Marc Chagall y su mundo campesino y judío

 


El 28 de marzo de 1985 muere en el pueblo de Saint-Paul de Vence, cerca de Niza, uno de los más grandes artistas plásticos judíos del siglo XX, motivo por el cual revisamos su vida y obra en un apretado resumen que intenta presentar los momentos más significativos de su trayectoria.

El terruño y los primeros años

“Cada artista conserva, en el fondo de sí mismo, una fuente única que alimenta durante toda su vida lo que es él y lo que él dice”, dijo el Premio Nobel Albert Camus en uno de sus ensayos fundamentales. Y revisando toda la obra de Marc Chagall, es indudable que la “fuente única” que alimentó el trabajo de este enorme artista plástico fue el mundo campesino y judío en el que pasó su infancia en Vitebsk (Bielorrusia): las casas aldeanas, la ordeñadora, la pareja de labriegos, isbas, lámparas de petróleo, vacas, samovares, velas y violinistas, serán todos leit motiv de sus pinturas.

Nacido en 1887 con el nombre de Moishe Segal (en idish) o Movsha Jatskélevich Shagálov (en ruso) en el seno de una familia judía, poco antes de los 20 años abandona su natal Vitebsk para trasladarse a San Petersburgo, entonces capital del Imperio Ruso, donde estudió en la escuela de la Sociedad de Patrocinadores del Arte y se formó junto a Léon Bakst, el revolucionario pintor ruso, y el maestro Yehuda Pen, ambos judíos. Poco tiempo después, Chagall recibe una bolsa de estudios del mecenas Vinaver que le ofrece la posibilidad de viajar a París. Y es así como en el verano de 1910 se trasladó a la Ciudad Luz, donde quedó marcado por sus galerías y salones.

París a primera vista

Le impresiona todo: la luz, el color, el aire que respira, la libertad… Refiriéndose a la época parisina dirá: “Mis cuadros, en Rusia, no tenían luz. Todo allá era marrón, gris. Al llegar a Francia, me conmovieron los matices de los colores […] Solo cuando llegué a París fui capaz de expresar mi alegría”.

Se instala en un pequeño estudio de La Ruche y entabla amistad con lo más representativo de la bohemia: los poetas Blaise Cendrars y Guillaume Apollinaire, y los pintores Amedeo Modigliani y Robert Delaunay. Esos años en París coinciden con la ebullición de las vanguardias, y Chagall experimenta con técnicas y estilos nuevos: la aguada, el cubismo, el fauvismo.

Su asimilación de las dos vanguardias señeras, fauvismo y cubismo, es notoria en los cuadros que realizó en esos años: composiciones como El poeta (1911) y Homenaje a Apollinaire (1912) son plenamente cubistas, mientras que El padre (1911) sigue la corriente fauvista.

En los años siguientes expuso en el Salon d’Automne y en el Salon des Indépendants. A través de Apollinaire conoció al marchante berlinés Herwarth Walden, quien seleccionó tres obras de Chagall para el primer Herbstsalon de 1913 en Berlín, y en cuya galería, Der Sturm, presentó su primera exposición individual un año después. Desde Berlín regresa a Vitebsk, su ciudad natal, para casarse con su prometida, Bella Rosenfeld, a quien había conocido en 1909. Pero lo sorprendió la guerra.

El reencuentro con Rusia

Al comenzar la Primera Guerra Mundial, Chagall permaneció en su pueblo natal. En 1915 se casó con Bella y al año siguiente tuvieron una hija a la que llamaron Ida. Es esta la época pictórica en la que Bella y Chagall volarán por los tejados, sobre la ciudad, y harán de su amor uno de los motivos principales de su obra. De este período son cuadros como El cumpleaños (1915), El paseo (1917), o Sobre la ciudad (1914-18).

Chagall se volvería un participante activo en la Revolución Rusa de 1917, mientras ejerció durante dos años como director de la Escuela de Arte de Vitebsk. Debido a sus diferencias con Kazimir Malévich, también profesor de la escuela, tuvo que abandonar la academia y pasó a ser director del Teatro Judío Kamerny de Moscú, donde realizó un decorado escénico de siete metros de largo que, tras permanecer perdido durante más de 50 años, fue encontrado y restaurado en 1991 en los almacenes de la galería estatal Tretiakov. Muy a propósito anotó en su biografía: “Adoro el teatro y soy un pintor. Creo que los dos están hechos para ser un matrimonio con mucho amor”.

Poco después, con la muerte de Vladimir Lenin y el ascenso al poder de Iósif Stalin, las exigencias revolucionarias de vincular compromiso político y obra artística le llevarían a marchar a Berlín primero, y luego a Francia, donde se instaló en 1923.

De nuevo en París

A su regreso al país galo, Chagall es ya un pintor con reconocimiento público, lo que le permite publicar, en 1931, sus memorias Mi vida, escritas en idish y traducidas al francés por su esposa Bella. Allí anota: “Mi arte necesitaba a París como el árbol tiene necesidad de agua. No tenía otro motivo para abandonar mi patria, y creo que, en mis cuadros, siempre me mantuve fiel a ella”.

