En busca de la gran idea

Néstor Benrey


Hay quienes aseguran que se trata del nuevo supertalento de la literatura no sólo israelí sino global. Se trata de Nir Baram, quien ya dio a conocer «Las buenas personas» (2010), su primera novela, muy aclamada por la crítica internacional.

Ahora presentó la versión en español de la segunda, «La sombra del mundo» (2013), que fue calificada por el «Times» como «El libro del año».

Desde ópticas muy distintas, podría decirse que su segunda novela es una entrega brillante que nos obliga a pensar el mundo en el que vivimos, en el capitalismo y sus excesos, en las protestas masivas - auspiciadas por la tecnología - que a veces parecen ideológicamente extraviadas, y en las vías que todos los personajes de la trama tejen en el intento de encontrar su propia redención.

- ¿Cuál es la sombra del mundo?
- Creo que en esta novela, la sombra del mundo es el mundo que está detrás del mundo que conocemos. Creo que el tema principal del libro es el encuentro de los individuos con diferentes perspectivas. Creo que muchas novelas de esta época lidian con el individuo, pero hay pocas que lidian con el encuentro entre el individuo con el mundo.

- Se habló mucho que esta novela es la que estaba esperando el sistema económico que rige el mundo: la novela del fin del capitalismo.
- Creo que este libro tiene que ver con redención. Vemos las tres diferentes tramas: Gabriel Manzur, un empresario israelí que quiere redención para su familia; luego un grupo de jóvenes radicales, pobres, que quieren armar una huelga de mil millones de personas; y la tercera fuerza que son unos consultores estadunidenses que manipulan las elecciones en diferentes países. Lo que es interesante es que todos estos personajes tienen pasión para cambiar el mundo, para destruirlo, usando violencia. Pero todos buscan redención para vivir de una manera más honesta, y esto es lo importante, que es acerca de nuestra generación y cómo vivimos debajo del capitalismo.

- Sin embargo, siento que estás tratando el pulso e impulso de todos los seres humanos parados en cualquier ideología a través de la historia de la humanidad. Regresas a las discusiones de Platón.
- Creo que es cierto, de alguna forma. Es una pregunta básica para todos: ¿qué es una vida auténtica? ¿Tenemos una cara verdadera o somos una combinación de máscaras? ¿Qué significa ser un ciudadano en este mundo? Esto es algo que debe tratar la literatura, desde La Ilíada y la literatura clásica de siglos pasados, y tiene que ver con la conciencia de la humanidad. Después de todos los mecanismos del capitalismo, tratar de entenderlo. Hay partes en «La sombra del mundo» acerca del futuro y ver cómo va a ser. Esto tiene que ver con la protesta, es muy personal para mí. Empieza con la muerte de la madre de Gabriel, está ahí en su casa pensando en cómo puede hacer que viva de nuevo en su memoria. Esto es literatura, empezar con un detalle del personaje y se amplía, pero a final de cuentas son individuos que van al mundo y que quieren hacer algo, como todos nosotros.

- Con esta novela, lo dijiste antes, lo que querías era evitar el simplismo con el que muchos otros escritores y pensadores abordaron el tema de la desigualdad. ¿Cuándo fue que decidiste que ésta era la obra que querías escribir?
- Cuando vi que mucha gente de mi generación estaba trabajando para fuerzas en el mundo, corporaciones, que estaban en contradicción con sus creencias políticas. En mi generación, los '70-'80, había una división interesante cuando una persona da sus talentos a la fuerza que contradice sus valores y ética. En Israel, en las protestas, había gente que durante el día trabajaba para Google, pero también protestaba contra ellos, y esto es singular en el capitalismo. En el totalitarismo, requieren tu talento, tu lealtad, pero en el capitalismo no, no les importa en qué cree uno y se genera esta situación con los individuos que creen en una cosa, pero dan sus talentos a otra. Entonces, para describir nuestra vida debajo del capitalismo hay que entender la complejidad de su mecanismo. Algo que era muy interesante para mí, y siempre es una aventura cuando escribo; es que es un libro de aventuras que inició con preguntas que hice a gente que conozco.

