Saqueo al pueblo judío

Tiberio Yosif Klein


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(En esta página Web puede obtener los libros de Tiberio Yosif Klein y leer con  posibilidad de traducción al hebreo, inglés, francés y alemán)

 

El saqueo y expropiación de las víctimas judías en Europa durante la Segunda Guerra Mundial es difícil de imaginar. Se organizó y practicó en todo el continente por los alemanes y por cualquiera que pasara por el lugar, ya fueran policías, funcionarios locales o vecinos. Incluía la apropiación de casas, muebles, objetos domésticos, bibliotecas, ropas, empresas comerciales e industriales, cuentas bancarias, pólizas de seguros, relojes, anillos, joyas, miembros artificiales, pelo de mujer, dientes de oro, todo lo que se pudiera usar, vender o intercambiar. También comprendía cualquier ingreso imaginable como la pérdida de pensiones o salarios, prostitución obligada, trabajos forzados, experimentos médicos mortales.

El 1 de julio de 1943 la “Decimotercera Ordenanza de la Ley de Ciudadanía del Reich” fue firmada por los ministros del Interior, Finanzas y Justicia alemanes. El párrafo primero del artículo 2 decía: “La propiedad de un judío será confiscada por el Reich después de su muerte”. El saqueo de las propiedades judías se convirtió en la esencia del Tercer Reich alemán; la gente lo comprendía con más facilidad ya que se beneficiaba con ello. El procedimiento era simple: las víctimas judías eran obligadas a entregar todo lo que tenían de valor al hombre del SD al mando de la operación (“Sicherheitsdienst des Reichsfuhrers-SS” o SD,  era la agencia de inteligencia de las SS y del Partido Nazi en la Alemania nazi). Después de asesinarlas, los miembros del comando revisaban nuevamente las pertenencias y las anotaban, y cualquier objeto de valor que quedara debían entregarlo bajo pena de muerte al oficial de guardia. Las denuncias por cualquier delito relacionado con judíos, como esconderlos, eran recompensadas permitiendo al denunciante adquirir alguna pertenencia a precio irrisorio.

Los prisioneros en los campos de concentración debían entregar todos sus objetos de valor, los que eran inscritos, guardados y registrados por el controlador SS. Después había una tarea suplementaria en el crematorio donde se asesinaba, que debían hacer prisioneros: recoger y ordenar todos los útiles valiosos, entre ellos prótesis dentarias, y los objetos confiscados a los detenidos en los campos de concentración se anotaban bajo el concepto de “Fundsache” (“objetos encontrados”). Antes de ser enviados a la cámara de gas o al “matadero del Genickstand” para “la bala en la nuca”, el prisionero era revisado por médicos SS, que tras examinarles la boca, si tenía dientes con oro o en sus prótesis, les marcaban la frente con una señal, con lo que los ejecutores sabían que debían recuperar esos dientes antes de la cremación.

El departamento administrativo y económico“Wirtschaftsund Verwaltungshauptant” con sede en Berlín tenía a la sección Amtsgruppe D (Servicio del Grupo D), que a su vez tenía como una dependencia al ”Effektenkammer” (el economato), que debían ocuparse entre otros trabajos de los libros de contabilidad y archivo, cuya misión consistía en organizar la selección de las divisas, oro y joyas “recuperadas” - esto es robadas a los asesinados - en todo el territorio europeo ocupado por los alemanes. Todo eso era seleccionado y almacenado en el depósito de la ciudad de Sachsenhausen por orden de Himmler, el jefe de las SS que gestionó la matanza metódica y sistemática de millones de judíos, gitanos, eslavos, homosexuales, opositores políticos y enfermos mentales entre otros, muchos de los que fueron usados en experimentos médicos espantosos.

El oro robado, que incluía las coronas dentales arrancadas de la boca de los cadáveres se fundía normalmente en Degussa mezclándola con oro de otras procedencias, y se convertían en lingotes de oro. También se fundían otros metales. Los objetos más valiosos eran entregados a algunos joyeros de confianza de las SS o del Ministerio de Finanzas, y se intercambiaban en países ocupados o neutrales por diamantes industriales que eran imprescindibles para la industria de guerra alemana. Especialmente se intercambiaban con agentes de  Suiza, que sabían bien de que se trataban las transacciones que hacían.

