Entrevista a Andrés Gomberoff:
Ciencia, Cotidianeidad y Berenjenas

Por Michelle Hafemann


Foto: UNAB

En el último piso de la sede de la Universidad Andrés Bello de calle Sazié, en el Barrio Universitario de Santiago, se encuentra la oficina de Andrés Gomberoff (45), Ph.D. en Física de la Universidad de Chile, profesor y director del Doctorado en Física en Alta Energía y Gravitación de la UNAB , investigador Fondecyt, columnista de Revista Qué Pasa y autor –hasta ahora- de dos libros: “Hay onda entre nosotros” (2012), y “Antimateria, magia y poesía” (2014).

Post Doctorado en el Centro de Estudios Científicos y Post Doctorado en la Universidad de Syracuse, EE.UU., Gomberoff se especializa en la física de agujeros negros y la cosmología. Nos cuenta durante la entrevista que trabaja actualmente en un tercer libro, que titulará “Física y berenjenas”, y al preguntarle el porqué  del título explica que se debe a que para él tanto la física como esta verdura tienen mala fala, y al final su “sabor” depende de la habilidad y talento de quién las presenta.

Primero quería preguntarte del libro que lanzaste a fines del año pasado, “Antimateria, magia y poesía”, que se compone de 23 historias sobre los científicos y la ciencia.

-Sí, es un libro de divulgación científica que está basado en las columnas que escribimos en Revista Qué Pasa en conjunto con José Edelstein, que es otro físico argentino que trabaja en la Universidad de Santiago de Compostela y que también es de ascendencia judía. Este es un libro que trata de mirar la ciencia desde la cotidianeidad, desde el fútbol, la música.

Tu anterior libro también estaba dedicado a la divulgación científica.

-“Hay onda entre nosotros” fue el primero y también estaba basado en las columnas de Qué Pasa, porque yo trabajo acá en la universidad y no tengo tiempo para escribir más, aunque por supuesto que para el libro editamos las columnas, expandimos las explicaciones, actualizamos algunas cosas, por ejemplo el Bosón de Higgs se descubrió después de la columna que habíamos escrito, y varias cosas así. El libro lo publicó la Universidad de Santiago de Compostela y eso lamentablemente ha hecho que casi no tengo distribución en Chile. Yo me traje unas cajas y los puse a la venta el día del lanzamiento, en la librería Qué Leo. Pero eso lo hice más bien para darlo a conocer, pero hasta no se ha acercado ninguna editorial.

¿Pero crees que esto es por el libro o porque las editoriales optan por otros títulos masivos? ¿O porque al público no le interesan mayormente los libros de ciencia?

-Guardando las proporciones, el último libro de Stephen Hawking,  “La historia del tiempo”, es un libro de divulgación que ha sido uno de los grandes best sellers de la historia. Yo creo que la gente está bastante más interesada en la ciencia de lo que se supone; a mi libro anterior le fue muy bien, estuvo en una editorial chiquitita y se acabó, y luego la editorial cerró, por lo tanto ahora sólo está disponible en Amazon en versión electrónica y ahora vamos a hacer una edición con más texto con la editorial Aguilar. Pero sí tiene público, porque además son libros que se pueden vender por mucho tiempo porque no pasan de moda.

Por otra parte, en los últimos años, los científicos se han transformado en unos íconos Pop, hay series de televisión sobre científicos, una de las películas nominadas al Oscar trataba sobre la vida de uno, en este caso de Stephen Hawking…

-Ciertamente. De hecho yo me sorprendí mucho cuando José Edelstein me contó que en la Universidad de Santiago de Compostela ha aumentado mucho la matrícula de los alumnos en la Licenciatura en Física, y bueno, durante el lanzamiento de nuestro libro conversamos que algo tenía que ver en esto “The Big Bang Theory”. Y este año que pasó fue impresionante, no sólo estuvo la película que mencionas sobre la vida amorosa de Stephen Hawking, sino que además está “Interestellar”, que es una película de ciencia ficción basada en ciencia, de Christopher Nolan, cuya idea original es de Kip Thorne, uno de los grandes científicos del área, el que inventó los agujeros de gusano, y que fue el creador de la película, creó el argumento y fue el asesor científico de la misma.

En ambos libros que has publicado, el tema de las aplicaciones cotidianas de la ciencia es central. ¿Por qué esta preocupación?

