El único malo

Tiberio Yosif Klein

El Pueblo Judío fue llamado primero hebreo, después con su país Israel, israelita, y con su otro reino, Judea, judío; que es lo mismo. Abraham se estableció en el territorio hace unos cuatro mil doscientos años atrás, comprándole incluso al rey de la zona de la época la cueva de Majpela para enterrar a sus parientes. A lo largo de miles de años sus descendientes, los hebreos (israelitas, judíos) se formaron como reino y vivieron como únicos habitantes del territorio, ya que habían vencido a sus enemigos expulsándolos o absorbiéndolos para formar parte de su pueblo israelita.  De manera que no había otros habitantes que los judíos, excepto cuando estuvieron dominados por alguna potencia extranjera, como los babilónicos, persas o romanos.

Cuando el Imperio Romano conquistó el territorio de Israel, llamado entonces el reino de Judea, tuvo que sufrir la resistencia que la población mantuvo contra su dominación, al igual que había sucedido con todos los conquistadores anteriores. Los judíos eran junto a los dacos, de Dacia, actual Rumania, los únicos que quedaban resistiéndolos. A los segundos los vencieron, y a los judíos también, en la guerra del año 70 d.C. y la del año 135 d.C., cuando Roma diezmó la población asesinándola y llevándose al exilio y la esclavitud a la mayoría, quedando un pequeño remanente de judíos en su patria destruida.

Durante siglos la patria judía pasó a ser parte del Imperio Romano. Cuando éste se dividió, continuó siéndolo, pero ahora un territorio del Imperio Romano de Oriente con capital Constantinopla, nombre que había dado a esa ciudad que creara el emperador Constantino el siglo IV d.C. El martes 29 de mayo de 1453, el sultán turco Mehmet II conquistó la ciudad, y con ello todo el Imperio Romano de Oriente quedó incorporado al Imperio Otomano u Osmanlí (por Osmán Gazi, el líder fundador el siglo XIV d.C.). De manera que el país judío, que había sido invadido por la expansión musulmana el siglo VII tras la muerte de Mahoma, ahora quedó bajo el Imperio Otomano. Para éste, no era un territorio importante pues no tenía mayores riquezas. Los poblados eran apenas villorrios, incluso Jerusalem no era más que una aldea con pocos habitantes, la mayoría de ellos judíos. Viajeros a “Tierra Santa” describían el territorio como desolado e infértil. El escritor estadounidense Mark Twain, de 32 años y aún desconocido, contaba sobre su viaje en 1867 (antes del comienzo de la inmigración judía) como corresponsal del diario Alta California, que “No hay ni una aldea solitaria de toda la extensión del valle de Jezreel, Galilea; no  por treinta millas en cualquier dirección… uno puede recorrer diez millas en la región sin ver un alma viva… Nazaret es abandono… Jericó yase en desolada ruina… Belén y Betania en su pobreza y humillación… desposeídas de toda criatura viviente… difícilmente se ve un árbol o un arbusto en algún lado, incluso el olivo y el cactus… Palestina yace en silicio y cenizas, desolada y desamorada”. Thomas Shaw, arqueólogo británico, mediados del siglo XVIII: “Es una tierra arruinada y desolada”. Gunner Edward Webbe: “la tierra en Palestina carece de gente que pueda cultivar su suelo”. El conde Constantine Francois Volney, historiador francés del siglo XVIII: “Los árabes mismos no pueden ser considerados sino residentes temporarios. Plantaban sus tiendas en los campos o construían sus lugares de refugio en las ruinas de las ciudades. No han creado nada allí. Siendo extranjeros en esa tierra, nunca lograron ser los propietarios. El viento del desierto que los llevó allí, también un día los llevará a otra parte sin que hayan dejado alguna señal de su pasaje”. William Thackeray en “De Jaffa a Jerusalem”, 1844: “El país está considerablemente despoblado de habitantes, y por lo tanto su mayor necesidad es de presencia humana”. B.W. Johnson en “Young Folks in Bible Lands”, cap. IV, 1892: “El área era despoblada y permanecía económicamente muerta hasta la llegada de los primeros pioneros Sionistas en los 1880, que vinieron a reconstruir la Tierra Judía. El país ha seguido siendo “la Tierra Santa” en la conciencia religiosa e histórica de la humanidad, que la relaciona con la Biblia y la historia del pueblo judío. El desarrollo del país producido por los judíos ha atraído también gran número de otros inmigrantes – judíos y árabes. La ruta que va desde Gaza hacia el norte era sólo un camino usado en el verano apropiado para camellos y carros… Las casas eran todas de barro. No se veían ventanas… Los arados que se usaban eran de madera… Las cosechas eran muy pobres… Las condiciones sanitarias eran horribles… Las escuelas no existían… La tasa de mortalidad infantil era altísima… La parte occidental, hacia el mar, era prácticamente un desierto… Las aldeas en ésta área eran pocas y escasamente pobladas. Muchas ruinas de poblados dispersas en el área, porque debido a la difusión de la malaria, muchas aldeas fueron abandonadas por sus habitantes”.

