Tradición: ¿cambio o continuidad? Respuesta al judaísmo Ortodoxo (Tercera parte)

Diego Edelberg


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Pero es muy importante entender que para los judíos cuando algo cambia no significa que por eso no es verdad sino que en el judaísmo “la naturaleza de lo eterno y verdadero” contempla el cambio dentro de la tradición.

La Halajá representa el cerco que limita la subjetividad en la práctica judía y es el modo judío de vivir la vida. Este término es a menudo incorrectamente traducido como “ley” pero proviene de la raíz hebrea que significa “caminar”. El judaísmo es la manera en la que uno camina en el mundo. Y la naturaleza del “caminar” es claramente el “andar”. Algo que camina es algo que se esta moviendo y no está frenado ni congelado en el tiempo. Este el motivo por el cual nadie podría negar que la Halajá ha ido ajustándose a lo largo de la historia para hacer frente a los nuevos desafíos.

La sabiduría judía no es estática sino dinámica. El sabio en el judaísmo no es el que no se equivoca sino el que aprende cosas nuevas y cambia. Esto nos lo enseña nuestra propia tradición en Yom Kippur -el día del Perdón- donde reconocemos que Todos (absolutamente Todos) nos hemos equivocado de algún modo u otro y pedimos que se acepte nuestra posibilidad de cambiar para aprender cosas nuevas sobre nosotros mismos. En Yom Kippur pedimos disculpas por errores cometidos y luego permiso para cambiar y corregirlos.

Verdad y Fe para el judío son simples palabras que utilizamos para alivianar el temor de no poder aceptar que tradición no quiere decir “aquello que no cambia” sino “lo que cambia” dentro de la tradición.

La raíz del problema aquí es más simple de lo que parece. Muchas veces sentimos la necesidad de sostener Ideas Eternas y Verdades Absolutas que no puedan ser contradichas porque utilizamos una lógica binaria que nos obliga a pensar que si algo cambia entonces no es Verdad. Primero y principal “verdad” es tan solo una palabra más. Y como cualquier otra palabra también hace alusión a diferentes cosas de acuerdo a quien la está usando y qué entiende al usarla. Pero lo más importante es entender que la Verdad judía (al igual que su sabiduría) no es estática sino dinámica.  Este proceso de intentar preservar el carácter esencial del judaísmo mientras se trata de ajustarlo y acomodarlo a los desafíos que la historia nos ha presentado ha mantenido al judaísmo como algo vital, vibrante y dinámico en lugar de fijo, inerte y estático.

De todos modos el desafío se nos impone porque es más sencillo habitar lo certero que tener el coraje de sostener la duda.No es simple abrazar el cambio como parte integral de la tradición y la existencia. Algunas personas necesitan la idea de la Eternidad y la Perfección para alivianar el sufrimiento de lo efímero y lo volátil de la existencia humana. En efecto las religiones presuponen la idea de lo Perfecto y Eterno. Pero cuando uno reflexiona que las cosas cambian uno acepta que uno mismo esta cambiando constantemente y por eso uno no es ni Perfecto ni Eterno y un día cambiará hacia otro estado que llamamos “muerte”. Tomar conciencia de esto último hace que ese temor se vuelva tan insoportablemente doloroso acarreando tanta banalidad sobre el sentido de nuestra existencia que aliviarlo requiere no pensar en él todo el tiempo, negarlo o simplemente buscar una Idea o Verdad que no se vea afectada por este cambio que interviene en todo lo que experimentamos. Con esto no quiero sugerir que aquellas personas que creen en Dios y practican una religión lo hacen solamente porque tienen miedo a la muerte. Pero si creo que muchos (y me incluyo claramente en esta lista) hemos buscando por motivos difíciles de explicar, lo Perfecto y Verdadero usando una lógica binaria en que no existan las contradicciones y todo cierre y tenga “sentido”. Para algunos lo Perfecto y Eterno tiene un nombre: lo llaman Dios. En mi opinión, Perfección y Eternidad son atributos que los humanos hemos depositado en Dios porque nosotros en nuestra humildad y sinceridad sabemos que carecemos de ambos. ¿Podríamos decir que tal vez necesitamos creer en esto de lo Perfecto, Eterno y Verdadero que llamamos Dios como una manera de convencernos que tiene que haber “algo que no cambia” proporcionándonos sentido al significado de nuestra propia existencia ayudándonos a evitar pensar o sentir que nuestra vida es tan efímera y cambiante como el resto de la Creación? ¿Qué nos hace creer lo que creemos? Definitivamente necesitamos las historias, mitos, ideales y verdades eternas porque sin ellas la vida parecería carecer de sentido dejándonos solamente un enorme e infinito vacío. Nadie puede tolerar vivir sin historia.

