Identificadores judíos y las fronteras permeables dentro del Judaísmo latinoamericano (2ªParte)

Deby Roitman

Parte II: Características de los identificadores judíos

La identidad judía contiene a los identificadores, los cuales son los rasgos, características, sentimientos y conductas que forman parte del ser judío. Son cinco los identificadores que caracterizan al Pueblo Judío a lo largo de su historia. Estos son religión, conciencia de pueblo, tradiciones, Shoa e Israel. A continuación se exponen los identificadores, cada uno de forma general.

Religión: El judaísmo, como la primera religión monoteísta, basada en la creencia en un Dios omnisciente, omnipotente y providente y centrado en la Alianza o Pacto. Se manifiesta principalmente en un complejo de creencias, normas y valores particulares, aunado a la constante realización de prácticas tradicionales. Estos cumplimientos se basan en las enseñanzas contenidas en la Tora, el Pentateuco, compuesto por cinco libros. Consecuentemente, las normas derivadas de los textos judíos y de la tradición oral constituyen la guía de vida de los judíos, aunque la observancia de las mismas varía mucho de un grupo a otro. El judaísmo, a raíz de la secularización en la Edad Moderna, gradualmente generó en su interior denominaciones religiosas cuyas diversificaciones surgen a partir de la selección y la resignificación de la observancia de los preceptos y rituales judíos. Estos son básicamente el Movimiento Reformista, el Movimiento Conservador y el Movimiento Ortodoxo. A partir de esta nueva diferenciación aumenta la pluralidad y provoca una heterogeneidad de tipo religioso antes desconocida dentro del judaísmo.

Tradiciones: Una de las zonas de flexibilidad de mayor proporción que se presentó dentro del judaísmo es aquella que señala el cambio de preceptos (mitzvot) a tradiciones. A partir de la Modernidad en varios sectores del judaísmo se deja de fundamentar y justificar las prácticas en valores religiosos y se sustituyen con valores e interpretaciones seculares basadas en lo cultural y lo social. No solo cambió su percepción e interpretación sino también en las prácticas estos comandos se flexibilizaron para lograr ser más acordes a la vida moderna con el propósito de continuar siendo judíos sin por ello dejar de integrarse al mundo circundante: no en oposición sino en paralelo. Dentro del marco tradicionalista la vinculación grupal e individual con el judaísmo se articula en a través del sentido de etnicidad y comunidad, siempre con el patente propósito de la continuidad. En esta estructura, la religiosidad pierde la exclusividad y está más bien traslapada con lo cultural. Así, para quienes se consideran tradicionalistas, el judaísmo se aprecia como un recurso más bien de tipo cultural, en torno al cual desarrolla aspectos existenciales de su vida personal, familiar y social.

Conciencia de pueblo: El judaísmo, desde sus inicios, siempre ha estado acompañado del “vínculo étnico” que de forma significativa conjuga tanto a los ancestros como a las prácticas culturales y que ha sido factor y recurso que ha conservado la unidad del pueblo a lo largo de su dispersión. La nueva realidad social de la Modernidad presentó la total reformulación de la naturaleza y el alcance de la identidad judía, admitiendo nuevas definiciones de membresía dentro del colectivo. Todo esto fue y trajo como producto en ciertos ámbitos del judaísmo, la negación del liderazgo de la religión judía tradicional como aquella proveedora de los criterios legítimos de la identidad judía, y su reemplazo vino a ser el énfasis en la etnicidad judía - Jewish peoplehood. Los judíos se perciben a sí mismos como pertenecientes a un mismo pueblo, reconociendo una esencia común que los define de forma distintiva frente a la sociedad mayoritaria de la que son parte. Este sentimiento de unidad y unicidad grupal coexiste junto a un manifiesto pluralismo interno. La palabra clave sería la pertenencia: tener un vínculo con algo y/o formar parte integral del mismo.

