"Los rollos nos obligan a repensar los orígenes del cristianismo"

 


Adolfo Roitman, es director del Santuario del Libro de Jerusalén y conservador jefe de los Manuscritos del Mar Muerto custodiados en el mismo,

Este experto es el máximo responsable de los manuscritos bíblicos más antiguos del mundo depositados en el centro que dirige, documentos hallados entre los años 1946 y 1956 en once cuevas situadas en la zona arqueológica de Qumrán, en el desierto de Judea.

“En números redondos son cerca de mil manuscritos, de los cuales algunos están en mal estado de conservación. El más extenso que tenemos, el Rollo del Templo, tiene más de ocho metros. Y, a veces, de toda una obra original nos queda un pequeño fragmento”, aseguró.

Tras el hallazgo fortuito en una cueva de los primeros recipientes con manuscritos en su interior por parte de un pastor beduino que intentaba localizar a un cabra extraviada, en el año 1946, todo él área de Qumrán fue recorrida por arqueólogos que localizaron otras diez cuevas más con documentos, al parecer depositados por los esenios, un grupo disidente judío que huía de los romanos.

“La zona del Mar Muerto es la más investigada de todo Israel, precisamente por la esperanza de encontrar nuevos rollos, pero desde 1956 no se han hallado manuscritos en la cuenca norte del Mar Muerto, a pesar de todas las búsquedas que se han realizado, pero no significa que no existan”.

Una de las “joyas” descubiertas en el Mar Muerto fue un rollo de cobre, el resto eran de pieles y papiro. “La mayoría de los manuscritos están escritos en cuero y un veinte por ciento en papiro, pero hay uno escrito en plancha de cobre. Fue hallado en la cueva tres, en dos fragmentos que forman parte de un mismo documento. Este manuscrito, cuyo original está depositado en el Museo de Amán en Jordania, está escrito en hebreo tardío de fines del siglo I de nuestra era. Habla de sesenta y cuatro sitios en donde hay tesoros fantásticos de oro y plata escondidos, junto a otros libros (…)”.

Este descubrimiento generó mucha expectación. “En los años 60 hubo una expedición que trató de ubicar esos lugares, pero no los encontraron. Eso no significa que no hayan existido, o que no hayan llegado al lugar correcto, porque se habla de lugares y utiliza cierta terminología con nombres que pudieron haber sido conocidos en la antigüedad, pero no son los modernos, entonces no sabemos a qué lugares se refieren. Puede que tuvieran que ver con los tesoros del templo de Jerusalén, que despertaron interés incluso en la época antigua”.

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El contenido de los Manuscritos del Mar Muerto, conocidos también como Rollos de Qumrán, sobre todo en el aspecto teológico, arrojó nueva luz sobre el judaísmo antiguo y los textos bíblicos. “Los enigmas son de diverso calibre, desde cómo llegaron a las cuevas hasta qué nos permiten conocer sobre el judaísmo antiguo. Y en esto tienen que ver sus creencias, sus prácticas, sus liturgias. Los rollos, realmente, nos permiten entender un universo social, religioso y mental muy complejo. Mucho más de lo que nosotros creíamos conocer antes de su descubrimiento y, en ese sentido, los rollos representan un verdadero desafío intelectual (…)”.

Esta peculiar “biblioteca” de textos bíblicos, uno de los hallazgos arqueológicos y teológicos más importantes del siglo XX, también facilita otros datos interesantes. “Las reglas es uno de los géneros literarios que se halló en Qumrán, pero también tenemos materiales de astronomía, calendarios, material mágico, legal, litúrgicos, escatológicos, parabíblicos… Tenemos una variada selección que en muchos casos nos era desconocida antes del descubrimiento de los rollos”.

En este sentido, el doctor Roitman aclaró que “nos obliga a repensar el judaísmo antiguo y, obviamente, los primeros cristianos también eran judíos. Juan Bautista y Jesús, que eran cristianos, no sabían que eran también judíos. En ese sentido, los rollos nos obligan a repensar los orígenes del cristianismo en un contexto judío de la Palestina del siglo I de nuestra era”.

Santuario del Libro

El Santuario del Libro de Jerusalén, diseñado por el arquitecto Frederick John Kiesler, atesora ocho de los manuscritos más extensos de los Rollos del Mar Muerto. Otra gran parte los tiene la Autoridad Arqueológica de Israel. El resto, muchos de ellos fueron troceados para su venta, están diseminados en colecciones de Jordania, París, Oslo y California.

Adolfo Roitman comentó que este año se cumple el 50 aniversario del Santuario del Libro, motivo por el que van a exhibir la biblia más pequeña del mundo, la nano-Biblia de Jerusalén, un desarrollo tecnológico israelí, entre otras piezas de interés arqueológico. “No es un chip electrónico, pero toda la Biblia hebrea, un millón doscientas mil palabras, están grabadas en un tamaño que no llega a la cabeza de un alfiler”.

 Fuente: El día.Es 
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