Ecología en la Biblia y Talmud
Tercera Parte

Esther Mostovich de Cukierman



Hace unos días volví de Israel. El desierto que reverdece ya no está solamente en la profecía de Isaías, salta a vista, en los bosques y jardines que la continua tarea del Keren Kayemeth Leisrael ha logrado hacer crecer. El milagro tiene una gran parte de perseverancia, ensayo, error y vuelta a ensayar.

En Ecología como en muchos temas, Biblia y Talmud nos siguen enseñando en el siglo XXI. Prometí sintetizar y publicar el capítulo de Ecología que escribí en el Tomo II de “Talmud y Derecho”. Publicado por Facultad de Derecho, Universidad de la República. Editorial Fundación de Cultura Universitaria, Montevideo, Uruguay, 2009. Así  han nacido tres notas. Esta es la tercera. 1) El año sabático de la tierra.

El Mundo es del Señor, hacer mal uso de los dones que el Creador puso sobre la Tierra es caer en la soberbia de creerse dueño absoluto de las cosas que el Eterno puso a disposición de los seres humanos. Es en este principio que se basa el año sabático de la Ley de Israel.(Shmitá).

Cada siete años, la Biblia (Exodo y Levítico) ordena dejar la tierra en berberecho, no plantarla, no cosecharla durante todo ese año. Seguramente existen beneficios que hoy llamaríamos ecológicos a este programa, evitar que la tierra se agote. Pero para la interpretación rabínica, la llave de este mandamiento es otra. El ser humano tiende a verse a sí mismo como el rey de la Creación y a entender literalmente la orden de “tener dominio” sobre todo lo creado, diciendo “esto es mío”. Este mandamiento nos recuerda, cada siete años, que no somos amos de la tierra, sino solamente sus guardianes. Podría preguntarse: ¿quién alimentará al dueño del campo en ese séptimo año en que no puede plantar ni cosechar? La Biblia asegura que el Señor proveerá si cumplimos con sus mandamientos. El proveerá doble cosecha los demás años, para alimentarnos.

Hay otra idea más en esta Ley bíblica; en el séptimo año, lo que la tierra produzca por sí sola “será para ti, tu siervo, tu sierva, tu jornalero y el extranjero que viva contigo”. Seis años, se planta y cosecha a beneficio del dueño de casa, en el séptimo año lo que la tierra produzca será para todos por igual “para que el pobre pueda comer“. El mandamiento del año de descanso de la tierra mira por un lado hacia la solidaridad entre quien algo tiene y el desposeído y por otro lado al futuro del mismo labrador: deja descansar la tierra un año de cada siete para que tu tierra no se agote y no te conviertas tú mismo en pobre.

2) Rincones.

En este mismo principio se basa otro mandamiento: “No cosecharás los rincones de tu campo “y “no rebuscarás en tu viña”, sino que “lo dejarás al pobre y al extranjero “. En el momento mismo de la cosecha, cuando el labrador puede estar tentado de recoger hasta los últimos granos de cereal y racimos de viñas diciendo con gozo “esto es mío” la voz del Señor desde la Biblia le recuerda que la tierra es del Señor y sus frutos son para todos: para ti, para el pobre y para el extranjero, para los presentes y las futuras generaciones. 

3) Arboles.

Desde el Jardín del Edén, el Señor se preocupó de plantar árboles (Génesis, 2:8). El Libro de Levítico ordena al ser humano plantarlos (19:23). Destruír un árbol es matar a un amigo, dice la interpretación rabínica. Vemos que cuando en Deuteronomio se habla de las leyes de la guerra, hay una disposición curiosa. Aún en el medio de la guerra, hay que preocuparse de los árboles. “Si una ciudad es sitiada, no cortarás árboles frutales para construir baluarte, porque de esos árboles comerás. Solamente los árboles que no dan fruta podrás cortar para  el sitio de la ciudad”. A tal punto los rabíes han enseñado el respeto al reino vegetal, que según interpretan, cuando un árbol que da fruta es cortado, el lamento de ese árbol llega de un extremo al otro de la tierra. “Aunque ninguna voz se escucha”, es la misma Creación la que llora.

Para los rabíes, la tierra y todo lo que en ella existe le hablan al ser humano. Según la tradición, el rey Salomón conocía el lenguaje de las aves y las bestias y sabía entenderlos. Cuenta al Talmud en el Tratado Suká, (Cabañas) que rabí Hillel sabía escuchar y entender la voz “de las montañas, los valles y las colinas, los árboles y las hierbas, las bestias salvajes y las mansas”. ¿Es un lenguaje olvidado o la vida moderna ya no nos deja ponernos a escuchar? Al terminar toda la Creación, el Eterno califica Su obra. “Y vio el Señor todo lo que había hecho y he aquí que era muy bueno.”

