencia con los “Otros” son los mismos que conforman y permiten la unión y aleación al “Nosotros”.

Recapitulemos. La identidad es facilitadora de pertenencia; se relaciona con el significado de singularizar, distinguirse como unidad en el tiempo y en el espacio y la identificación es aquella que contiene los actos y procesos que permiten la afiliación a un grupo constituido por las notas que lo singularizan frente a los otros y permanecen en él mientras sea el mismo objeto. Es la percepción del individuo de los atributos del grupo de referencia, su sentimiento frente al mismo y la extensión en que las normas de este son adoptadas por el mismo como fuente de referencia.

Entonces, sí la esencia de la identidad es su “distinguibilidad”, esta supone la presencia de elementos, marcas, características o rasgos distintivos que definan de algún modo la especificidad. Esto significa la percepción de una unidad que establece los límites del espacio identitario, lo que permite distinguirlos de los demás. Estos límites están marcados siempre por marcas o factores de naturaleza simbólica y/o cultural.

En este contexto, los elementos denominados identificadores son los actos o rasgos distintivos que permiten diferenciar y que tienen como función marcar fronteras, manteniendo a los integrantes del grupo dentro de ellas y a su vez relegando y/o excluyendo a quienes no forman parte de él.

Cabe cuestionarse ¿Cómo pueden ser manifestados los límites? De diversas maneras. Cuando un grupo étnico cierra sus puertas al mundo exterior y no permite la entrada de externos, logra el aislamiento de sus miembros de influencias exógenas y preserva su cultura única. Otra frontera paralela sería el aislamiento social, cuando un grupo habita un ambiente urbano de tipo plural mantiene fuera a una comunidad particular que está saturada con los artefactos de su cultura y religión. El lenguaje y los alimentos también son un tipo de frontera. Cuando los miembros del grupo hablan en público su lenguaje originario o se alimentan de una forma específica se mantiene la cohesión del grupo frente al otro, a lo externo. De este modo mantiene la viabilidad y distinción del grupo.

              La identidad colectiva es considerado como un fenómeno de carácter dinámico, flexible, relacional y procesal; las identidades emergen y varían con el tiempo, son negociables, se retraen, expanden o resurgen según las circunstancias.

                 La identidad judía como identidad colectiva no ha sido ajena a los cambios. Ha evolucionado y se ha transformado a lo largo de su interacción con factores de tipo social, político, económico y geográfico, entre otros. No obstante, siempre ha procurado mantener algunos rasgos esenciales dentro de sí misma. Hasta finales de la Edad Media y anterior a la Revolución Francesa, la religión era la marca dominante de la pertenencia colectiva y la identidad grupal. Con la irrupción de la Modernidad y la secularización así cómo la conformación de esferas sociales diferenciadas, la religión debió compartir con otros referentes y dimensiones su rol histórico. La entrada en la Modernidad significó, a grosso modo, la ampliación de las alternativas de cómo ser judío. Es la permanencia en el cambio: seguir siendo judío ante la apertura social, política, económica y cultural del mundo que los rodea, bajo nuevas y diversas modalidades.

                 Actualmente, los mapas de identidad judía están siendo re-trazados con el propósito de reflejar nuevas realidades de la religión, cultura, demografía y las definiciones de la diferencia en el ámbito judío. Estos planos reconocen la permeabilidad de las fronteras así como los límites que forman la base para la percepción identitaria que es al mismo tiempo fluida y cambiante. El judío decide de forma individual y voluntaria lo que significa pertenecer al judaísmo, con quién afiliarse y inclusive elegir cuáles son las obligaciones que esta pertenencia [le] implica.

                 Frente a los cambios históricos ¿cuáles son, en la actualidad, las variables reconocibles de la identidad judía? ¿Que identifica a un judío como tal? ¿Cuáles son los elementos que lo caracterizan?, y por ende ¿que lo representa como diferente?, es decir, ¿Cuáles son sus identificadores? A través de la literatura relacionada al tema de la identidad judía y sus procesos, aunado a la revisión de varios cuestionarios enfocados al ámbito de lo judío, resaltaron cinco identificadores judíos: religión, conciencia de pueblo, tradiciones, Shoa (Holocausto)  e Israel.  
                                     
              Así es como hoy por hoy el judaísmo se afirma como un conjunto interactivo de múltiples componentes - religión, historia, pueblo, tradición, moral, ética, hábitos, sentimientos, actitudes, normas y valores -, que se organizan de manera diferente y dispareja. Herman (1977), definió al judaísmo como una “conjunción de componentes religiosos (tradicionales) y nacionales (pueblo) inexplicablemente unidos y tejidos entre sí”, lo que arroja luz sobre un sustrato común así como sobre su diversidad interna.

*Deby Roitman
Estudió Sociología y Ciencias Políticas en la Universidad
Hebrea de Jerusalém. Obtuvo un Master en Psicología
Social, en la Universidad de Bar Ilan y su Doctorado en
Sociología por la Universidad Nacional Autónoma de
México. Su área de especialización es la identidad judía en
América Latina. Actualmente vive en Santiago de Chile.

Fuente: Majshavot, adaptada por la autora
 Comparta este articulo con sus contactos:
      
 
 
Ir a página principal