Entrevista a Darío Teitelbaum:

Desafíos de la Izquierda Judía

Por Michelle Hafemann


Foto: Gentileza Claudio Mandler, Centro Progresista Judío Meretz.

En su más reciente visita a Chile, a pocos días de la elección parlamentaria en Israel y la nominación de Benjamín Netanhayu –por cuarta vez- como encargado de formar gobierno, considerando el triunfo de Likud sobre las otras fuerzas políticas israelíes, nos encontramos con Darío Teitelbaum, Director de Hashomer Hatzair para América Latina y Presidente de la Unión Mundial de Meretz, muy cerca del ken del movimimiento juvenil sionista socialista y justo antes de su viaje a Argentina y Brasil, para continuar con su tour por el continente. Nos comenta que dos de los objetivos de su viaje son, por una parte, llevar adelante la campaña de Meretz hacia el Congreso Sionista Mundial, además de sostener reuniones continentales de Hashomer Hatzair para definir programas educativos. Dice que en Chile se siente como en casa, ya que fue Sheliaj de de este movimiento entre el 1986 y 1987. “Fueron años complicados, bueno, todos fueron complicados, pero esos en especial porque hubo un resurgimiento de la violencia política, el último estertor de la represión”, recuerda.

Y en Israel era el comienzo de la Primera Intifada.

-Exactamente, que para mí fue un cruce de línea respecto de los propios paradigmas de la sociedad israelí, de lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer, al responsabilidad nuestra por los derechos humanos, de todos los humanos. Y creo que la sociedad israelí cambió en ese punto. La ocupación se transformó en algo tangible en el día a día, en tanto que los 20 años anteriores había sido menos perceptible. Acá apareció de golpe y cortó nuestro contacto con la sociedad palestina. Hasta 1987 entraban diariamente 150 mil trabajadores palestinos, con los que en un 99% había una relación buenísima, ellos podían alimentar a sus familias, aunque es cierto que estaban en el último lugar de la casta económica israelí. De repente ese contacto se cortó.

Encima en los años que siguieron las relaciones entre la sociedad israelí y palestina se fueron distanciando hasta el punto en que ya casi no existen puentes entre ambas.

-Exacto. Hay organizaciones que se dedican a tratar de fomentar la comunicación entre ambas sociedades, pero no son fenómenos masivos. Antes de la Primera Intifada, para nosotros ir a Gaza era lo mismo que para una persona de Daliat El-Carmel o a Usafiya, se viajaba, se comía algo rico, se compraba alguna cosita. Lo mismo que ir a Belén o a Jerusalem Oriental. Había hasta transporte público. Porque las cosas nosotros siempre las planteamos desde el lugar ideológico, pero son más complejas que eso. Si estoy acostumbrado en mi vida diaria a ver y a tratar con un árabe que no necesariamente lo considero una amenaza, contrario a lo que plantea el Gobierno de Netanhayu y especialmente en lo que fueron sus últimas declaraciones.

Pero se excusó por el lenguaje que usó en su campaña y la retórica contra los árabes.

-Sí, yo me imagino también que los maridos que golpean a sus mujeres en algún momento también se disculpan. Así de duro. Creo que en ese sentido, Netanhayu hace pagar un precio alto a Israel y quiero decir incluso a la Israel metafísica, porque las declaraciones que hizo nos ponen  en otro lugar y yo digo, ¿valía la ganancia eleccionaria que eso le trajo? Evidentemente para él valía, pero agregó un espectro de expresiones que nos van a jugar en contra en los próximos años, porque –especialmente si se cumple el pronóstico- la próxima etapa va a ser presión internacional. Y sea una presión por nuevos programas de paz o por sanciones, y hasta boicot.

Además, se da por enterrado el proceso de paz, la opinión que se refleja en los medios de comunicación es que con este triunfo de Netanhayu, las posibilidades de avanzar en una solución al conflicto son nulas.

-Sí,  yo creo que si el mundo tuviera que manejarse y regirse desde las retóricas, no funcionaría, y más allá de las retóricas, si bien la negociación está cortada con los palestinos, el funcionamiento en la práctica no fue afectado por el corte de relaciones, especialmente en el capo de seguridad porque es un interés de Israel y no menos de los palestinos en la Cisjordania, porque no quieren un Hamás adentro.  Entonces, más allá de las retóricas, hay intereses y manejos de poder.

Es cierto que, de acuerdo a lo que conocemos del gobierno que se va a levantar ahora, va a haber una etapa de efervescencia, de altanería, de quiénes son Uds. para decirnos. Pero si la economía de Israel se ve afectada, “jaz ve jalila”, por Europa… Pero hoy día Estados Unidos declaró que no va a participar en el Comité de Derechos Humanos de la ONU donde se trate un tema israelí. Estas son cosas que para gente como yo, que vivo en el Sur de Israel, y como quien entiende que vive en un barrio complicado, entiendo que sin el paraguas americano, yo voy a tener como poblador –más allá de la ideología- consecuencias.

