70 años de un documental sobre los nazis
Censurado por el gobierno inglés

Traducción Alicia Benmergui


"En la primavera de 1945", comenta el narrador, “los aliados avanzaban hacia el corazón de Alemania en medio del bucólico paisaje de la campiña alemana hasta llegar a Bergen Belsen. Se veían huertos limpios y ordenados, prósperas granjas alineadas al borde del camino, los soldados británicos no podían dejar de admirar el lugar y sus habitantes. Al menos, hasta que empezaron a sentir el olor..."

Así comienza una película británica sobre el Holocausto que fue abandonada e ignorada durante 70 años, ya que fue considerada políticamente como muy incómoda.  En el campo de concentración de Bergen Belsen el olor venía desde los muertos, de sus cuerpos quemados o en descomposición; o de los prisioneros desnutridos, a menudo plagados de enfermedades.  Mientras las tropas aliadas liberaron esos campos a través de lo que había sido la Europa ocupada por los alemanes, el Ministerio Británico de Información le encargó a Sidney Bernstein (quien más tarde fundó la Granada Televisión) hacer un documental que proporcionaría evidencia incontrovertible de los crímenes de los nazis

Bernstein reunió a un equipo notable, incluido el futuro ministro de Trabajo Richard Crossman, quien escribió el guion de la película, y Alfred Hitchcock, que voló desde Hollywood para asesorar a Bernstein en la estructura del film. Ellos se pusieron a trabajar en un documental titulado los Las cosas que se hicieron en los Campos de Concentración Alemanes. Mientras trabajaban, seguían llegando rollos de película, enviados por los combatientes británicos, estadounidenses y soviéticos y por camarógrafos de los noticiarios británicos de once campos, incluyendo Auschwitz, Buchenwald, Dachau y Bergen Belsen.  Además de los muertos, las imágenes mostraron el hambre de los sobrevivientes y restos humanos en hornos.

En un momento de la película, desde el campo de concentración de Majdanek, vemos enormes bolsas que contienen cabello humano. Luego de los asesinatos, habían sido cuidadosamente ordenados y pesados. "Nada era desperdiciado", dice el narrador. "Incluso les extrajeron los dientes de la boca" La película de Bernstein luego muestra un gran montón de anteojos. "Si un hombre de cada diez usaba anteojos – nos preguntamos - “¿cuantos hombres estaban representados en ese montón.?”

Ahora, 70 años después, el director y antropólogo André Singer ha hecho un documental llamado Caerá la Noche, contando la extraordinaria historia de la filmación de los campos y el destino que tuvo el proyecto de Bernstein.

Singer localizó y entrevistó a los sobrevivientes que aparecieron en el documental original. Entre ellos estaba Anita Lasker Walfich que ahora tiene 89 años. Ella contaba, "Fue un momento increíble. De repente, se oye decir en inglés. 'Usted debe mantener la calma. No deje el campo. La ayuda está en camino. O algo parecido ".

Lasker-Wallfisch y su hermana  Renate, habían sido llevadas desde Auschwitz cuando los nazis estaban retirándose desde el año anterior ante el avance del Ejército Rojo. En Auschwitz, Lasker-Wallfisch habían sido miembros de la orquesta del campo tocando el cello como esclavas, todos los días iban a trabajar y a la noche las traían de vuelta. Ella también tocaba en conciertos para las SS.

"Es difícil de describir" contaba Lasker "Te pasas años preparándote para morir y de pronto todavía estás aquí. Tenía 19 años. Cada soldado británico parecía un Dios para nosotros. Luego Anita continuó con su vida y tocó con la Orquesta de Cámara Inglesa y se hizo famosa como violoncelista solista. Las hermanas eran excepcionales. "Algunos de los que fueron liberados permanecieron en esos campos durante cinco años después de la liberación. A menudo no tenían otro lugar para ir. Ciertamente no a los Estados Unidos o a Gran Bretaña donde no los querían.".

Singer también entrevista a otro  ilustre sobreviviente del Holocausto, un croata llamado Branko Lustig. Era un niño en Belsen, estaba tan enfermo en el momento de la liberación que cuando escuchó un ruido extraño, pensó que había llegado al cielo un coro de trompetas de los ángeles. En realidad, eran las gaitas tocadas por la banda de los soldados escoceses.

Muchos años después, Steven Spielberg eligió a Lustig, por entonces un cineasta, como productor de La lista de Schindler. Lustig tiene una teoría sobre por qué las autoridades británicas suprimieron la película de Bernstein. "En ese momento, los británicos tenían suficientes problemas con los Judios. "Con eso, sin duda, lo que quiere decir es que Gran Bretaña estaba tratando de sofocar la agitación provocada por los sionistas tratando de crear un Estado Judío, una Patria Judía en el Mandato Británico de Palestina. La perturbación aumentaría al ver la magnitud del sufrimiento judío mostrado en el documental.

