Centro Martín Buber, descansaen paz. De sus cenizas, resucitó el “Ave Fenix”.

Humberto Silva Morelli

Acabo de recibir el siguiente e-mail de mi amigo Néstor Forer, Presidente del Centro de Profesionales Judíos, que comentaré

Amigos,

Confirmo a Uds. mi renuncia indeclinable a la presidencia del mí querido Centro. Considero que no hemos logrado la continuidad y renovación que requería la institución.

Especial agradecimiento a Salo, Michelle y Alejandro que en los últimos meses hicieron un gran intento, pero  qué,  por una razón u otra ya no están.

Por supuesto un gran abrazo a los amigos, los presentes y los  ausentes que por 30 años hicimos de la extensión de la cultura casi un modo de vida.

Al EIM gracias por prestarnos su sede, pero lamentablemente no siempre nos entendimos bien.

 

Estimado Néstor… estimados amigos míos… lamento esta decisión aunque la sentía venir. Y la lamento yo, un viejo judío, aunque mi conversión religiosa sea relativamente reciente. Revelo a ustedes, que mi amor por la Torá, comenzó con las enseñanzas de mi tío Miguel, cura de Curicó, cuando yo tenía como 9 años. Pasaron los años, y naturalmente estuve con el Pueblo Judío, cuando en 1948 se convirtieron en realidad sus ancestrales sueños de volver a tener una patria física y palpable. En esos años yo era Delegado de Odontología a la FECH y allí estaban mis amigos Jorín Pilowsky, David Borizon (Z.L.) y Juan Saidel (Z.L.). En mi Facultad, como docente, conocí al Dr. Adolfo Zisis (Z.L.), y como colegas a las Dras. Viórica Klein y Betty Reisberg (Z.L.) y a los Drs. Julio Oksenberg (esposo de Betty), Moisés Reisberg (hermano de Betty). Todos ellos, además de ser mis amigos, participaban en el Centro Martín Buber. Cuando ya han pasado casi 70 años de haberlos conocido como mis amigos, y compañeros de ideales, que ya no son precisamente los antiguos ideales políticos los que nos unen, porque hoy, dado que todo el mundo piensa con su billetera, ya no existen esos ideales sociales que muchos teníamos.

Afortunadamente los ideales morales no han muerto, como los anteriores… y esa, que fue la razón que nos unió cuando jóvenes, y esa es la razón que nos sigue uniendo en el mercantilista mundo de hoy. Por estos sentires, al hacer del judaísmo mi religión… y con mis antiguos amigos… comencé a participar activamente en el Centro Cultural aludido, fundado por Juan Saidel y un grupo de viejos amigos míos, hace unos treinta años o más. Gracias Julio, mi gran amigo y gracias Nestor, un gran Presidente, por haberme invitado a estar con ustedes. La belleza que tenía este Centro Cultural era su transversalidad ideológica, tanto en lo referente al judaísmo, como en política no militante, hecho que se logra cuando los años nos enseñan que nadie es poseedor de la verdad divina y que sólo los atributos morales son los que nos pueden unir o separar.

A pesar de la temporal desaparición del Centro Martín Buber… y como los ideales de progreso material, deben ir siempre unidos al progreso intelectual y moral de cualquier comunidad, creo que esta desaparición pudiera ser muy breve, si hubieran adultos jóvenes que tomaran nuestras banderas y que con la ayuda nuestra, continuaran con nuestra labor educativa… y si también, hubieran socios que aportaran los pocos dineros necesarios para efectuar la difusión de las actividades mensuales que antes realizábamos, dinero que no es mucho, pero que nosotros ya no podemos aportar. Si este milagro sucede, nuestra tradición de progreso en la vida, no se irá al tacho de la basura, que es el olvido de nuestras tradiciones culturales, tantas veces dadas por desaparecidas y otras tantas recuperadas.

Queridos lectores míos… ustedes me conocen… y actualmente soy un reconocido poeta judío cuya misión creo… es dar y hacer sentir el amor. Por eso les digo con estas letras… si muere el Centro Cultural de Profesionales Judíos, es un acto reñido con todas las tradiciones de vida con amor, que nos pide la Torá.

Si un grupo de nuestra comunidad lo desea hacer renacer y necesita de nuestra ayuda, la daremos sin pedir nada. Mientras tanto esperaremos, que tal como renació nuestra tierra Israel, de una promesa que parecía perdida, también pueda renacer este Centro Cultural, que unos pocos viejos, aún llevamos en el corazón.

Deseamos vuestra ayuda y comprensión.

Humberto Silva Morelli

P.S.
Si alguien quiere responder a este artículo, para salvar la continuidad y lograr la renovación de este centro de estudios, se ruega escribir a ANAJNU a la sección Cartas al Director, colocando su dirección (visible o sólo de uso personal), para una necesaria respuesta. Como ustedes pueden apreciar, somos algunos pocos, los viejos que nunca hemos perdido la Fe y la esperanza.

 

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