Disquisiciones sobre karl marx y los judios

Jorge Tachauer Sebök


Durante mucho tiempo habíamos tenido la idea que el antisemitismo es privilegio casi exclusivo de la derecha política y de sectores ultra clericales. Hoy nos duele, y bastante, la tendencia antisemita (no solo anti israelí) de la izquierda política. Pero no olvidemos que el partido nazi (Nacional Socialista) alemán, tenia algunos puntos netamente socialistas en su Programa de 25 puntos, del cual el N°25 era que “este programa no puede ser alterado”. El fascismo italiano y otros movimientos de esa tendencia en Europa tenían posiciones socialistoides en ciertos aspectos referentes al desarrollo social, sobre todo, de sus naciones. 

Es cierto que en la práctica, el nazismo alemán, el fascismo italiano, y todos sus imitadores dejaron sus respectivas actitudes socialistas para la galería, y se unieron a la gran empresa y a las plutocracias nacionales, favoreciéndolas al máximo.

Dicho esto como prólogo, analizaremos algunas posiciones de Karl Marx frente al judaísmo y al pueblo judío. No obstante señalaremos que los pocos grupos que actualmente siguen al ya caduco y reaccionario ideario marxista mantienen invariable su postura antisemita, a diferencia de otros grupos marxistas y socialistas menos dogmaticos o que se sienten más libres ahora que Moscú perdió parte de su dominio y que toman posiciones más objetivas sobre Israel.

Karl Marx no solamente nació judío; provenía de una familia rabínica. Su padre Heschel Marx se convirtió al cristianismo en 1816 para poder practicar su profesión de abogado en Prusia, posibilidad vedada para los judíos. Como numerosos conversos, en este caso apóstatas, Karl Marx sintió la necesidad de justificar la masiva conversión de su familia atacando a sus hermanos de sangre. Con él se repitió lo que sucedió con varias familias españolas en época de la Inquisición.

              En numerosas obras de Marx encontramos expresiones antisemitas: “Luchas de clases en Francia”, “El Dieciocho de Brumario” y, especialmente, en “Un mundo sin judíos”. También en numerosos artículos periodísticos dio rienda suelta al odio por su pasado.

He aquí algunos ejemplos:

“El Dinero es el celoso único Dios de Israel, aparte de él no puede haber otro. El Dinero degrada a todos los dioses de la humanidad y los convierte en artículos de consumo. El Dinero es el valor universal para todas las cosas. En consecuencia, le ha quitado a la naturaleza y al hombre su valor original. El Dinero es la esencia de la vida y del trabajo del hombre, que se han alienado de él: este monstruo extraño lo dirige (al judío) y él lo adora”.

“El Dios de los judíos se ha secularizado y es ahora un Dios mundano. La letra de cambio es el Dios real del judío. Su Dios es la ilusoria letra de cambio”.

“¿Cuál es el cimiento del judío en nuestro mundo? La necesidad práctica, la ventaja privada”.

“¿Cuál es el objeto de la adoración del judío en este mundo? La usura. ¿Cuál es su Dios mundano? El Dinero”.

“Muy bien entonces: la emancipación de la usura y del dinero, que es la emancipa-ción del judaísmo real y  práctico, constituirán la emancipación de nuestra época”.

Esto no escribió Hitler, ni Rosenberg, ni Arafat, ni la televisión oficial palestina. Lo había escrito Marx en el siglo XIX en su libro “Un mundo sin judíos”...(Traducido también como “La cuestión judía”).

Otras “joyitas”:

“Es la elusión de la ley lo que al judío religioso lo hace un judío religioso” (“Die Deutsche Ideologie”).

“Los judíos de Polonia son la mas desdorosa de las razas” (“Neue Rheinische Zeitung”, 29 de abril de 1849).

Al filósofo socialista y judío Ferdinand de Lassalle lo llamó “Judel Itzig-Judiacho negro” (“Der Judische Nigger”, 30 de julio de 1862).

“Ramsgate “[barrio de Londres con muchos judíos] “está lleno de judíos y de pulgas” (25 de agosto de 1879).

No obstante, una de sus hijas hizo bastante labor social entre grupos desposeídos de la ciudad, entre ellos los judíos pobres de Londres después que la familia se avecindó en esa ciudad en 1849.

Cuesta entenderlo, pero no es infrecuente que personas recién “convertidas” presenten un gran fanatismo en la práctica y en la propagación del nuevo ideario o de la religión recién adquirida.

Objetivamente, Marx fue un antisemita, y siguió la corriente existente en la época en los territorios alemanes. Siendo su madre nieta de un rabino holandés cuya línea rabínica había provisto a Trier (Tréveris, ciudad natal de Marx) de rabinos desde 1723, resulta, no obstante, francamente chocante, pero no raro. Algunos destacados políticos alemanes de la era de Bismarck y del káiser Guillermo II eran de familias de judíos convertidos al cristianismo, de preferencia luteranismo, para poder entrar a la sociedad alemana. Varios de ellos se volvieron reaccionarios y antisemitas; Karl Marx fue uno de los pocos que tomó la línea “izquierdista”.

Lo irónico es que:

1) El marxismo se volvió tan reaccionario y conservador como muchas filosofías de derecha; y

2) El racismo nazi los consideró a esos conversos y a sus descendientes, judíos para los efectos de la discriminación y eventual exterminio.

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