Nir Baram habla sobre su novela ‘La sombra del mundo’

 


La conductora Yuriria Sierra entrevistó para Grupo Imagen Multimedia al escritor israelí, quien presenta su novela calificada por el Times como “El libro del año”

Hay quien asegura que se trata del nuevo crack de la literatura no sólo israelí sino global. Y  estuvo en México, en lo que representó su segunda visita a nuestro país. Se trata de Nir Baram, quien ya había dado a conocer Las buenas personas, su primera novela, muy aclamada por la crítica internacional.

Ahora vino a presentar La sombra del mundo (Alfaguara), que fue calificada por el Times como “El libro del año”. Desde ópticas muy distintas, podría decirse que la novela es una entrega brillante que nos obliga a pensar el mundo en el que vivimos, en el capitalismo y sus excesos, en las protestas masivas (auspiciadas por la tecnología) que a veces parecen ideológicamente extraviadas, y en las vías que todos los personajes de la trama tejen en el intento de encontrar su propia “redención”.

¿Cuál es la sombra del mundo?

Creo que en esta novela, la sombra del mundo es el mundo que está detrás del mundo que conocemos. Creo que el tema principal del libro es el encuentro de los individuos con diferentes perspectivas. Creo que muchas novelas de esta época lidian con el individuo, pero hay pocas que lidian con el encuentro entre el individuo con el mundo.

Se ha dicho mucho que esta novela es la que estaba esperando el sistema económico que rige el mundo: la novela del fin del capitalismo.

Creo que este libro tiene que ver con redención. Vemos las tres diferentes tramas: Gabriel Manzur, un empresario en Israel que quiere redención para su familia; luego un grupo de jóvenes radicales, pobres, que quieren armar una huelga de mil millones de personas; y la tercera fuerza que son unos consultores estadunidenses que manipulan las elecciones en diferentes países. Lo que es interesante es que todos estos personajes tienen pasión para cambiar el mundo, para destruirlo, usando violencia. Pero todos buscan redención para vivir de una manera más honesta, y esto es lo importante, que es acerca de nuestra generación y cómo vivimos debajo del capitalismo.

Sin embargo, siento que está usted tratando el pulso e impulso de todos los seres humanos parados en cualquier ideología a través de la historia de la humanidad. Regresa a las discusiones que Platón tenía.

Creo que es cierto, de alguna forma. Es una pregunta básica para todos: ¿qué es una vida auténtica? ¿Tenemos una cara verdadera o somos una combinación de máscaras? ¿Qué significa ser un ciudadano en este mundo? Esto es algo que debe tratar la literatura, desde La Iliada y la literatura clásica de siglos pasados, y tiene que ver con la conciencia de la humanidad. Después de todos los mecanismos del capitalismo, tratar de entenderlo. Hay partes en La sombra del mundo acerca del futuro y ver cómo va a ser. Esto tiene que ver con la protesta, es muy personal para mí. Empieza con la muerte de la madre de Gabriel, está ahí en su casa pensando en cómo puede hacer que viva de nuevo en su memoria. Esto es literatura, empezar con un detalle del personaje y se amplía, pero a final de cuentas son individuos que van al mundo y que quieren hacer algo, como todos nosotros.

Con esta novela, lo ha dicho antes, lo que quería era evitar el simplismo con el que muchos otros escritores y pensadores han abordado el tema de la desigualdad. ¿Cuándo fue que decidió que ésta era la obra que quería escribir?

Cuando vi que mucha gente de mi generación estaba trabajando para fuerzas en el mundo, corporaciones, etcétera, que estaban en contradicción con sus creencias políticas. En mi generación, los 70-80, había una división interesante cuando una persona da sus talentos a la fuerza que contradice sus valores y ética. En Israel, en las protestas, había gente que durante el día trabajaba para Google, pero también protestaban contra ellos, y esto es singular en el capitalismo. En el totalitarismo, requieren sus talentos, tu lealtad, pero en el capitalismo no, no les importa en qué cree uno y se genera esta situación con los individuos que creen en una cosa, pero dan sus talentos a otra. Entonces, para describir nuestra vida debajo del capitalismo hay que entender la complejidad de su mecanismo. Algo que era muy interesante para mí, y siempre es una aventura cuando escribo literatura, es que es un libro de aventuras que inició con preguntas que hice a gente que conozco.

