Tradición: ¿cambio o continuidad? Respuesta al judaísmo Ortodoxo (Segunda parte)

Diego Edelberg

 

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Mi argumento principal entonces es que lo constante en el judaísmo no es solo la continuidad sino también el cambio. El judaísmo ha sobrevivido en gran parte porque ha cambiado y los judíos Ortodoxos no practican exactamente el mismo judaísmo que practicaba Abraham. El judaísmo Ortodoxo -al igual que todos los demás judaísmos que conocemos en la actualidad-es una creación moderna en respuesta a los desafíos mismos de la modernidad. Simultáneamente el judaísmo Ortodoxo es una corriente moderna que también ha cambiado al judaísmo en la modernidad y al igual que las demás corrientes los cambios hechos por los Ortodoxos son beneficiosos en un aspecto y peligrosos en otros. (Para más información sobre esto ver mis publicaciones sobre El Judaísmo Ortodoxo y ¿Cuál es la diferencia entre Ortodoxo, Conservador, Reformista y Jabad Luvabitch?)

Judaísmo como el Reformista, el Ortodoxo, el Conservador, el Reconstruccionista, el jasidismo, los mitnagdim (también llamados los opositores del jasidismo), la Neo-Ortodoxia creada por el rabino Hirsch, el jasidismo lituano de Jabad Luvabitch, el movimiento mussar (es decir ético) del Rabino Salanter, el movimiento Aguddat Israel, el Sionismo Ortodoxo, el anti-sionismo Ortodoxo e incluso el movimiento Shas liderado por el Rabino Ovadiah Yosef entre tantos otros grupos judíos que existen en la actualidad, son todas creaciones o construcciones modernas. Todos estos nombres, designaciones, movimientos o corrientes no existían antes del 1500 (tan solo los últimos 500 años de la milenaria historia judía) y por lo tanto debemos dejar en claro que el judaísmo Ortodoxo como cualquier otro judaísmo que existe hoy es claramente una construcción moderna. Todo esto deja en claro que no existe ningún judaísmo en la actualidad que no haya tenido que responder a las influencias y desafíos de la modernidad.

En la modernidad muchas cosas cambiaron. Pero quiero que noten que las reacciones de los judíos frente a los eventos sucedidos en su milenaria historia nos demuestran una y otra vez que los judíos mismos modificaron la estructura orgánica del judaísmo en repetidas ocasiones incluso antes de la modernidad y el período medieval.

Veamos algunos ejemplos.

Todos sabemos que el judaísmo que Moisés practicaba no era exactamente el mismo que Rabbi Akiva practicaba luego de la destrucción del Gran Templo cuando los Cohanim se quedaron sin empleo (ya que vivían para el Templo y el mismo fue destruído) y la palabra “Rabino” ni siquiera existía en el vocabulario hebreo. Moisés jamás hubiese entendido si un hebreo le hubiera preguntado en medio del desierto “¿qué ponemos en la keara durante la noche del Seder?”. Por otro lado el judaísmo que practicaba Maimonides en el siglo XII en la España Medieval bajo dominación islámica no era exactamente el mismo que practicaba Rabbi Akiva quien jamás escucho hablar de una religión llamada Islam. Ni siquiera nosotros hoy en la modernidad practicamos el mismo judaísmo que Maimonides practicaba ya que el jamás se imaginó que surgiría un movimiento Ortodoxo, Reformista, Conservador, Jabad Luvabitch o incluso y aún más complejo de explicar, algo llamado “Sionismo”. Claramente lo que sucede en la historia mundial afecta la historia judía.

En el tiempo bíblico por ejemplo, la esclavitud era aceptada. En la época en que los Rabinos terminaban de escribir el Talmud la esclavitud era aceptada. Hasta el siglo XVIII entre muchos judíos formados y bien educados la esclavitud era algo aceptado. Hoy no existe ninguna corriente judía que defienda la esclavitud. Dejar de tener esclavos fue un proceso social que sucedió en la conciencia humana mundial y cambió la historia judía también.

Quitar los instrumentos musicales de los servicios religiosos judíos fue algo nuevo en la historia que sucedió después de la destrucción del Gran Templo ya que es bien sabido y aceptado por la mayoría de los judíos que los Salmos eran cantados y acompañados con instrumentos musicales dentro del Gran Templo en Shabbat y otras festividades. Si uno iba en Shabbat al Gran Templo en Jerusalem uno escuchaba instrumentos musicales. Pero debido a que los instrumentos traen alegría según los Rabinos (debo confesarles que hay ciertos obras orquestales y sinfónicas que me traen una tristeza infernal y me hacen emocionar hasta las lagrimas), los Rabinos mismos decidieron cambiar la tradición y dejar de usar instrumentos en Shabbat para recordar la amargura de haber perdido el Gran Templo. Más tarde esto derivó en las leyes con respecto a la reparación de instrumentos en Shabbat que claramente no se discutían cuando los instrumentos eran tocados en el Gran Templo en Jerusalem. Pero dejar de utilizar instrumentos musicales en Shabbat fue una decisión que cambió la forma en la cual tradicionalmente se practicaba el judaísmo anterior a la destrucción del Gran Templo.

