Cristianos en Egipto, entre la espada del Estado Islámico y el abandono

Francisco Carrión

Uno de los secretos mejor guardados de Egipto es el censo de cristianos que aún habitan su geografía. La versión oficial insiste en que su porcentaje representa entre el ocho y el 10% de una población que crece a razón de un millón de personas cada seis meses. Pero muchos reconocen en privado que su número adelgaza a marchas forzadas.

Decenas de miles han abandonado el país en los últimos años con Canadá, EEUU o Europa como destinos de un éxodo silenciado. La filial local del autodenominado Estado Islámico, que los ha convertido en su blanco favorito, no es el único enemigo que expulsa a la minoría copta de su patria, una tierra a la que -según el relato bíblico- huyeron José y María para salvar a Jesús de Herodes.

"Estos ataques ya no me sorprenden ni me impactan. Solo me producen tristeza, no por lo que acaba de suceder sino porque continuará ocurriendo una y otra vez", confiesa a EL MUNDO el activista cristiano Wael Eskandar, un rostro de la juventud copta que asomó por la plaza cairota de Tahrir en los días de la revolución contra Hosni Mubarak. "Estoy cabreado con todos los que aplaudieron a este régimen fracasado cuando yo he visto con mis propios ojos como sus políticas alimentan a los extremistas, como el Papa convertía a los cristianos en un objetivo fácil por limitarse a apoyar a Al Sisi y menospreciar la justicia. Los coptos nos sentimos inferiores y prescindibles y lo más triste es que nada cambiará. Nadie hará nada por cambiar este sino", agrega. Sus palabras desvelan las profundas costuras que han alejado a parte de la feligresía copta de su jerarquía desde que el patriarca de la Iglesia Ortodoxa Copta se sumara al golpe de Estado que en julio de 2013 desalojó a los Hermanos Musulmanes de la presidencia del país. Desde entonces, Teodoro II ha defendido la peor campaña de represión en décadas, que ha terminado ahogando hasta la más leve disidencia.

En diciembre de 2014 la entrevista que el pontífice concedió a este medio desató una tempestad entre sus acólitos a propósito de su falta de interés por esclarecer la matanza perpetrada el 9 de octubre de 2011 por el ejército. Los uniformados transfiguraron una marcha pacífica de cristianos en un baño de sangre. 24 fieles perecieron bajo los blindados. Dos años más tarde, el desalojo de las acampadas islamistas tras la asonada provocó una oleada de ataques a iglesias. Al menos 43 templos fueron reducidos a escombros. Los sectores más críticos de la minoría cristiana censuran sin descanso el desamparo policial que sufren frente a los ataques de turbas de vecinos musulmanes en el sur. "En algunos incidentes están involucradas las propias fuerzas de seguridad. Los cristianos no son ajenos al ambiente de terror que se vive en el país", apunta Maikel Nabil, ateo de origen cristiano que abrazó la diáspora tras sufrir 10 meses de cárcel.

A la violencia sectaria y los zarpazos del IS, cuyas amenazas obligaron en febrero a varios miles de almas a dejar sus hogares en el norte del Sinaí, se suma la discriminación en la administración. El año pasado el Parlamento aprobó una ley que bendice los obstáculos para construir iglesias y los tribunales han recurrido a la ley que penaliza la blasfemia para perseguir a adolescentes, profesores e intelectuales cristianos. Un desolador paisaje que espera el periplo del Papa Francisco, que visitará El Cairo los próximos 28 y 29 de abril. Ayer, desde El Vaticano, lanzó una plegaria por los últimos coptos de Egipto. "Ruego por los muertos y las víctimas. Que Dios logre cambiar los corazones de quienes siembran el terror, la violencia y la muerte y de quienes producen y trafican con armas".

Fuente: Elmundo.es

Las opiniones vertidas en este Portal son responsabilidad de quien las emite.
 Comparta este articulo con sus contactos:
 
Home