-Me gusta la divulgación científica porque siempre me gustó, como a todo el mundo le gusta contar lo que hizo, si va a un viaje quiere llegar a contarle a los amigos, yo creo que a los científicos nos pasa un poco eso, que la belleza que está escondida detrás de las teorías de la ciencia, de los lugares más recónditos del universo, de las escalas microscópicas, de las escalas macroscópicas, todo eso queremos contarlo, y a mí personalmente me gusta. Además hay ciertos “statements” que me gusta poner aquí, normalmente en los medios cuando hay secciones de ciencia –como en El Mercurio o La Tercera- siempre están asociadas a temas de tecnología, entonces yo lucho contra eso porque la ciencia y la tecnología no tienen ninguna relación en principio. La ciencia tienen relación con otras cosas , con la poesía por ejemplo, en el sentido de que hay una profunda estética y de que hay una cuestión emocional profunda que la gente no entiende o no conoce. Entonces esas son las cosas que a mí me gusta transmitir, más allá de cuál es la importancia del descubrimiento del LED para las pantallas del  teléfono, es entender cuál es la historia que hay detrás del desarrollo del LED y porque el tipo que lo hizo se ganó un Premio Nobel. Y también las competencia entre los distintos grupos de científicos y los momentos “Eureka”, en que alguien se da cuenta de una idea que nadie había pensado nunca. Entonces la ciencia también es una competencia de ser los primeros en llegar a territorios inexplorados, es una cuestión sensual, apasionada, lo contrario a un computador.

Pero te parece que la idea general del público que no es tan ilustrado es que la ciencia es compleja, porque entiendo que tú idea es también desmitificar algunos supuestos sobre la ciencia, como que es difícil, fome, etc.

-Lo primero que tengo que decir es que yo tampoco pretendo que a todo el mundo le guste la ciencia, porque hay otros a los que les gusta el deporte, la música, hay millones de cosas en la vida, como la poesía, etc., La gente tiene sus gustos. Pero sí creo que hay un público al que le gusta y tiene poca oferta para acceder de forma amateur a ella, como yo accedo a la música o a la poesía, sin ser poeta ni músico. Entonces sin ser científico yo creo que es un deber de los científicos, además porque somos financiados en nuestro trabajo, la mayor parte, por recursos públicos, contarle a la gente qué estamos haciendo, y no solamente estar vendiendo promesas que pueden ser fundadas o no de tecnologías futuras, de aplicaciones, sino que esta es una cuestión cultural también.

¿Pero y por qué hay que hacer esa distinción entre ciencia e informática? ¿No están relacionadas, finalmente?

-Bueno, obviamente están relacionadas, si tú quieres inventar nuevos productos todos los productos y que existen satisfacen las leyes de la naturaleza, en la medida que entiendes más la naturaleza puedes crear cosas distintas y mejores, entonces obviamente hay mucha ciencia y hay muchos científicos trabajando en cuestiones aplicadas, y no le quiero quitar la importancia a eso. Más bien mi anhelo ha sido transmitir la otra parte que está escondida, que es que aquí también hay una cuestión que está inspirada en la curiosidad humana, de un secreto que hay que descubrir. Y de todo eso se habla poco, porque es difícil ir donde un político o un empresario a que me financie un proyecto científico cuando yo le estoy hablando de poesía o de belleza, de curiosidad, es más fácil decirle que estamos buscando la cura para el cáncer. Pero bueno, hay demasiada gente hablando de la cura para el cáncer y hay muy poca gente hablando de la ciencia como una actividad empujada por la curiosidad humana.

Tú estudiaste en el Instituto Hebreo, ¿siempre tuviste una inclinación, un interés por la ciencia? ¿Desde entonces?

-Sí, siempre me gustó la ciencia, quizás por esta misma cosa de la curiosidad, yo siempre fui muy curioso. Todo niños se pregunta cuál si el universo es infinito, una pregunta tan fácil se ha demorado varios siglos en ser respondida y hasta hace poco teníamos una idea distinta a la que tenemos hoy día de cómo es el universo, y podemos empezar a preguntarnos porqué el cielo es oscuro de noche o azul de día, porqué la luna no se cae y las piedras sí. Esa curiosidad alimenta la ciencia.

Además el judaísmo es una religión que se plantea muchas preguntas, pero probablemente no todas se las responde con ciencia.

