Aniquilación

Menos de 25 años después de que las cámaras de gases y los hornos crematorios estuvieron en plena operación en la Europa nazi y por segunda vez en veinte años, el Pueblo Judío enfrentaba la amenaza real de una aniquilación de su gente, los habitantes de la joven nación judía de Israel. 

Egipto, Jordania y Siria, con la ayuda de Irak, el Líbano y otros países árabes, arengaban diariamente a sus pueblos para la que denominaban la "inevitable guerra por la destrucción de Israel". Desde fines de 1966, se sucedían provocadores ataques militares y terroristas provenientes de Siria y Jordania.

A contar de abril de 1967 fueron sucediéndose hechos cada vez más graves y la palabra "aniquilación" resonaba en los oídos de los judíos. Se intensificaron los ataques desde Siria y Egipto quiso estrangular la economía de Israel, bloqueando el acceso de las naves que circulaban por el Mar Rojo, obligando -a la vez- a retirarse a las fuerzas de contención de las Naciones Unidas, estacionadas en la frontera entre ambos países. A fines de mayo de 1967, Egipto, Siria y Jordania movilizaron sus tropas y las ubicaron dispuestas para atacar a Israel.

Fuera del temor que causaban estos movimientos bélicos, en Israel se discurría cómo podría la nación sobrevivir al inminente ataque árabe. Finalmente, el 5 de junio vino la guerra y ocurrió la victoria israelí sobre sus enemigos, sellada en seis días.  Fue una guerra de supervivencia, contra fuerzas numéricamente muy superiores.

Hoy, cincuenta años después, en el mundo de la post-verdad, la mentirosa propaganda árabe intenta imponer una historia muy distinta, poniendo en el centro de atención la falsedad de que la guerra fue una de conquista de territorios para despojar a los palestinos de sus tierras.  El hecho es que, en 1967, nadie hablaba de los palestinos, ellos no eran de interés para nadie. Israel se ocupaba de su supervivencia, y la preocupación y consigna de las naciones agresoras árabes era aniquilar al Estado Judío y vengar la mancha de su derrota en 1948, que cimentó su establecimiento. Es cierto que Israel, tras su victoria, mantuvo territorios ganados en la guerra con la idea de utilizarlos como fichas de negociación para eventuales acuerdos de paz con sus enemigos, lo cual ocurrió con Egipto en 1979, país al cual se le devolvió todo el territorio que quedó bajo su control de Israel tras la Guerra de los Seis Días.

En estos cincuenta años, a pesar de ingentes esfuerzos e innumerables conversaciones, no se ha logrado una paz definitiva con los palestinos, lo cual ha determinado que Israel haya aprovechado terrenos aledaños a sus fronteras pre 1967 para construir viviendas destinadas a su creciente población. Mantener el status quo de ni paz ni guerra es lo que han hecho los árabes durante cincuenta años y se quejan de que Israel los ocupa, en circunstancias que no han transigido en entregar nada a cambio, incluso a costa del sufrimiento de su propia población, obligada a vivir en esta situación anómala.

Por la intransigencia árabe, Israel ha sido obligado a hacerse cargo de territorios y población a los cuales no puede renunciar sin claras garantías que su propia población no va a sufrir daños.  Los árabes suponen, extraviadamente, que Israel -sometido a grandes presiones políticas y económicas- se verá obligado a ceder, sin garantías. Así se va prolongando esta situación en que la víctima principal, que es la población palestina, es la condenada a sufrir.

La política palestina en los organismos internacionales, aprovechando las mayorías que han concertado en ellos los países musulmanes y su aliados, está orientada a hostigar a Israel mediante declaraciones que afectan aspectos económicos, sociales y patrimoniales, declaraciones escasamente fundamentadas en lo esencial pero de alto contenido político, como han sido aquellas de la UNESCO, que intentan borrar los vínculos histórico religiosos del Pueblo Judío con Jerusalén.

Estas actividades declarativas se incluyen en el multifacético accionar político-terrorista palestino, que incluye boicots, denigración permanente de Israel y los judíos, incitaciones a asesinar judíos difundidas por las Redes Sociales, educación para el odio de la juventud, pagos y beneficios a las familias de los terroristas, así como muchos otros actos y declaraciones tendientes al mismo objetivo: la negación del derecho a la existencia de un Estado Judío.

En el contexto de este relato árabe, surge la "pseudo historia" acerca de la Guerra de los Seis Días, como una acción de Israel dirigida a conquistar nuevos territorios, en circunstancias que la realidad, la cual está documentada en las noticias de lo que realmente ocurrió hace cincuenta años, es que Israel estuvo muy cerca de ser aniquilado, debiendo luchar por su subsistencia y resultando, afortunadamente, victoriosa.

Fuente: CAP B’nai B’rith

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