Marina Abramovic seduce a los argentinos con su viaje interior

 


Olvidarse del reloj, del teléfono y de las obligaciones y dejarse guiar en un viaje interior, sin noción del tiempo, es la propuesta de la artista serbia Marina Abramovic, que ha seducido a cientos de argentinos en la I Bienal de Performance de Buenos Aires.

Vestida con un amplio mono negro, con el pelo recogido en una larga trenza y con el rostro sereno, la artista actúa como "facilitadora" para guiar al público a través de los pasos básicos del "método Abramovic" con el propósito de lograr que se concentren en su propio cuerpo y se olviden de todo lo demás.

Abramovic, (Belgrado, 1946) estrella de la Bienal y una de las artistas vivas más importantes del mundo, ha conquistado a los argentinos en su primera visita al país: las 500 entradas para su primera conferencia, el lunes, se agotaron en solo cuatro minutos.

Hoy, cientos de personas aguardaron durante horas en una larga fila en la calle para participar en el primero de los dos "talleres" del método "Abramovic" que dirige en el Centro de Arte Experimental de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).

En menos de una hora, la nave de 800 metros en la que se desarrolla el taller se puebla de público, hasta trescientas personas con cascos antiruido dispuestas a viajar con Abramovic y con los 48 jóvenes "facilitadores", todos vestidos de negro, que la acompañan en esta clase.

El público, en absoluto silencio, se convierte en parte de la "performance", muchos deambulan lentamente, otros descansan en los 40 catres colocados en la sala, algunos permanecen en pie, quietos y con los ojos cerrados, o se concentran frente a una pared con cartulinas de colores, rojo, amarillo y azul.

Decenas más, sentados junto a dos largas mesas, se aplican en contar y colocar puñados de lentejas y arroz.

El objetivo: lo que Abramovic denomina "cleaning the house" (limpiar la casa) y sentir el propio cuerpo.

"Se trata de bloquear los sonidos cotidianos renunciar al tumulto de la vida diaria y entregarse a la experiencia, dejar de lado muchas cosas y entrar en contacto contigo mismo en tu momento presente", explica a Efe la directora del Centro, Andrea Giunta, que ha "viajado" también de la mano de Abramovic.

"Es una experiencia muy placentera. Son ejercicios que apuntan a facilitar el reconocimiento del interior. Mirar papeles de colores, te sumerge en un campo de colores, contar arroz y lentejas te abstrae de lo que te rodea, estás concentrado", continúa.

"La verdad, es una experiencia muy profunda, una experiencia diferente, inolvidable", asegura la joven Lía Sol tras participar en el taller.

"Es una experiencia como única muy intensa, mucha energía se siente y demasiado silencio. Es muy bueno, como que te reencuentras con vos mismo. Hay que vivirlo", apunta Emanuel Florance, otro "performer" accidental.

Una propuesta que se adelanta ya en la presentación del taller de Abramovic en la página oficial de la Bienal: "Los participantes podrán quedarse en el espacio ofrecido durante el tiempo que deseen, para estar consigo mismos y experimentar la calma y la sensación poco frecuente de sentirse libres de responsabilidades".

Lejos quedan las presentaciones en las que "la abuela del arte de la performance", como ella misma se define, ponía a prueba su cuerpo hasta el extremo, como ocurrió en el MOMA de Nueva York, cuando estuvo más de 700 horas sentada en una silla -ocho horas diarias durante tres meses-, o cuando se hizo cortes en los dedos de una mano en una de sus actuaciones.

"Atravesar la experiencia de la performance tiene un increíble poder de transformación", explicó la artista en su primera conferencia en Buenos Aires.

Un ejercicio que parece fácil pero que, en realidad, puede llegar a costar mucho al público si no está mentalizado para esta transformación. Hoy, solo en una hora, tres de los participantes en su taller se desmayaron y tuvieron que recibir atención médica.

Como la propia Abramovic recomienda, para evitar sorpresas y disfrutar de este viaje, es mejor ir preparado porque "la mente es mucho más aterradora que el cuerpo".

Fuente: Eldiario.es
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