Esta época se caracteriza por un cambio en su forma de pintar, sus cuadros adquieren un tono más dramático. De este período es la Crucifixión blanca pintada en 1938, año de la tristemente célebre Noche de los Cristales Rotos. Esta pintura remite a los dolores sufridos por los judíos, y prefigura el horror que viviría el pueblo hebreo durante la Segunda Guerra Mundial. Son destacables en esta tela las numerosas referencias al Judaísmo; por ejemplo, el sudario de Cristo ha sido sustituido por untalit; a la derecha de la pintura hay una sinagoga en llamas; a la izquierda se entrevén persecuciones al pueblo judío.

Posteriormente, por pedido del marchante de arte Ambroise Vollard −el mismo que encargó la famosaSuite Vollard de Picasso−, ilustrará las Almas muertas de Gógol, las Fábulas de La Fontaine y la Biblia. Son años de numerosos viajes con disímiles destinos: Palestina, Inglaterra, Holanda, Italia, Polonia y España.

En la década de los treinta soplan vientos de conflicto que desembocan en la Segunda Guerra Mundial; con la ocupación alemana de París y la deportación de los judíos a los campos de exterminio nazis, Chagall marcha a Gordes, en el sur de Francia, donde vivirá tranquilamente con su esposa durante algunos años antes de su exilio a Estados Unidos.

América, un horizonte desconocido

En 1941, los Chagall se instalan en Nueva York, donde él sigue pintando y retorna al teatro con el diseño de los decorados y trajes del ballet Aleko. Los cuadros de esta etapa neoyorquina adoptan un nuevo talante: las crucifixiones y los incendios ganan protagonismo como reflejo de una época muy dura para su pueblo. La crucifixión amarilla (1943) es un cuadro representativo de esta época.

Y hay que destacar que, pese a su religión judía, Chagall no dudó en pintar crucifixiones y en aceptar encargos para iglesias católicas, templos protestantes, sinagogas o recintos como el gran vitral para la ONU en Nueva York.

En 1944 murió su esposa Bella, lo que significó un fuerte golpe para el artista, quien permaneció nueve meses sin pintar. A partir de entonces sus cuadros se convierten en lamentos, reflejos del momento por el que pasaba su vida, y muestra de ello es Autorretrato con reloj de pared (1946). Toda esta producción la recoge el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) en una exposición retrospectiva de su obra en 1946, que consolidó la reputación internacional de Marc Chagall.

La madurez, el regreso a Francia y el final

En agosto de 1948 Chagall regresa a París para hacer una exposición antológica de todo su trabajo, a la que le seguirán exhibiciones en Ámsterdam, Londres, Zúrich, Berna y Venecia. Por esos años, aparece en la vida del pintor Virginia Haggard, una joven inglesa de 30 años, con quien se casa en 1952. Al poco tiempo, Virginia se convierte en la madre de su hijo David.

En el transcurso de su larga trayectoria artística, Chagall trabajó también en el campo de la ilustración y experimentó con todo tipo de soportes como la cerámica, el relieve y los mosaicos. En los años 1960 y 1970 se involucró en grandes proyectos destinados a espacios públicos o edificios civiles y religiosos, dedicándose intensamente al diseño de vitrales, entre otros los de la catedrales de Reims en París y Metz en Basilea, y los de la sinagoga del Centro Médico Hadassa de Jerusalén. También elaboró un gran tapiz para la Knesset, el Parlamento israelí en Jerusalén.

Rodeado de cabras y vacas voladoras, de novios, violinistas, rabinos, cielos y tejados, Marc Chagall muere en 1985 a los 97 años, y reposa en el pueblo de Saint-Paul de Vence, cerca de Niza. Durante los últimos días de su vida, el artista nunca renunció a las fantasías pictóricas inspiradas en las costumbres de su infancia en Bielorrusia, y a las muchas referencias religiosas que reflejan su herencia judía. Volvió al terruño de donde salió.

Datos

Las principales obras de Chagall se encuentran en el Museo Metropolitano y en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. En París hay obras suyas en el museo Quai d’Orsay.

En 1959 decoró con doce vitrales la entrada principal del Hospital Hadassa en Jerusalén.

En 1964, por encargo de Charles de Gaulle, Chagall pintó el techo de la Ópera de París. En 1977 fue condecorado con la Legión de Honor de Francia.

Chagall pintó la bóveda principal del Metropolitan Opera House de Nueva York.

La editorial barcelonesa Acantilado editó en 2004 su libro de memorias Mi vida, publicado originalmente en París en 1931.

En 2012 se expusieron 169 obras de Chagall en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Fue la primera vez que se reunió una cantidad tan grande de sus pinturas para exhibirlas simultáneamente.

Fuente: CCIU 
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