Entrevista a Ada Yonath:

"El Nobel es más una responsabilidad que un logro"

Por Michelle Hafemann



El domingo 19 de abril, un particular público esperaba a la Premio Nobel de Química 2009, la cristalógrafa israelí Ada Yonath, para escuchar de su trabajo pionero sobre la estructura de los ribosomas y el modo de acción de los antibióticos. Se trataba de un grupo de unos 20 niños en edad escolar, muchos de ellos participantes de los talleres que se dictan en el centro “Engineering for Kids”, en Av. Las Condes 12. 751, local 15.

Yonath arribó al lugar cerca de las 18 hrs. y fue recibida con respeto y entusiasmo por los niños, quienes se mantuvieron atentos a la explicación que la Directora del Centro de Estructura Biomolecular del Instituto Weizmann les dio sobre sus avances en el estudio del ADN y específicamente los descubrimientos que la llevaron a obtener el máximo reconocimiento de la Real Academia de las Ciencias de Suecia.

Esta es la segunda vez que viene a Chile; según lo que la misma Yonath nos explica, la primera fue en 1978. En esta ocasión, la científica fue invitada como la principal expositora para el Festival Puerto de Ideas, realizado Antofagasta.

En los breves tres días que estuvo en Chile, participó en el evento cultural, se entrevistó con medios y asistió al encuentro con los niños de “Engineering for Kids”. “Este tipo de actividades, con estudiantes, con escolares, en colegios, son muy importantes para mí”, señala, “mi intención es mejorar la imagen de la ciencia, de manera de entusiasmarlos para estudien más ciencia, para interactúen más con ella”. Dice que después del Nobel no cambió nada en su trabajo científico ni en su vida personal, pero que sin embargo, esta oportunidad de acercar la ciencia a los más jóvenes “es uno de los cambios importantes que se han producido y me gustan mucho”.

¿Habitualmente hace visitas a colegios en Israel?

-Sí. Regularmente soy invitada a colegios, a conversar con los niños, a ciudades de la periferia o menos desarrolladas, a comunidades de minorías, como árabes, cristianos, carcasianos, drusos. No importa de dónde son, yo voy a hablarles de los ribosomas.

Uno de los orgullos de Israel es la cantidad de Premios Nobel que han recibido sus científicos y políticos (10 en total). ¿Cómo se siente ser parte de ellos? ¿Y además la única mujer?

-Muy bien (se ríe). En el Medio Oriente no hay muchas mujeres dedicadas a la ciencia. Sin embargo no le veo algo especial a ser una científica mujer, mi contribución es desde la ciencia, no desde el género. Y me han preguntado si ha sido más difícil ser científico como mujer que como hombre, y no lo sé, porque nunca he sido hombre como para comparar. Lo que sí creo que me hizo especial fue la curiosidad, el buscar desafíos, la pasión, el amor por la ciencia así como el amor por la familia. Y razón por la que hay pocas mujeres en la ciencia y pocas en el Nobel, es porque la sociedad no las incentiva a ser científicas. Es cierto que es lindo ser la única mujer entre los Nobel de Israel, pero eso también acarrea ciertas responsabilidades. Es muy demandante, sobre todo porque las otras cuatro mujeres que han obtenido el premio antes que yo, están todas muertas, por lo que soy la única que puede asistir a las conferencias (bromea). El Nobel es más una responsabilidad que un logro.

En todas las charlas que doy siempre digo que es posible ser científica, esposa y madre, y que soy la única en el área, entonces que se sumen.

¿Cómo fue su experiencia en el Festival Puerto de Ideas de Antofagasta?

-Muy agradable, fueron muy entusiastas. Me gustó.

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