Moisés y el monoteísmo, a propósito de Freud

Lic. Maximiliano Diel

“Con la creencia en un dios único nació casi inevitablemente la intolerancia religiosa, extraña a los tiempos anteriores y también a largas épocas ulteriores”,

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Obra compuesta de tres ensayos publicados entre el 34 y el 38 en la revista Imago, es elocuente que el título del primer borrador sea “El hombre Moisés, una novela histórica”, dándole al proyecto inicial de Freud el tono de una ficción histórica, y consagrando el ejercicio del “psicoanálisis aplicado”, lo que posteriormente será criticado sobre todo por la corriente francesa.

Cabe señalar la atmósfera fuertemente antisemita de la Vienna de los años 30, así como el temor por parte de Freud de ofender tanto al catolicismo austríaco como al nazismo. En la advertencia preliminar del año 38, previo al último ensayo y poco antes de exiliarse en Londres, escribe lo siguiente:

“Vivimos aquí en un país católico, bajo la protección de esa Iglesia, sin saber por cuánto tiempo ha de ampararnos. Pero, mientras perdure, es natural que vacilemos en emprender cosa alguna que provoque la hostilidad de la Iglesia. No es cobardía, sino precaución; el nuevo enemigo, bajo cuya servidumbre no queremos caer, es más peligroso que el antiguo, con el cual ya hemos aprendido a convivir.”

Freud, en esa advertencia, resume de un golpe lo que le llevó años desarrollar, y se vislumbra presión a la que se ha visto sometido por ello:

“Si nuestro trabajo nos lleva al resultado de que la religión se reduce a una neurosis de la humanidad, y su poder grandioso se esclarece lo mismo que la compulsión neurótica que hallamos en algunos de nuestros pacientes, estamos seguros de atraernos el más fuerte enojo de los poderes que entre nosotros imperan.”

Ciertamente, todo orden conservador, paternalista, portador de los “buenos valores” se ha escandalizado (hasta el día de hoy) frente a la ecuación religión = neurosis obsesiva.

Sin embargo, Freud toma sus recaudos, tanto en los distintos prólogos como en el primer párrafo del libro:

“Quitarle a un pueblo el hombre a quien honra como al más grande de sus hijos no es algo que se emprenda con gusto o a la ligera, y menos todavía si uno mismo pertenece a ese pueblo. Ningún escrúpulo, sin embargo, podrá inducirnos a eludir la verdad en favor de pretendidos intereses nacionales y, por otra parte, cabe esperar que el examen de los hechos desnudos de un problema redundará en beneficio de su resolución.”

Continuación lógica de las tesis desarrolladas en Tótem y tabú (1913), donde se sostiene que, el comienzo de la civilización, la instauración de la ley fundamental de la civilización –la prohibición del incesto- se dio a raíz de un crimen: un padre terrible y primordial, gozador de todas las hembras, sería asesinado por los hijos excomulgados de la tribu, quienes luego se lo comerían en un festín (totémico) y posteriormente experimentarían culpa, instalando entonces la prohibición de gozar de las mujeres del propio clan a fin de evitar que otro tome el lugar del padre despótico. 

A grandes rasgos, lo que sostiene en este libro es que Moisés no es originalmentehebreo, sino un alto funcionario egipcio que transmite al pueblo semita el monoteísmo del faraón Akenatón (S. XIV a.e.c.), logrando el Éxodo de manera pacífica debido a la anarquía imperante luego de la muerte del faraón. Luego los hebreos asesinarían a Moisés, abandonando la religión que éste les había transmitido, olvidando este hecho, colectivamente, al cabo de un tiempo. Cuando, posteriormente, este recuerdo reprimido sale a la superficie, se originan el pueblo judío y su monoteísmo.

Si algún lector está interesado en un resumen de algunos fundamentos que Freud expone, puede consultar (google mediante) el artículo “Moisés según Freud”, de su servidor. Por mi parte, estoy interesado en destacar las siguientes interrogantes, tanto más relevantes cuanto que son las últimas preguntas de un pensador que cambió la manera occidental del ver el mundo.

Si admitimos como válida la idea freudiana de que: “Con la creencia en un dios único nació casi inevitablemente la intolerancia religiosa, extraña a los tiempos anteriores y también a largas épocas ulteriores”, ¿podemos sostener que el antisemitismo en la antigüedad nace como el propio mensaje invertido del pueblo judío? ¿Acaso esto enfocaría con otra luz los resortes íntimos del fenómeno, en especial su tan discutido origen?

Finalmente, una pregunta recurrente, insidiosa, abordada por muchos de los grandes colosos del pensamiento: ¿cómo se conservó el pueblo judío a lo largo de las épocas? No es indiferente que las últimas líneas publicadas en vida de Freud planteen ese enigma irresuelto. No es indiferente que sea justamente, el de la persistencia del nombre judío.

“Nuestra investigación quizás haya arrojado alguna luz sobre el problema de cómo los judíos adquirieron las cualidades que los caracterizan. Mucho menos hemos logrado iluminar la cuestión de cómo pudieron conservar hasta la fecha su individualidad. No sería razonable, empero, exigir o esperar respuestas exhaustivas de tales enigmas.”

Fuente: Mensuarioidentidad
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