La mayor virtud de su novela es que resulta inevitable hacer empatía, pero al mismo tiempo pelear internamente con todos los personajes que dan vida a las páginas de su libro, pero también con usted, el autor. Lo que hace es obligar al lector a pensar mucho.

Esa siempre es la meta para mí. Ningún personaje está en el mundo incómodo cuando piensa que es pecador. Todos se cuentan cuentos a sí mismos. Incluso los consultores del libro tienen el principio de amistad, hacen lo que sea por sus amigos. Los jóvenes en Londres que quieren protestar creen con pasión que son la voz de la generación, pero usan violencia y muerte. Gabriel Manzur cree, pero vende armas a los que causan genocidios, aunque quiere redención para su familia. Creo que cuando lees literatura, no es simplemente de que te caigan bien los personajes, la esencia es una experiencia no sólo emocional, sino también intelectual. Los personajes hacen cosas y yo puedo pensar que lo amo, porque es brillante, pero también que es responsable de tantas cosas malas.

“Las buenas personas”, su anterior novela, la encontré muy valiente. Usted, siendo judío, planteaba la más valiente de las preguntas: ¿hasta cuándo vamos a victimizarnos por el Holocausto? Y en “La sombra del mundo”, a diferencia de la primera en la que mira al pasado, mira hacia el futuro y rafaguea al sistema predominante en el mundo. Eso es profundamente valiente.

También fue un reto para mí. Siempre es difícil entender el momento en que uno vive, porque no ves al mundo desde la montaña, sino desde la calle. Es más fácil entender el pasado, así que es un reto escribir de hoy o el futuro. Hay dos dimensiones en esta novela, es hiperrealista, revela el mundo como es hoy, pero al mismo tiempo ve hacia el futuro con aventuras de los jóvenes que tratan de cambiar el futuro; el pasado no sabes si es real o parte del futuro que se proyecta. Es una combinación interesante que la gente no sabe en qué creer, pero no debe uno confiar en nadie.

Justo por lo que acaba de decir, utilizaría una palabra para describir su novela, porque en efecto está escribiendo sobre el presente y el futuro. La palabra que usaría es challenging, o bien absolutamente retador.

Creo que una buena novela intenta retar la manera en que el lector entiende el mundo. Si lees la novela y terminas sin aprender nada del mundo, entonces para qué leerla. Lo veo como un carnaval de aventuras, una gran aventura desde los años 80 hasta terminar esta década, como 40 años. Son aventuras por el mundo, también de ideas, es una batalla de eventos e ideas. Creo que esta combinación es muy interesante, porque hay mucha pasión, creencias, amor, traición y sexo en el grupo de los jóvenes, pero a la vez están buscando la gran idea, la batalla de hoy. Así que retar al lector es algo que busco hacer.

Creo que La sombra del mundo se va a inscribir dentro de las obras maestras de la literatura universal, porque aborda de lleno dos grandes valores que son la justicia y la igualdad contra la libertad individual. Creo que ha logrado un puente para la reconciliación de esos valores.

La sombra del mundo es un libro que cuando se publicó en Israel me invitaron a una reunión con exmagistrados, las personas más importantes. Me dijeron que no debí haber escrito esta novela, les pregunté el porqué. Y dijeron que era sobre nihilismo y violencia, tienen a los jóvenes en Londres y en las periferias de la sociedad, son muy capaces, locos, pero quieren usar violencia para cambiar al mundo. Entonces les dije: desde este departamento en Tel Aviv, de lujo, no pueden juzgar a estos jóvenes en Londres, porque no los pueden entender. No es una novela moral. La literatura no educa, lo importante es que te manda al mundo en el libro. Te da diferencias y contradicciones, no sabe uno qué creer. Eso es lo bueno. El escritor no le dice a uno qué pensar sino abre el panorama para que el lector piense. Los capitalistas y los manifestantes pensaron que era una novela para ellos. Yo francamente no lo sé...

Fuente: Excésior de México
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