 

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La historia judía nos ha enseñado que cuanto más nos resistimos al cambio más lo sentimos. Los judíos hemos tenido la sabiduría de no resistir sino adaptarnos. Adaptarse no es algo malo sino que es aceptar la inevitable e incontrolable naturaleza del cambio que solo un obstinado se niega a ver como algo intrínseco de la vida y la Creación. De hecho nuestra propia vida muchas veces no es lo que soñamos, imaginamos, creemos o pensamos que nos merecemos o va a sucedernos. Nuestra propia vida es finalmente lo que vamos haciendo con aquello que nos va sucediendo y aconteciendo en la vida. Claramente nosotros nos vamos adaptando a cada segundo y sabemos perfectamente lo que es adaptarse a las condiciones que se nos presentan.

Definitivamente podemos ponernos no solo paredes sino montañas de protección frente a lo que consideramos “no-judío”, moderno, vulgar o peligroso para nuestra tradición y “verdad”. Así todo probablemente seremos salpicados y manchados de aquello mismo que estamos evitando ya que para evitarlo tenemos que saber qué es. En pocas palabras, no podemos evitar aquello que desconocemos. Pero podemos cometer el error de crear una nueva religión judía educando a las nuevas generaciones sólo en los textos escritos por judíos mientras que simultáneamente les decimos que no necesitan ir a una Universidad evitando así enseñarles quienes fueron Sócrates, Platón y Aristóteles (entre tantos otros grandes pensadores) privándolos de entender el pensamiento de Rabinos y pensadores judíos que se dedicaron a responder y conciliar las ideas no-judías como parte de su propia vida. Y aquí no hablo de Rabinos y pensadores oscuros o poco conocidos sino de judíos como Saadia Gaón, ibn Gabirol, Yehuda Halevi, ibn Daud, Bajia ibn Paquda, Maimonides, Gershonides, Hasdai Crescas, Abravanel y León Ebreo entre tantos otros. Ni que hablar de poder alguna vez entender a Spinoza -el último de los judíos medievales y el primero de los judíos modernos- quien definitivamente es la llave para entender la transición del mundo y pensamiento medieval judío al mundo moderno que hoy conocemos.

Resistirse al cambio no es lo que nos enseña el judaísmo. El Zohar (el compendio medieval más importante del misticismo judío) llama a sus enseñanzas-en un hermoso arameo- milin jadatin veatikin, literalmente palabras nuevo-antiguas. Lo antiguo y lo nuevo se fusionan en el judaísmo. El Estado Moderno de Israel es una continuidad de lo que siempre ha sido en el anhelo milenario del pueblo judío de retornar a la tierra prometida. Pero como volvimos a Israel en el siglo XX y no en la Edad Media, Israel es hoy el producto de algo completamente nuevo inspirado por un ideal completamente antiguo junto a la mezcla de judíos que regresaron de todas partes del mundo trayendo consigo milenios de interacción con otras culturas e idiomas. Israel en la modernidad es definitivamente una democracia y no una teocracia. Hay que adaptarse para abrazar esta idea.

 

 

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Tal vez deberíamos preguntarnos. ¿cómo fue que el judaísmo se transformó desde sus raíces bíblicas hasta el sistema altamente desarrollado que conocemos hoy en día? ¿Qué ha cambiado y qué se ha mantenido constante? Las respuestas a estas preguntas son relevantes para todas las religiones, así como para cualquier persona que quiera ampliar su comprensión de la historia antigua en un pasado que está inexorablemente vinculado con el presente.

Las raíces del judaísmo claramente se remontan a la Tora. Durante miles de años los judíos hemos recurrido y seguimos recurriendo a estas escrituras como fuente de nuestros orígenes y hemos localizado en estos textos los principios de nuestra fe. La Tora nos ofrece tristezas y la alegrías, sabiduría y sobre todo, una profunda creencia en lo que Dios espera de nosotros y nos ha prometido.

