Discurso de Emma Finkelstein, Presidenta de B'nai B'rith,
en Seder de Pesaj Interconfesional

 



En mi calidad de presidenta de Bnai Brith deseo darles la más cordial bienvenida y agradecer vuestra presencia en esta noche tan especial, en que nos reunimos personas de las más diversas actividades y creencias en torno a una mesa común, para compartir uno de los ritos más antiguos de la humanidad: el Seder de Pesaj.

Pesaj marca el nacimiento de la nación judía retornando del primer éxodo a  la tierra prometida hace más de tres mil trescientos años y lo conmemoramos   a pocos dias de celebrar los 67 años del renacimiento del moderno Israel en un ejemplo milagroso   de supervivencia, paciencia y fe.

Pesaj es la fiesta que simboliza el fin de la esclavitud, que en nuestros tiempos implica romper con los prejuicios y la ignorancia.  Es la fiesta de la gratitud, que hace,  como lo cantaremos en un momento más, que esta noche sea diferente a las demás noches. Como si cada uno de nostros estuviera saliendo de Egipto.

El papa francisco reflejaba esto en una carta dirigida al Rabino de Roma, Ricardo di Segni, en ella le expresaba que, cito, “la memoria de la liberación de la opresión por medio del brazo poderoso del señor inspire pensamientos de misericordia, de reconciliación y de fraterna cercanía a todos aquellos que sufren por el peso de nuevas esclavitudes”.

Queridos amigos,  en momentos en que vivimos como humanidad un mundo convulsionado, donde se plantea una lucha tremenda entre la cultura de la vida y la cultura de la muerte, donde unos enseñamos en diversas formas, en
distintos lenguajes pero en un espíritu común a  respetar la vida sobre cualquier otra cosa, otros, una peligrosa minoría,  enseñan a matar, y matan en nombre de dios para obtener la recompensa celestial  correspondiente.

 En dos días más  el mundo judío conmemorará Yom Hashoá, el día del holocausto.  A pesar de las pruebas físicas, documentación histórica y el relato de víctimas y asesinos hay gobiernos, políticos y pseudo intelectuales  que niegan, banalizan o relativizan este hecho incomparable en la historia de la humanidad.

Yo los invito, católicos, evangélicos, protestantes, musulmanes y judíos, a todos los hombres de buena voluntad  a trabajar en lo que nos une.

 En desterrar el odio y la intolerancia, en el respeto de las diferencias.

En nuestro propio país en las redes sociales abundan las páginas de odio y antisemitismo, muchas veces  con una nueva cara: la demonización del estado de Israel.

Hace pocos meses atrás los judíos chilenos por primera vez tuvimos temor. El odio que sentimos y vivimos nos recordó los albores de un pasado funesto para nuestros padres y abuelos, muchos pensaron que nuestro país, donde hemos nacido y  construimos familias podía dejar de ser el asilo prometido contra la opresión.

En el día de hoy los cristianos del medio oriente  son las nuevas víctimas mortales de la intolerancia y del odio. El único lugar del medio oriente donde un cristiano puede profesar su fe en paz es en Israel.

Los que amparan, apoyan y financian a todos estos grupos que siembran el terror son los mismos que llevan años construyendo centrales nucleares para fines que todos podemos deducir. Hoy las principales potencias mundiales con un candor que califico de ciego e irresponsable están llegando a un acuerdo que les permitirá no detenerse en su afan nuclear sino tomar un respiro en las sanciones económicas a cambio de una promesa, que tiene mil maneras de romperse, de detenerse en sus afanes destructivos.

Por ello quiero citar el esperanzador mensaje del rabino Abraham Skorka:

Es el momento de tener el coraje de desarrollar un diálogo religioso que sepa aunar los corazones de tal modo que cada uno reconozca en el otro a su hermano. Es el tiempo de concretar la propuesta de Dios a Caín: de superar el instinto destructivo con nuestras fuerzas espirituales y afectivas. Es el tiempo de unirse para comenzar a materializar la visión de Isaías y miqueas: trocar las espadas en hojas de arado y las lanzas en hoces.

O de seguir viviendo en una humanidad en la que el odio divide a los hombres y la pulsión de la  muerte sigue siendo incentivada conformando un realidad sin sentido cierto.

Precisamente en estos momentos, vuestra presencia en esta fiesta de amor y el respeto a la vida es una bella oración por la cordura y  la fraternidad, de los cuales tan necesitado esta nuestro planeta.

 Una vez más muchas gracias por vuestra participación.

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