Nano Stern tocará en Movistar Arena ‎y alista nuevo disco con invitados

Claudio Vergara ‎


Cuando en la madrugada del sábado 28 de febrero Nano Stern se bajó del escenario de la Quinta Vergara, luego de presentarse en la jornada de cierre del último Festival de Viña, el mundo ya no era el mismo. Su música por primera vez había disfrutado de una vitrina masiva, sus consignas de apoyo al pueblo nortino de Caimanes se habían alzado en el mismo escenario donde Romeo Santos había instalado una cama y su figura era comentario de gente que apenas sabía de su existencia. 

“Pero en el mismo momento en que me bajé de ahí dije: ‘ya, está huevá ya fue. Chao’ ”, rememora ante una suerte de nueva vida que inauguró por esos días: muchos de sus cercanos le sugirieron que debía aprovechar el momento, que había llegado el minuto de transformarse en un hit radial, de ahora sí conquistar a las masas.

“No era una tentación mía, pero sí habían muchas voces que me sugerían de modo más o menos elegante que este podía ser un álbum más comercial, con un sonido más pop. Pero yo nunca me lo planteé y cada vez que me lo decían, yo respondía: ‘voy a hacer un disco absolutamente llevado a mis ideas. Quiero aprovechar esta oportunidad de más exposición para profundizar mi búsqueda, hasta hacer algo medio freak’. Y así me encerré durante semanas para terminarlo, concentración total, como los atletas”, relata uno de los créditos más inquietos de la nueva generación, en torno a un registro que ya tiene nombre y lanzamiento cerrados.

Se trata de Mil 500 vueltas, título que sale a la venta a fines de julio y que se estrenará el 6 de septiembre en Movistar Arena. Por lo demás, Stern encontró múltiples formas de definirlo. Una más extrema: “La próxima semana voy a Argentina a mezclaro, y si a la vuelta el avión se cae y no alcanzo a ver los frutos, está todo bien, me voy feliz,”. 

Otra menos trágica y más visceral: “Es radical, respetuoso y elegante al mismo tiempo, pero sobre todo es un disco honesto y personal. No hay más manos, yo fui el productor”. Y también cabe una acepción para la fanaticada que aún espera puños combativos: “Aquí ya no hay ninguna denuncia social. Es tan basura todo lo que está pasando , por lo que, ¿de qué voy a cantar? ¿de estos giles corruptos? Yo quiero entregar ya otras cosas con mi música. Woody Guthrie tenía un banjo que decía ‘esta máquina mata fascistas’, mientras que Pete Seeger tenía en su guitarra ‘esta máquina une a la gente’. Hoy estoy en un momento mucho más Pete Seeger”. 

E incluso cabe otra reseña cuando el músico se sienta en los estudios Madreselva de Ñuñoa y aprieta play en los cuatro temas que funcionan como adelanto: aquí hay una diversidad de timbres y géneros que late como nunca en su trayectoria, con una mixtura de violines, cellos y flautas en el ritmo de milonga de Ser pequeño, casi una relectura de Jethro Tull; o la fragilidad acústica de La confianza, que mira de cerca al Blackbird de The Beatles. 

“Son 14 canciones que se nutren de todo lo que aprendí estos años. Por eso el título: son todas las vueltas que me permiten ampliar el rango de cosas y haber conocido a toda esa gente que me permitió un lenguaje propio”, define Stern en torno a los cuatro años que pasaron desde su última pieza original (Las torres de sal, de 2011) y en alusión a las nuevas amistades que también integran Mil 500 vueltas.

Entre ellos están Jorge Drexler, Susana Baca y la estadounidense Joan Báez, con quien el chileno grabará este jueves -para el tema Las venas- en una misión que corta el aliento: viajará a California sólo por el día. “Me gusta vivir en base a esa locura. Me hace tener energía y eso se nota en el disco”, culmina.

Fuente: Latercera
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