-Bueno, respecto del judaísmo no tendría mucho que decir, porque no soy practicante religioso, independiente de que yo me siento muy judío, pero es un judaísmo antropológico, me gusta sentirme parte de un pueblo, pero sentirme responsable de transmitir su cultura, pero soy un ateo fanático y no creo que la religión haya aportado en nada a la cuestión científica, salvo por una cosa quizás, que es este hecho tan maravilloso y tan judío de tener un respeto sacro por los libros, que viene de la Torá. Y eso debe tener alguna relación de por qué hay tanto judío en estas cosas.

Cuéntame del trabajo que estás haciendo en la UNAB.

-He hecho hartas cosas, estuve en la Universidad Católica y volví a la UNAB cuando me ofrecieron la Vicerrectoría de Investigación y Doctorado de la universidad, de la cual me hice cargo por cuatro años hasta hace seis meses atrás. Ahora soy docente e investigador, hago clases, y además estoy a cargo de un programa de doctorado que está recién partiendo, que es en Física en Alta Energía y Gravitación, que fue un programa que organizamos con el Centro de Estudios Científicos de Valdivia cuando yo trabajaba allá y ahora está en la UNAB.

¿Qué opinas de la idea de que en Chile no hay campo para los científicos, que no hay los suficientes recursos para la investigación ni plazas académicas para ocupar?

-Yo creo que la carrera científica es difícil en cualquier parte del mundo, o sea en Estados Unidos conseguir una buena plaza de investigación es difícil. Hay una distinción, sí, que en lugares del mundo desarrollado, pero particularmente en EE.UU., la mitad de los Doctores en Ciencia terminan trabajando en el mundo privado, son muy reconocidos y apreciados, lo que en Chile no ocurre, acá los científicos no trabajan en la academia o hacen trabajos que no tienen relación con su expertise. Yo creo que eso hace falta en Chile, que a los científicos se les de otras oportunidades, pero tampoco es una responsabilidad de Chile, es de los científicos, de una institucionalidad que tiene que madurar y de un empresariado, porque nosotros hacemos básicamente productos primarios para el desarrollo de tecnología, y para desarrollar tecnología de punta, tienes que tener ideas que no existen. Si quieres copiar, bueno, para eso no necesitas científicos.

Eso es lo que falta. Ahora, si quieres dedicarte a la investigación científica y eres bueno, en Chile hay lugares extraordinarios para hacerlo, de hecho somos unos de los países que en América Latina tenemos mejores resultados, tenemos grupos de excelencia en muchas partes de Chile, tenemos universidades de investigación muy buenas, entonces no, yo te diría que no es cierto.

¿Y qué pasa con el financiamiento de la actividad científica, se cuenta con los recursos suficientes?

-Depende de dónde lo mires. Chile invierte un porcentaje muy chico del PIB en ciencia, tecnología e investigación, de un 0,35% en cifras del 2014, mientras que en Brasil, por ejemplo, se invierte un 1%. Pero tampoco es cosa de llegar y poner más plata, porque no es así como se hacen las cosas. Una de las razones por las cuales Chile pone poca plata es porque la parte privada es muy chica, aporta poco, lo otro es que no tenemos una infraestructura tecnológica muy grande, por ejemplo en Argentina tienen generadores nucleares, otros tienes una industria armamentista que convoca a científicos. En Chile más que plata lo que falta es una institucionalidad que sea capaz de incentivar que estas brechas entre la ciencia, la industria, la política y la academia se acerquen.    

¿Estás en contacto con científicos en Israel?

-Bueno, la ciencia es internacional, yo desafortunadamente desde el viaje de estudios nunca más he ido a Israel, sí he conocido a muchos científicos israelíes en mi área, que hay muchos y grandes.

¿Y qué te pasa cuando lees las declaraciones de Stephen Hawking asumiendo una postura anti israelí tan tajante?

-Hay dos cosas, unas son opiniones políticas, que puede que me gusten o no, pero las tolero, y otra es antisemitismo, que no lo toleraría. Los científicos suelen ser personas mucho más cultas que eso, pero en el caso particular de Hawking me consta que no hubo declaración antisemita alguna, y me consta además que fue bastante sacado de contexto por medios que sí son antisemitas como el “El Ciudadano”. No, Stephen Hawking no es antisemita, te puedo dar miles de argumentos de que no es así, y te puedo decir que no apoya el boicot contra Israel. Ahora, efectivamente ni él ni yo estamos de acuerdo con toda la política israelí ni todas las decisiones que toma el gobierno de turno de Israel.

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