Claramente estos ejemplos entre los miles que uno podría nombrar dejan en claro que lo que sucede en la historia mundial modifica la historia judía. Los judíos cambiaron y cambian su tradición para responder a las adversidades de la historia.

La historia afecta a la tradición. Siempre lo ha hecho y siempre lo hará.

 

 

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Pero es muy importante entender que para los judíos cuando algo cambia no significa que por eso no es verdad sino que en el judaísmo “la naturaleza de lo eterno y verdadero” contempla el cambio dentro de la tradición.

La Halajá representa el cerco que limita la subjetividad en la práctica judía y es el modo judío de vivir la vida. Este término es a menudo incorrectamente traducido como “ley” pero proviene de la raíz hebrea que significa “caminar”. El judaísmo es la manera en la que uno camina en el mundo. Y la naturaleza del “caminar” es claramente el “andar”. Algo que camina es algo que se esta moviendo y no está frenado ni congelado en el tiempo. Este el motivo por el cual nadie podría negar que la Halajá ha ido ajustándose a lo largo de la historia para hacer frente a los nuevos desafíos.

La sabiduría judía no es estática sino dinámica. El sabio en el judaísmo no es el que no se equivoca sino el que aprende cosas nuevas y cambia. Esto nos lo enseña nuestra propia tradición en Yom Kippur -el día del Perdón- donde reconocemos que Todos (absolutamente Todos) nos hemos equivocado de algún modo u otro y pedimos que se acepte nuestra posibilidad de cambiar para aprender cosas nuevas sobre nosotros mismos. En Yom Kippur pedimos disculpas por errores cometidos y luego permiso para cambiar y corregirlos.

Verdad y Fe para el judío son simples palabras que utilizamos para alivianar el temor de no poder aceptar que tradición no quiere decir “aquello que no cambia” sino “lo que cambia” dentro de la tradición.

La raíz del problema aquí es más simple de lo que parece. Muchas veces sentimos la necesidad de sostener Ideas Eternas y Verdades Absolutas que no puedan ser contradichas porque utilizamos una lógica binaria que nos obliga a pensar que si algo cambia entonces no es Verdad. Primero y principal “verdad” es tan solo una palabra más. Y como cualquier otra palabra también hace alusión a diferentes cosas de acuerdo a quien la está usando y qué entiende al usarla. Pero lo más importante es entender que la Verdad judía (al igual que su sabiduría) no es estática sino dinámica.  Este proceso de intentar preservar el carácter esencial del judaísmo mientras se trata de ajustarlo y acomodarlo a los desafíos que la historia nos ha presentado ha mantenido al judaísmo como algo vital, vibrante y dinámico en lugar de fijo, inerte y estático.

De todos modos el desafío se nos impone porque es más sencillo habitar lo certero que tener el coraje de sostener la duda.No es simple abrazar el cambio como parte integral de la tradición y la existencia. Algunas personas necesitan la idea de la Eternidad y la Perfección para alivianar el sufrimiento de lo efímero y lo volátil de la existencia humana. En efecto las religiones presuponen la idea de lo Perfecto y Eterno. Pero cuando uno reflexiona que las cosas cambian uno acepta que uno mismo esta cambiando constantemente y por eso uno no es ni Perfecto ni Eterno y un día cambiará hacia otro estado que llamamos “muerte”. Tomar conciencia de esto último hace que ese temor se vuelva tan insoportablemente doloroso acarreando tanta banalidad sobre el sentido de nuestra existencia que aliviarlo requiere no pensar en él todo el tiempo, negarlo o simplemente buscar una Idea o Verdad que no se vea afectada por este cambio que interviene en todo lo que experimentamos. Con esto no quiero sugerir que aquellas personas que creen en Dios y practican una religión lo hacen solamente porque tienen miedo a la muerte. Pero si creo que muchos (y me incluyo claramente en esta lista) hemos buscando por motivos difíciles de explicar, lo Perfecto y Verdadero usando una lógica binaria en que no existan las contradicciones y todo cierre y tenga “sentido”. Para algunos lo Perfecto y Eterno tiene un nombre: lo llaman Dios. En mi opinión, Perfección y Eternidad son atributos que los humanos hemos depositado en Dios porque nosotros en nuestra humildad y sinceridad sabemos que carecemos de ambos. ¿Podríamos decir que tal vez necesitamos creer en esto de lo Perfecto, Eterno y Verdadero que llamamos Dios como una manera de convencernos que tiene que haber “algo que no cambia” proporcionándonos sentido al significado de nuestra propia existencia ayudándonos a evitar pensar o sentir que nuestra vida es tan efímera y cambiante como el resto de la Creación? ¿Qué nos hace creer lo que creemos? Definitivamente necesitamos las historias, mitos, ideales y verdades eternas porque sin ellas la vida parecería carecer de sentido dejándonos solamente un enorme e infinito vacío. Nadie puede tolerar vivir sin historia.

Fuente: Judíosyjudaísmo
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