A pesar que los judíos de todas las generaciones hemos reconocido y apreciado la Tora como la fuente última de toda la existencia judía, mucho de lo que hoy es reconocido como judaísmo no aparece en la Tora y ni siquiera en todo el TaNaJ (es decir la Biblia Hebrea o lo que los cristianos llaman el “Antiguo Testamento”).

Por ejemplo, el TaNaJ nos habla entre tantos individuos de 2 personajes centrales: los Cohanim y los Reyes. Pero si le preguntamos a cualquiera hoy quién es la autoridad central en la comunidad judía seguramente la respuesta sea “El Rabino”. Curiosamente cuando uno lee todo el TaNaJ en ningún momento se menciona a los Rabinos ni a la figura rabínica. Por lo tanto uno podría preguntarse ¿de dónde surgen los Rabinos? ¿Cuándo surgen los Rabinos? ¿Por qué surgen? y  ¿para qué surgen?

Y la respuesta es que cuando el Templo es destruido en el año 586 aC y los judíos son expulsados de la tierra de Israel, ciertas funciones desaparecen: los Cohanim vivían para el Templo y cuando el mismo es destruido este grupo ya no tiene nada para hacer. Por otro lado esta claro que un Rey sin monarquía o tierra no tiene mucho sobre que reinar. En ese momento crítico de la historia un grupo de judíos a quienes llamamos “prushim” o “fariseos” y que posteriormente serán llamados Rabinos, fueron los responsables de la supervivencia del judaísmo hasta la actualidad reemplazando el poder central del linaje de la casta sacerdotal por la sabiduría del conocimiento de la Ley judía. En pocas palabras hicieron 2 cambios espectaculares que aseguraron la continuidad y supervivencia del judaísmo: (1) suplantaron el sistema de sacrificios animales por uno temporal de plegarias que se remite a dichos sacrificios y que desea volver a Israel y volver a sacrificar animales en el Templo y (2) reemplazaron la noción de liderazgo de la comunidad basado en un linaje correspondiente a una casta sacerdotal hereditaria por otro en el cual el conocimiento o la sabiduría lo hace a uno líder del grupo creando así el concepto de Rabino o Maestro. Cualquiera que alcance una sabiduría que otros rabinos consideran digna, esa persona es llamada también rabino de acuerdo a lo que juzgan otros colegas suyos.

Así vemos que los primeros Rabinos eran judíos innovadores. No eran rígidos en sus posturas y comprensiones del judaísmo sino radicales y revolucionarios que intentaban ajustar y reformular el judaísmo de tal modo que pudiera respirar un nuevo aire haciéndolo significativo para aquellos que padecían la destrucción y desintegración de su pueblo con el fin del sistema de sacrificios de animales en el Templo y los nuevos gobiernos que ya no eran la monarquía de Israel sino los persas, los griegos y posteriormente los romanos.

¿Creen ustedes que las emociones de los judíos y sus prácticas no cambiaron con estos eventos? ¿Creen ustedes que el judaísmo no sufrió ninguna modificación cuando el Templo fue destruido? Si fuéramos judíos viviendo antes de la destrucción del Templo, Pesaj para nosotros no sería una cena ordenada siguiendo la lectura de la Hagadá que todavía no había sido escrita. Ni siquiera comeríamos guefilte fish. Pesaj sería para nosotros ir al Templo y darle al Cohen un animal para que lo asesine en nuestro nombre.

El poder del judaísmo y el desafío para muchas personas es sin duda el hecho que la reinterpretación convive con la aceptación profunda de las instrucciones originales de Dios con respecto a la práctica de nuestra fe.

Pero si lo que llamábamos “tradición judía” cambió con la destrucción del Primer Templo, sin dudas con la destrucción del Segundo Templo el judaísmo sufrió una remodelación y redefinición total completamente diferente con respecto a lo que se había desarrollado durante siglos antes de estos eventos.
De hecho luego de la destrucción del Segundo Templo el judaísmo nunca más volvería a ser el mismo.

Pero lo que vino después no fue un final, sino un comienzo. Las Sinagogas reemplazaron al Templo. La tefilá o plegaria emergió como una alternativa temporal al sacrificio de animales. Y el judaísmo rabínico con el tiempo se convirtió en el modelo institucional dominante de nuestra fe.

Pero esta evolución de un judaísmo que se iba reformando sucedió en medio de una tensión constante creada por dos fuerzas que aún compiten en la actualidad: continuidad y cambio.

Fuente: Judíosyjudaísmo
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