Toda la creación es testimonio de la bondad y la grandeza del Eterno, dice el Talmud. El Eterno lo vio muy bueno, ¿con qué derecho podemos destruirlo?

4) Las industrias malolientes.

El Talmud en el Tratado Baba Batra, (Pérdidas, préstamos) llega al detalle de prohibir curtiembres, talleres de teñidos y basurales  dentro de los “50 codos “del área de viviendas para evitar los malos olores en el aire de la ciudad. Cuánto miden 50 codos en medida actual puede discutirse, pero los comentaristas interpretaron como regla general que no pueden instalarse industrias malolientes en la distancia en que puedan causar irritación en la vista o en general, molestias a los pobladores. Y si crece la población en el área, ¿quiénes deben trasladarse? ¿Las industrias que estaban desde antes o los pobladores que llegaron después? Cuando el caso se presentó, los rabíes dictaron jurisprudencia a favor de los pobladores. Las industrias malolientes y las demasiado ruidosas se tuvieron que alejar.

5) Reciclar.La Ley hebrea no habla de reciclar pero analiza el concepto de no tirar lo dado por el Señor. Cuando Moisés vio el becerro de oro que los israelitas habían preparado mientras él estaba en el Monte Sinaí, tal fue su enojo que rompió en pedazos las primeras Tablas de la Ley que el Señor le había entregado. Pero no las tiró, sino que guardó esos pedazos rotos, que más adelante colocaría en la misma Arca donde guardó las segundas Tablas de la Ley .Luego redujo a polvo el becerro de oro y tampoco lo tiró. Lo que hizo fue mezclar ese polvo de oro con agua y obligó a los israelitas a tragárselo. La interpretación rabínica analiza sus acciones y decide que esto enseña dos cosas: una, por analogía a las Tablas rotas, es respetar al anciano maestro cuya memoria ha olvidado su sabiduría. La otra, al ver la conducta de Moisés, es no tirar nada de lo que el Señor nos ha dado. ¿Pueden agregar ustedes alguna otra interpretación que les sugiera esa frase? Por favor, háganmela saber. 

6) Guardemos la tierra.

Dice el relato rabínico que cuando el Señor se dispuso a echar a Adán del Paraíso, ya supo que la tierra sufriría por causa del ser humano. “Maldita será la tierra por tu causa”, le anunció.  A pesar de ello, decidió confiar en  los hombres y concederles la posibilidad de elegir. Cuando Adán salió del Edén, el Señor lo despidió diciéndole: “Es por ti que he creado Mis hermosas obras. Cuida de no corromper ni destruir Mi mundo “.

En el concepto de la ley hebrea, el dominio de la Tierra pertenece al ser humano, pero son los mismos hombres y mujeres los que tienen la responsabilidad de guardar esa Tierra para que la vida siga en las futuras generaciones. A la vez, los seres humanos tendremos que responder por la Tierra ante el Creador, que es Su legítimo dueño.

La Tierra fue hecha a la medida del ser humano. El Señor ya terminó Su obra. El ser humano la continúa cada día. Guardar la Tierra ya no es tarea del Señor, sino de nosotros.

Esther Mostovich de Cukierman 

Algunas de las fuentes citadas.

Exodo 23:11 ; Levítico 25: 3-7. Seis años sembrarás tu tierra y recogerás su producto. Mas en el año séptimo la tierra tendrá descanso absoluto, no sembrarás, no podarás... y servirá el fruto espontáneo del descanso de la tierra como alimento para vosotros, así para ti como para tu siervo, para tu sierva, para tu jornalero y para el extranjero que habita contigo...para que coman los pobres de tu pueblo...

Levítico, 19:9 y 10 “ .No cosecharás los rincones de tu campo” y “ no rebuscarás en tu viña”, sino que “ lo dejarás al pobre y al extranjero”.

T.B. Sucá, 20ª. Rabí Hillel sabía escuchar y entender la voz “de las montañas, los valles y las colinas, los árboles y las hierbas, las bestias salvajes y las mansas”.

Deuteronomio 20:19. Si una ciudad es sitiada, no cortarás árboles frutales para construir baluarte, porque de esos árboles comerás. Solamente los árboles que no dan fruta podrás cortar para el sitio de la ciudad. 

T.B. Baba Batra 25 a. La carroña y las curtiembres deben estar a cincuenta codos de la población.

Exodo ,32 :19-20 . Cuando se acercó al campamento y vio el becerro de oro y las danzas, se encendió la ira de Moisés, arrojó de sus manos las Tablas de la Ley y las quebró al pie del Monte. Luego tomó el becerro que habían hecho, lo quemó en el fuego, lo molió hasta reducirlo a polvo, el cual esparció sobre agua e hizo que los hijos de Israel lo tragasen.

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Fuente: CCIU
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