(Degussa es una empresa alemana internacional de los sectores químico y metalúrgico con sede en Francfort del Meno, cuyo nombre es un acrónimo: “Deutsche Gold und Silber Scheide Anstalt”: “Instituto Alemán de Separación de Oro y Plata”. Degussa era en parte dueña de la empresa que fabricó el gas empleado en las cámaras de gas, incluyendo el campo de concentración de Auschwitz - el ZyklonB, fabricado por IGFarben, que era la unión de la farmacéutica Bayer y otras dos compañías alemanas -. En 2003 fue la empresa que suministró el material para proteger de graffitis el “Monumento al Holocausto en Europa”, el protectosil. Empresas judías quisieron que no interviniera Degussa, pero por lo avanzado de la obra y por costos terminó por ser efectivamente usado el protectosil)

La enorme cantidad de bienes procedentes de los campos eran reparados por prisioneros antes de ser enviados a los mercados alemanes: a la ropa les quitaban la estrella de David, se lavaba la sangre y manchas corporales, se reparaban los muebles y otras especies. Sólo a Hamburgo llegaron en 1942 cuarenta y cinco  cargamentos de bienes confiscados a judíos holandeses con un peso neto de 27.227 toneladas, que fueron adquiridas por unos cien mil habitantes alemanes de la ciudad. Sencillas amas de casa llevaban abrigos de pieles y tenían joyas, alfombras y muebles antiguos en sus casas.

Hitler con los nazis pretendían eliminar la cultura de las civilizaciones “inferiores”. Hizo quitar de la vista y quemar miles de cuadros de lo que consideraban “arte degenerado”, es decir, moderno. Pretendió convertir a la ciudad de Linz, en Austria, donde Hitler pasó parte de su juventud, en un complejo cultural que demostrara la “supremacía aria” con 48 kilómetros de galerías de artistas aprobados por los nazis. La “Colección Nacional de Francia” fue saqueada por los propios franceses en 1939, cuando el director del museo del Louvre sacó las obras de arte y las envió a castillos, custodiados para protegerlas. En junio de 1940 Hitler ordenó embargar todos los objetos artísticos pertenecientes a judíos y otros enemigos del Reich. Formó una fuerza especial, la ERR, que saqueó colecciones de judíos de Francia. Clasificaron y catalogaron las obras en el Museo Jeu de Paume, dando a los jerarcas nazis la posibilidad de robarse las obras a su antojo. Herman Goering la elegía bebiendo champagne.

(La ERR, “Einsatztab Reichsleiter Rosenberg”, era una organización del partido nazi dedicada a apropiarse de objetos artísticos durante la II Guerra Mundial, organizada por Alfred Rosenberg, ideólogo nazi. Entre 1940 y 1945 el ERR operó en Francia, Polonia, Estados Bálticos, países del Benlux, Grecia, Italia y en el territorio de la Unión Sovíetica invadido con el Reichskommissariat Ostland y el Reichskommissariat Ukraine)

El Comandante en Jefe de los Ejércitos Aliados, Eisenhower, consciente de que “El Arte es el Alma de una Sociedad”, ordenó formar un grupo de voluntarios expertos en arte que pudieran encontrar las pinturas, esculturas y otras expresiones artísticas que los nazis habían robado de todos los países europeos conquistados para salvarlos de la destrucción o de sus ladrones, con el objeto de devolverlos a sus dueños, ya fueran personas o museos. A ese grupo se lo denominó los “Monuments Men”. Estuvo al frente del mismo el Teniente George Leslie Stout, de 47 años, del departamento de conservación artística del Museo de Arte Fogg de Harvard.

Hitler dio una orden denominada “Nerón”, la que decía que nada de valor debía caer en manos de los aliados, así que había que destruir quemándolas todas las obras de arte antes de que se las apropiaran, todo lo que pudiera servirles a los aliados o a la población. Afortunadamente una mujer, la historiadora Rose Valland, que había sido instalada como supervisora en el museo Jeu de Paume, siendo miembro de la resistencia francesa había anotado secretamente lo que se había hecho con todas las obras de arte: de quien eran y donde se habían llevado. El mayor depósito de las obras de arte de Francia estaba en el castillo de Neusschwanstein, en los Montes Bávaros.