Singer dice que ha tenido críticas por haber incluido la teoría de Lustig. "La película fue cuestionada por considerarse que no estába muy bien documentada", dice. "Pero Branko bien puede tener razón en un punto." Singer señala que en 1945, el Secretario de Relaciones Exteriores del gobierno laborista  Ernest Bevin, era un antisionista y totalmente opuesto a la creación de un Estado judío. Pero concede que no hay pruebas contundentes. (nosotros, los editores de Milim consideramos que hay muchas pruebas de que Bevin no solo era antisionista, tambiéra antisemita.). La única documentación que puede considerarse como evidencia, es un memo del Foreing Office, diciendo que una proyección privada mostró tales atrocidades que no sería una buena idea mostrar este film.

Singer sostiene que parte de la motivación de ese memo, es que en ese momento de la historia los británicos ya no eran aliados de la Unión Soviética, a la que además temían por su creciente poder. ¿Pero fueron realistas tales reparos de mostrar la película en la Alemania de posguerra porque hubiera generado problemas para los británicos? Esto sucedería por que enojaría a los alemanes y favorecería como publicidad a la Unión Soviética en los comienzos de la Guerra Fría? No importa. La película, que algunos han llamado una obra maestra olvidada del documentalismo británico, fue dejado de lado durante 70 años. Bernstein murió en 1993 y, según Singer, uno de sus remordimientos fue no haber terminado su documental del Holocausto.

La grabación de su película quedó sin terminar, sin embargo, fue clave como testimonio para el enjuiciamiento de los comandantes de los campos en los tribunales de Nuremberg y Lüneburg en 1945. La evidencia aportada por Anita Lasker–Wallfisch en Lüneburg contra, entre otros, el comandante de Bergen Belsen, Josef Kramer, conocido como “la Bestia de Belsen” fue determinante. Lo que ella contó en la película contradijo la defensa de los acusados. "Kramer había dicho que no tenía comida para alimentar a sus prisioneros y que era por esa razón qué estaban en tal estado. El documental destruyó eso", dice Singer. Kramer y otros oficiales de Bergen fueron colgados ese año.

La película de Bernstein nunca tuvo la oportunidad de ser reverenciada como lo fueron los posteriores documentales del Holocausto, incluyendo Shoah de Lanzmann, Noche y Niebla de Resnais  y 'La pena y la piedad de Ophüls. Como explica Singer, una versión incompleta se presentó en el festival de cine de Berlín en 1984 y en la cadena PBS en los EE.UU. en 1985 bajo el título Memoria de los Campos. Sólo recientemente, un equipo del Museo Imperial de Guerra completó y digitalizó la imagen.

En el hueco dejado en 1945 por la supresión de la película de Bernstein se hizo otro documental, realizado por el gran director de Hollywood y exiliado judío austríaco Billy Wilder. Pero los Molinos de la Muerte era una pieza panfletaria de propaganda, dispuesta a acusar a los alemanes, mientras que Bernstein y Crossman habían intentado hacer con su película una advertencia a toda la humanidad. " La de Bernstein fue una obra de arte en comparación," dice Singer, "debido principalmente a la escritura poética de Crossman."

Ciertamente, el público alemán no disfrutó de los Molinos de la Muerte. Wilder recuerda que cuando comenzó la proyección en Würzburg, había 500 personas en la sala pero a la salida solo quedaban 75. Es discutible si esto hubiera pasado con la película sobre los Campos de Concentración. De todos modos, no era fácil para los alemanes presenciar la proyección, sobre todo cuando el guión de Crossman acusaba a los que vivían cerca del campo de concentración de Dachau, pero simularon ignorar la barbarie que tuvo lugar allí: "Los alemanes sabían lo que pasaba en Dachau, pero no les importaba."

El guion de Crossman termina con estas palabras: “A menos que el mundo aprenda las lecciones que esta película enseña, la noche volverá a caer. Pero gracias a Dios los que lo vivimos aprendimos. Singer no cree que esto  haya sido así. “Ojalá hubiera podido demostrarse que tenían razón, pero desde 1945 ha habido tal número de genocidios que no parece que hayan servido de mucho las lecciones del pasado".  También cree que debería verse la documental aunque sea  tan profundamente perturbadora y tenga imágenes horribles. " Nací el 4 de mayo de 1945, así que soy de una generación que sabía de estas cosas, pero tengo hijos de edad adulta que saben muy poco. Tenemos estas imágenes para la nueva generación".


 

Fuente: Rivista Anachic/MilimDigital
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