Va a tardar tiempo para que las heridas de esta campaña eleccionaria comiencen a curarse, pero yo creo que acá, más allá de las heridas, hay una fijación de conceptos que va a ser muy difícil de revertir y que coloca a Israel  en un lugar muy negativo incluso ante los ojos de sus propios ciudadanos, que es lo más importante. Y eso mismo ante los ojos de la comunidad judía, o sea, comunidades que piden en todos los lugares la existencia de leyes antidiscriminatorias y de repente escuchan del Primer Ministro de Israel expresiones discriminatorias y se pregunta a dónde los lleva esto. No sólo que no los apoya, sino que les juega en contra.

A algo de una semana de las elecciones en Israel, ¿qué reflexión han hecho en Meretz respecto de los resultados?

-Primero que nada, como nosotros sabemos, la política israelí es una política de bloques y no solamente de partidos, y si bien hay un crecimiento paulatino de la derecha, como bloque, no estamos ante cambios de paradigmas, porque esta oposición va a ser entera de izquierda y árabe, con todas las gamas que hay dentro de la población árabe, desde el comunista al islamista. Entonces ya sabemos cómo va a ser la configuración. Meretz perdió un escaño, pero si lo vemos desde el punto optimista, hubo momentos en que pensamos que siquiera íbamos a pasar el umbral mínimo de votaciones, que es del 3.25% de votos efectivos. Ahora, sin ninguna duda hay una voluntad en la izquierda israelí que no creo que incluya a Majaní Tzioní, de hacer un análisis profundo con un Mea Culpa y yo creo que la primera que dio un paso fue la misma Zehava Galón, que ante la opción de que una joven parlamentaria como Tamy Sandberg quedara fuera del parlamento, anunció que se iría de la Knesset y se quedaría como jefa de partido. Tenemos también que desarrollar la capacidad de conectarnos con aquellos que son azotados constantemente por la derecha, pero a la hora de las urnas, van y votan por la derecha. Tenemos que desarrollar un perfil más combativo dentro de la sociedad israelí, porque no existe la palabra perfecta, como decía Silvio Rodríguez, respecto del conflicto. Y cómo relacionar los resultados del conflicto hasta con si tienes un lápiz en la casa o no, o cuál es la perspectiva económica de tu familia a largo plazo.

El pueblo, evidentemente, no hay que cambiarlo y no lo vamos a cambiar. Y la responsabilidad nuestra es tomar el desafío. Yo escuché, lamentablemente, los dos primeros tres días después de la elección, una profunda desazón hasta la impotencia por el resultado. Y yo creo que una izquierda responsable, y lamentablemente vemos muchas izquierdas irresponsables, no se puede dar el lujo de doblegarse ante el desafío.

¿Cómo han interpretado en Meretz el triunfo que tuvo la lista árabe? ¿Creen que esto significará una mayor representatividad o seguirá estando el foco de los parlamentarios árabes en el mundo árabe fuera de Israel más que en los problemas domésticos de sus votantes?

-Primero que nada creo que hay una demanda de la población árabe de ocuparse más de los temas sociales, civiles, del día a día. Pero sus liderazgos son antagónicos, pero la bandera principal que tienen es la bandera nacional. Creo que también van a haber interacciones dentro de la misma lista, porque de qué manera se van a conjugar las preocupaciones de una persona que viene del Partido Comunista, sea judío o no, con las aspiraciones de una persona que viene de la división Norte del Movimiento Islámico. O cómo puede convivir una excelente parlamentaria que viene de Jadash con un compañero de su propia lista que tiene dos mujeres. Hay profundas contradicciones y éstas van a causar que más allá de ser un partido común, tengan también alianzas fuera de lo parlamentario y su primer aliado es Meretz, a pesar de la cachetada que le dieron al no firmar el acuerdo de remanentes. Pero nos sorprendió.

Ahora creo que toda persona política no puede hacer el análisis sin preguntarse “OK, ¿qué hago estos cuatro años?”. Porque si pudiéramos hacer pausa y despertar en cuatro años, estaría todo resuelto. Pero no, en los próximos cuatro años tenemos, primero, como desafío la desigualdad creciente en Israel, la falta de perspectiva que vive la sociedad joven –tanto la blanca como la menos blanca, ni hablar de los árabes- para formar una familia y para poder comprar una casa, y los desafíos que tiene un Medio Oriente que todavía no se estabiliza. Además, de eso, una mayor legitimización del Estado de Israel.    

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