Tzedaká con inteligencia

Fuente: Basado en hechos verídicos transmitidos y enseñados por Maestros Jasídicos. Adaptación y Redacción J. M. Jalusi


El corazón judío muestra cualidades meritorias, picardías, virtudes y flaquezas. El amor de un iehudí por otro es la conexión primordial con la esencia de Di-s.

  Hace doscientos años de la aldea de Sheps emanaba espiritualidad. Sheps estaba colmada de sinceros jasidim, algunos sabios, otros simples, pero todos virtuosos y merecedores de ser visitados por rebeim. De entre todos ellos sobresalía Reb Zalmen Shepser o como otros lo llamaban Reb Zalmele, a quien su rebe, Rab Bunem, amaba considerablemente.

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Reb Zalmen vivía completamente desligado de la materialidad de este mundo, toda su vida se relacionaba con la Torá y el servicio a Di-s. Pese a ser muy pobre y de acuerdo a su costumbre, Reb Zalmen siempre servía a Di-s con gran alegría, era feliz y no aceptaba ayuda para su sustento de ninguna persona, trabajando contento y con el fruto de su esfuerzo y la bendición de Di-s. Todos los intentos de parientes y jasidim para ayudar a Reb Zalmen no obtenían ningún resultado, él no quería aceptar caridad alguna.

  Reb Zalmen Shepser recibió tzedaká sólo una vez, no pudo eludirlo, el dador era más grande y más inteligente que él, era su propio rebe. A decir verdad, al rebe tampoco le fue tan fácil y lo consiguió haciendo uso de su astucia y autoridad.

Sucedió que Rab Bunem estando de viaje pasó por Sheps. Las personalidades de la aldea lo recibieron y no se separaron de él. Cada uno quería tener el mérito de hospedarlo en su casa. Rab Bunem dejó bien en claro que no se quedaría en casa de nadie, sino en la casa de Reb Zalmele.

Reb Zalmen se quedó atónito. El sabía que Rab Bunem no estaba bromeando, pero... ¿dónde recibirlo? ¿dónde hacerlo dormir si no tiene cama ni almohadas donde apoyar la cabeza y mantas con que taparse?
Al ver cómo el rebe ordenó que lo condujeran hacia su casa, Reb Zalmen exclamó:

“Oi vei!!!...” Y dijo: “Rebe, sin duda es un gran honor tenerlo de visita en mi casa, yo no soy merecedor de tanto, pero ¿dónde va a dormir? ¡No hay ropa de cama!”

Rab Bunem sonrió y contestó:  “No tiene importancia, ya tendré donde dormir, no te preocupes.”

Antes de que Reb Zalmele se diese cuenta, los jasidim consiguieron ropa de cama y la llevaron a la pequeña y humilde casa.

Mientras tanto Rab Bunem conversaba tranquilamente con Zalmen y éste se olvidó de todo.

De pronto Rab Bunem cortó la conversación diciendo: “¡Hoy es Rosh Jodesh, servirás una buena comida en honor a eso!”

Reb Zalmele se avergonzó un poco... “Oi vei!!!...” y tartamudeó: “...Rebe...”

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Sin dejarlo terminar, Rab Bunem dijo: “¡Y una comida con carne y pescado como corresponde en honor aRosh Jodesh!”

Mientras tanto los jasidim juntaban mesas, bancos y vajilla, cocinaban buenos alimentos y en casa de Reb Zalmele se trabajaba como para un casamiento. La casa quedó irreconocible, toda la pobreza fue arrojada de allí...

Rab Bunem no dejó que Reb Zalmen se separara de él durante todo el tiempo.

La comida fue una fiesta, hubo sonrisas y alegría, no faltó el lejáim y hablaron de Torá. Rab Bunem, en su interior, recibió grandes satisfacciones.

Antes de irse, dijo: “Zalmen, tuve en tu casa una hermosa estadía, cuando tenga que estar en Sheps nuevamente quiero volver a parar en ella, por eso dejo todo esto acá, úsalo con salud.”

  En el momento de su partida había una gran helada. Rab Bunem no quería que Reb Zalmen lo acompañe a menos que estuviera abrigado y le ofreció su piel... ¿cómo iba a dejar que corriese el riesgo de enfermarse?

El rebe llevaba otra piel y pretendía que Zalmele se pusiera “mientras tanto” la que le ofreció. Reb Zalmele no pudo negarse y tuvo que ponerse contra su voluntad el abrigo del rebe, entonces Rab Bunem ya no se la dejó sacar... y le dijo: “¡Que quede acá, otra vez puedo olvidarme de traerla, mientras tanto úsala, una piel no se puede dejar colgada, sus pelos pueden quebrarse y desprenderse! ¡Y también quiero tener aquí, en tu casa, ropa para Shabes, pero tienes que prometerme que vas a usarla cada sábado, así se ventilará, no quiero que se arruine!”

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Al despedirse, Rab Bunem le puso en la mano 100 rublos. Reb Zalmen no quiso aceptarlos de ninguna manera y cuando el rebe insistió le respondió: “¡Rebe, ya me dio bastante!”

“¿A ti te di? ¡Lindo cuento! Si mi corazón no soportaba ver en la casa de un iehudí tanta pobreza y me dolía entrar en ella ¿eso es dar tzedaká? Lástima no es tzedaká, y a la mitzvá de tzedaká yo también estoy obligado. Y ahora ya lo puedo hacer, Reb Zalmen, toma y acepta los 100 rublos,  entrégaselos a tu esposa, seguramente hará con ellos algo que les producirá un gran beneficio.”

Fuente: Revista-Keter 
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