(Rose Valland fue la mujer más condecorada de Francia después de la guerra: Legion d´Honneur, Commandeur of the Order of Arts and Letres, Medaille de la Resistence, Officer´s Cross of the Order of Merit, Medal of Freedom).

Dio la información a los miembros de “Monument Men”, que comenzaron una carrera para llegar antes que los rusos que habían formado, por orden de Stalin, los “Escuadrones Trofeo” para encontrar los objetos de arte y llevarlos a Rusia. Diversas pesquisas les llevaron a una mina de cobre en Siegen, Alemania, donde los nazis habían guardado muchas obras de arte. Gracias a un libro de contabilidad encontrado en Aquisgrán por informes llegaron a otro depósito en Merkers, a 200 kilómetros de Siegen, en el que había obras de arte de museos alemanes y de otros países europeos y el tesoro de la Tesorería del Tercer Reich: 8.000 lingotes de oro, miles de bolsas con monedas de oro y plata y divisas por valor de unos 37.000 millones de dólares. En Austria, en las montañas de sal de Altaussee, el 12 de mayo de 1945 los Monument Men encontraron miles de obras de arte robadas: 5.755 cuadros, 137 esculturas, muebles finos y toda clase de objetos invaluables.

En 1951 fueron devueltos a sus dueños unas 5.000.000 de obras de arte que no fueron destruidas por los alemanes nazis, pero siguen desaparecidas unas 200.000 obras maestras que se siguen buscando. Muchas pinturas, joyas y objetos valiosos no han sido restituidos porque sus dueños fueron asesinados. En el año 2012 se descubrió por casualidad en Munich que un hombre de 81 años, Cornelius Gurlitt, tenía escondidas unas 1.400 obras de arte perdidas en su departamento. Su padre, Hildebrand Gurlitt, las había comprado en los años 30 y 40 cuando trabajaba como marchante de arte para los nazis con los cuadros robados y los que los nazis consideraban “arte degenerado”. En otra casa en Salzburgo Gurlitt tenía aún más cuadros valiosos. Un equipo designado para investigar el origen de las obras afirmó que unas 480 fueron robadas a judíos durante el nazismo y otras 380 fueron confiscadas de museos y colecciones privadas como “arte degenerado”. La colección contenía obras de Corot, Monet, Pissarro, Gauguin, Toulouse-lautrec, Liebermann, Cezanne y Nolde entre otras.

Alemania fue muy criticada por haber ocultado largo tiempo el hallazgo de las obras escondidas por Gurlitt. Él llegó a un acuerdo con el Estado Alemán y el Estado Regional de Baviera para restituir las obras robadas por los nazis. Los dueños legítimos de las obras deberán ser identificados en el plazo de un año, lo que es una burla, dado que probablemente fueron asesinados y son sus descendientes los que tendrían que abrir juicios que se demorarán quizás más que ese tiempo.

No sólo fueron saqueados objetos de arte. Los judíos fueron sacados violentamente de sus casas incluso en pueblos perdidos en toda Europa para ser asesinados. Sus verdugos y muchos vecinos se abalanzaron sobre sus bienes, apropiándoselos para perderse así la memoria de sus propietarios. Sólo quedan pequeños monolitos en medio de la maleza que recuerdan en Ucrania, Polonia y tantos otros lugares los pueblecitos destruidos que albergaron pequeñas poblaciones judías. En donde vivieron judíos durante siglos, como Transilvania en Rumania, solamente quedan como recuerdo los cementerios judíos en la loma cercana, ya que ni siquiera están en la memoria de los pobladores actuales.

La Alemania nazi se benefició de los bienes de los judíos asesinados, del pelo de sus mujeres con el que  rellenaba colchones, de los lentes, del oro de la dentadura, de las prótesis, del trabajo de los esclavos en que convertían a sus cautivos antes de asesinarlos. Importantes empresas alemanas actuales usaron trabajo esclavo para su beneficio, y no pocos empresarios alemanes nacieron con capital obtenido de los bienes de judíos asesinados. La realidad de lo ocurrido esta ampliamente documentada por los soldados que liberaron a las víctimas de los campos de concentración, e incluso se puede ver en documentales tomados en esos momentos, muchos de ellos por orden del general Eisenhower que dijo que había que filmarlo, “porque en el futuro seguramente habrá quienes pretendan negar los  asesinatos que allí ocurrieron”.

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