Israel: Durante los siglos de exilio y diáspora, el lazo con la Tierra de Israel se mantuvo

presente en el sistema de valores del Pueblo Judío y en su autoconciencia de grupo. Si este lazo se hubiera roto, el judaísmo se hubiera convertido en una mera comunidad religiosa, perdiendo sus elementos étnicos y nacionales con el vínculo existente, siendo que el grupo judío era considerado una minoría exiliada. El movimiento sionismo iniciado en Europa a finales del siglo XIX, es un movimiento de carácter secular que buscó dar una respuesta acorde a los paradigmas conceptuales e ideológicos de la Modernidad que tiene sus raíces en el fracaso de la asimilación aunado a la decepción frente a la imposibilidad de una total emancipación en la Europa de occidente, así como la intensificación del antisemitismo y el apogeo del nacionalismo en Europa. Este movimiento tuvo varias ramificaciones e interpretaciones, cada una influida por las ideologías de mayor fuerza en esa época: sionismo político, religioso, socialista, autónomo y otros. El sionismo elevó el carácter nacional de la herencia judía, su conexión con la tierra de Israel y la necesidad judía de un hogar nacional donde el propósito no era únicamente la creación de un estado Judío sino la fundación de una nueva sociedad, basada en valores universales de libertad, democracia y justicia social.

A partir de su creación, el Estado de Israel ha sido fuente primordial de identidad, tanto para aquellos que lo habitan como para quienes viven en la diáspora.

Shoa -Holocausto-: La Shoá, término adoptado del hebreo para denominar el Holocausto que causó la muerte de seis millones de judíos en manos de los nazis durante la II Guerra Mundial, ha sido una de las grandes tragedias del siglo XX. Significó la aniquilación sistemática y masiva de millones de individuos; donde perecieron dos tercios de la población judía y junto con ella el judaísmo europeo y sus grandes comunidades fueron borradas de la faz de la tierra. En el mundo judío este acontecimiento se conmemora el 27 de Nissan (según el calendario hebreo), fecha que se inició el levantamiento del gueto de Varsovia.

Para poder comprender la complejidad de la memoria del Holocausto, se debe de entender el proceso de evocación de este mismo evento. En el periodo de posguerra, bajo el sistema de la Guerra Fría predominante en el mundo, se manifiesta la invisibilidad del Holocausto. En la década de los sesenta comienza un cambio en la conciencia pública sobre el genocidio judío: esta se singulariza. La memoria de la Shoa pasa de la esfera intra-comunitaria al ámbito de lo público. Son varios los acontecimientos que sustraen al Holocausto de su estado de marginación a una esfera central. Se publica el Diario de Ana Frank en 1952; la película se proyectó en 1959. Se lleva a cabo el juicio de Adolf Eichman, en Jerusalén, en el año 1961. Fue por primera vez en este evento donde los términos Holocausto, y su análogo en hebreo Shoá (denominación dada por el escritor Elie Wiesel), pasan a ser empleados como sinónimos del genocidio ocurrid al pueblo judío en el periodo nazi. La Shoá se convierte en memoria colectiva de todo un pueblo y no solo de sus supervivientes. Otros eventos a nivel público fueron la miniserie televisiva “Holocausto” en 1978 y, en otro nivel, la creación de una comisión gubernamental para la construcción de un museo memorial del Holocausto en Washington, ese mismo año. Años después, en 1994, la película La lista de Schindler, fungió como elemento educativo de alta relevancia en el mundo entero; al cual se le suma el proyecto de videograbación de testimonios Survivors of the Shoá Visual History Foundation, ambos empresas realizadas por el director de cine judío estadounidense Steven Spielberg. En parte debido a los eventos mencionados, la Shoa no solo dejó a marginación de lado, sino que pasó de ser un fenómeno particular del pueblo judío, a un evento de carácter universal; es la interpretación judía de validez y usos universales.

 

Para concluir, se debe de entender que los identificadores, no solo engloban toda una fuente de saber, conocimientos, prácticas y observancias milenarias sino que también se traslapan entre sí conformando un entretejido de elementos no siempre factibles ni fáciles de separar. Tanto en Israel como en cualquier comunidad de la diáspora, los judíos reconocen y concuerdan que son estos los rasgos que caracterizan a la identidad judía en su totalidad, independientemente de su grado de identificación frente a los mismos. Sin embargo, no todos los judíos se vinculan y relacionan con igual intensidad, peso y valor con cada uno de estos rasgos. Para cada judío el valor de estos es diverso, lo cual denota, una vez más, la multiplicidad interna del grupo en cuestión ya que cada individuo judío apoya y favorece más a uno o a otro de estos elementos.

Fuente: Majshavot 
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