 La lista de viajeros y peregrinos a través de los siglos XVI hasta XIX d.C. que coinciden en dar descripciones similares de la Tierra Santa es muy larga, incluyendo Alphonse de Lamartine, Sir George Gawler, Sir George Adam Smith, Siebald Rieter, sac. Michael Nuad, Martin Kabatnik, Arnold Van Harff, Johann Tucker, Felix Fabri, Edward Robinson y otros. Todos ellos hallaron el país casi vacío, exceptuando las comunidades judías en Jerusalem, Shechem (Nablus), Hebron, Haifa, Safed, Irsuf, Cesarea, Gaza, Ramleh, Acre, Sidon, Tzur, El Arish (en Sinaí), y algunos poblados en Galilea: Ein Zeitim, Pekiin, Biria, Kfar Alma, Kfar Hanania, Kfar Kana y Kfar Yassif. Incluso Napoleón I Bonaparte, habiendo visto la necesidad que la Tierra Santa fuera poblada, tuvo en mente programar un retorno masivo de los judíos de Europa para que se establecieran en el país que él reconocía como de ellos – evidentemente, el emperador no vió a ningún “palestino” reclamando derechos históricos sobre la Tierra Santa, cuyos pocos habitantes eran casi todos judíos. De manera que la pretensión de la dirigencia árabe auto denominada palestina (nombre inventado en 1964 por Naser de Egipto y los sirios) de que son los habitantes “ancestrales” del territorio de la “Tierra Santa” que conforman Israel y Jordania, están completamente desmentidos por documentos de los viajeros mencionados y muchos más. Ellos descienden de los árabes que llegaron desde otros lugares para beneficiarse del trabajo que podrían obtener de lo que hacían los judíos que a partir de 1880 comenzaron a desarrollar su patria ancestral.

No sólo se han apropiado los árabes de una supuesta propiedad del territorio, sino que han difundido por el mundo que eso es cierto. Los árabes cristianos fueron atacados por los árabes musulmanes y los turcos, lo que obligó a muchos a escapar emigrando, muchos de ellos a Chile, a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Lo insólito es que sus descendientes, la dirigencia árabe chilena, toda ella cristiana, hace en estos momentos causa común con los árabes musulmanes que actúan con actos terroristas contra la población de Israel y contra judíos en general. A pesar de que en Gaza, el grupo Hamas ataca a los cristianos, a pesar de que en el territorio de la Autoridad Palestina en Cisjordania (Samaria y Judea) también lo hace, hasta el punto de que muchos árabes cristianos se refugian en Israel. Apoyan a los que hicieron que sus bisabuelos escaparan de sus aldeas en Beit Yala, en Beit Sahur y Belén, que de tener 90% de cristianos, hoy en día sólo tienen un 5%, el resto ha huido de la persecución musulmana.

Han logrado que mucha gente en el mundo se compre la idea de que Israel es malvado, que discrimina a los árabes; cuando el 20% de los israelíes son árabes, musulmanes y cristianos, ciudadanos como cualquier otro, con profesionales, oficiales de alto rango en el ejército israelí, con jefes de policía, jueces de la Corte Suprema, e incluso hace unos años con una Miss Israel árabe israelí.

Protestan por el “muro” que Israel ha construido para evitar la entrada de criminales que entraban a matar israelíes, que en casi todos sus 700 kms es sólo valla transparente. Pero nada dicen de otros muros que hay en el mundo: el de Belfast, Irlanda, que separa a católicos de protestantes. El que hay en Ceuta y Melilla, colonias africanas de España, que construyó en los años 90 para evitar la entrada de africanos que quieren acceder a Europa por allí. Tampoco comentan nada sobre que España tenga colonias en África. Entre Irak y Kuwait también hay 200 Kms de valla de separación desde la invasión de Hussein en 1990, donde tras la caída de éste fueron asesinados miles de palestinos que apoyaban al dictador iraquí sin que nadie dijera nada. Uzbekistán tiene cercadas sus fronteras con Afganistán y Tayikistán para evitar el ingreso de militantes del Movimiento Islámico de Uzbekistán.  India hizo su valla electrificada en Cachemira, que disputa con Pakistán. Chipre, de cuya mitad se apropió Turquía en 1964 ilegalmente, está dividida en dos por un muro. Entre Corea del Sur y Corea del Norte hay separación de ese tipo en 250 kms desde el fin de la guerra entre ambas en 1953. Arabia Saudita tiene una enorme valla en su frontera con Irak para que no pasen los de Isis, y también tiene otra con Yemen. En Sahara Occidental Marruecos construyó un muro de cientos de kilómetros para protegerse del Frente Polisario que busca la independencia saharaui, después de que España se retirara recién en 1976. Turquía construyó 600 kms de un muro entre su país y Siria, para evitar la entrada de inmigrantes sirios. Y por supuesto el muro que Estados Unidos tiene con México un tercio de los 3.200 kms de su frontera, para evitar la entrada de inmigrantes. Y sin embargo las protestas sólo han ido contra Israel, que lo ha construido para detener a asesinos, no a inmigrantes.

Tal como ha sucedido a lo largo de dos mil años, cuando los judíos eran el pretexto a quienes acusar por cualquier cosa, ahora lo es Israel, “identificado” de igual manera como “el malvado”, el país que está haciendo peligrar la paz mundial. Como si lo que ocurre en Siria, en Irak, en Afganistán, con los actos terroristas en Europa y el mundo no fueran suficientes para desmentir esa infamia. A fin de cuentas, Israel es, para muchos, al parecer el único malo.

(Puedes acceder a la página web www.tiberioyosif.com con traducción a TODOS los idiomas)

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