- La mayor virtud de tu novela es que resulta inevitable hacer empatía, pero al mismo tiempo pelear internamente con todos los personajes que dan vida a las páginas de tu libro, pero también contigo, el autor. Lo que haces es obligar al lector a pensar mucho.
- Esa siempre es la meta para mí. Ningún personaje está en el mundo incómodo cuando piensa que es pecador. Todos se cuentan cuentos a sí mismos. Incluso los consultores del libro tienen el principio de amistad, hacen lo que sea por sus amigos. Los jóvenes en Londres que quieren protestar creen con pasión que son la voz de la generación, pero usan violencia y muerte. Gabriel Manzur cree, pero vende armas a los que causan genocidios, aunque quiere redención para su familia. Creo que cuando lees, no pretendes simplemente que te caigan bien los personajes, la esencia es una experiencia no sólo emocional, sino también intelectual. Los personajes hacen cosas y yo puedo pensar que lo amo, porque es brillante, pero también que es responsable de tantas cosas malas.

- «Las buenas personas», tu anterior novela, la encontré muy valiente. Siendo judío, planteabas la más valiente de las preguntas: ¿hasta cuándo vamos a victimizarnos por el Holocausto? Y en «La sombra del mundo», a diferencia de la primera en la que mira al pasado, mira hacia el futuro y rafaguea al sistema predominante en el mundo. Eso es profundamente valiente.
- También fue un reto para mí. Siempre es difícil entender el momento en que uno vive, porque no ves al mundo desde la montaña, sino desde la calle. Es más fácil entender el pasado, así que es un reto escribir de hoy o el futuro. Hay dos dimensiones en esta novela, es hiperrealista, revela el mundo como es hoy, pero al mismo tiempo ve hacia el futuro con aventuras de los jóvenes que tratan de cambiarlo; el pasado no sabes si es real o parte del futuro que se proyecta. Es una combinación interesante que la gente no sabe en qué creer, pero uno no debe confiar en nadie.

- Justo por lo que acabas de decir, utilizaría una palabra para describir tu novela, porque en efecto estás escribiendo sobre el presente y el futuro. La palabra que usaría es retador.
- Creo que una buena novela intenta retar la manera en que el lector entiende el mundo. Si lees la novela y terminas sin aprender nada del mundo, entonces para qué leerla. Lo veo como un carnaval de aventuras, una gran aventura desde los años '80 hasta terminar esta década, como 40 años. Son aventuras por el mundo, también de ideas, es una batalla de eventos e ideas. Creo que esta combinación es muy interesante, porque hay mucha pasión, creencias, amor, traición y sexo en el grupo de los jóvenes, pero a la vez están buscando la gran idea, la batalla de hoy. Así que retar al lector es algo que busco hacer.

- Creo que «La sombra del mundo» se va a inscribir dentro de las obras maestras de la literatura universal, porque aborda de lleno dos grandes valores que son la justicia y la igualdad contra la libertad individual. Creo que lograste extender un puente para la reconciliación de esos valores.
- «La sombra del mundo» es un libro que cuando se publicó me invitaron a una reunión con ex magistrados, las personas más importantes. Me dijeron que no debí haber escrito esta novela, les pregunté el por qué. Y dijeron que era sobre nihilismo y violencia, tienen a los jóvenes en Londres y en las periferias de la sociedad, son muy capaces, locos, pero quieren usar violencia para cambiar al mundo. Entonces les dije: desde este departamento en Tel Aviv, de lujo, no pueden juzgar a estos jóvenes en Londres, porque no los pueden entender. No es una novela moral. La literatura no educa, lo importante es que te manda al mundo en el libro. Te da diferencias y contradicciones, no sabe uno qué creer. Eso es lo bueno. El escritor no le dice a uno qué pensar sino abre el panorama para que el lector piense. Los capitalistas y los manifestantes pensaron que era una novela para ellos. Yo francamente no lo sé.

 Fuente: Israelenlinea
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