Los extremos se unen

Tiberio Yosif Klein

Cuando se comienza a quemar libros, pronto lo harán con personas. Es lo que ocurrió en Alemania, cuando partieron por quemar libros de autores judíos y terminaron haciéndolo con todos los judíos que pudieron en los hornos crematorios de sus campos de concentración. En Chile, la Universidad Humberto Hurtado y la Universidad de Chile no permitieron que diera una charla magistral el mundialmente destacado antropólogo Joe Uziel, de la Autoridad de Antigüedades de Israel, sólo por ser israelí, al ceder a grupos de presión de árabes palestinos y militantes de izquierda, todos ellos declarados enemigos del Estado de Israel,  antisemitas disfrazados de “anti sionistas”, sea lo que eso signifique. Esos grupos no tienen problemas con que diserten chinos o venezolanos, menos aún que fuesen cubanos, países todos en los que verdaderamente se vulneran los derechos humanos. Más grave ha sido que la dirigencia de esas universidades haya aceptado cancelar la disertación del antropólogo por ser israelí.

En Gran Bretaña, el líder del laborismo, Jeremy Corbyn, que pretende convertirse en primer ministro, viajó a Túnez en octubre de 2014 para visitar la tumba de Atef Bseiso, ex jefe de inteligencia de la Organización para la Liberación de Palestina, OLP, y cómplice directo involucrado en el asesinato de los atletas israelíes en Munich, Alemania, en 1972. Ha dicho que los agentes de Hezbollá y Hamas son “de paz a largo plazo y justicia social y justicia política en toda la región”. Una vez invitó al Parlamento a Raed Salah, quien ha asegurado “que los judíos estaban ausentes en el World Trade Center el 11 de septiembre del 2011”, a pesar de que fueron muchos los judíos que murieron allí. Ha hecho del término “Zio”, palabra antisemita usada por el Ku Klux Klan de Estados Unidos, que se haya convertido en un insulto de moda entre los Laboristas en las universidades y otros lugares de Gran Bretaña. Asistió a un evento que organizó un grupo pro palestino que fundara Paul Eisen, conocido por negar que el Holocausto haya ocurrido, aunque sea indesmentible la documentación, filmes reales y el testimonio de soldados que liberaron los campos. En este sentido el izquierdismo de Corbyn, así como el de la izquierda mayoritaria mundial, se asemeja al totalitarismo de extrema derecha, ya que son anti globalismo como los derechistas del presidente estadounidense Donald Trump y de Marine Le Pen, son escépticos o se oponen a la OTAN, y ven conspiraciones financieras por todos lados. Este extremismo de izquierda y derecha es parecido a lo que llevó a aliarse a Stalin con Hitler durante la segunda guerra mundial, lo que les permitió fagocitarse a Polonia entre otras cosas.

Por otro lado, varios Estados árabes sunitas han cortado relación con Qatar, debido a que éste financia a grupos terroristas y está junto a Irán, país que no sólo financia a terroristas en Yemen o a Hamas en Gaza, sino que ha creado otros como Hezbollá, que tiene secuestrado a Líbano y ayuda a Al Assad, el dictador de Siria. Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Bahréin dieron a conocer una lista negra “que demuestra que Doha, capital de Qatar, proclama por un lado combatir el terrorismo y por otro financia, respalda y cobija a diferentes organizaciones terroristas”. Señalan a doce entidades en su listado de terroristas y a 59 personas. Entre las organizaciones hay 5 de Qatar, 1 de Libia y 6 en Bahréin.  De las personas acusadas de financiar el terrorismo hay 18 Qataríes, 2 jordanos, 1 de Yemen, 3 de Kuwait, 5 libios, 25 egipcios, 1 de los Emiratos, 2 sauditas y 2 de Bahréin. En Qatar funciona la red Al Jazeera, pro grupos árabes terroristas y pro extremistas palestinos, que no está claro qué sucederá con ella si fuera efectivo que perderá financiamiento. Tampoco se sabe si los líderes de Hamas, que tienen residencia y sus miles de millones de dólares en Qatar, seguirán allí o se trasladarán a otro lugar. Aparentemente esta denuncia de parte de esos países sunitas tendría que ver con la visita y venta de armamento del presidente Trump, pero también está dentro de la lucha contra el chiismo, esto es, contra Irán y los grupos terroristas que este financia y controla. Nadie podría decir que estos países árabes son democráticos, de manera que su “lucha” no es por mantener ninguna libertad. Por el contrario, son Estados dictatoriales y autoritarios donde la palabra democracia no se conoce porque no es un concepto de su cultura. Son similares a los totalitarismos occidentales, tanto de extrema derecha como de extrema izquierda, que tienen comportamiento idéntico con su población. 

La guerra en Siria, que cuenta con medio millón de muertos, no es motivo para que grupos de izquierda en el mundo hagan manifestaciones de ningún tipo, ya que no se trata de judíos ni de israelíes. Eso es especialmente llamativo en Chile, donde se encuentra la mayor población descendiente de árabes que huyeron de la región otomana de la Gran Siria, parte de la cual es ahora denominada por ellos “palestina”, lo que incluye Israel. No les conmueve que el dictador sirio Al Assad asesine a su población con gases sarín y cloro, tampoco que los habitantes cristianos, al igual que ellos en Chile, sean asesinados sólo por serlo. Tampoco a ninguna organización internacional, menos a las Naciones Unidas que solamente saca acusaciones contra Israel, le ha llamado la atención que el vitalicio presidente de la Autoridad Palestina en Judea y Samaria, Cisjordania, haya dicho públicamente que cuando finalmente hagan su Estado palestino, “ningún judío podrá vivir en él”. Dijo judío, no israelí. Tampoco se ha escuchado ni una sola palabra de protesta por el muro que se construyó en Líbano alrededor del mayor campamento de refugiados árabes palestinos, como tampoco les llama la atención a los árabes de Chile o a los izquierdistas del mundo que aún existan esos “campamentos de refugiados” después de ¡setenta años!, y menos que a esos árabes “refugiados” no les sea permitido en los países árabes donde viven por generaciones ocupar muchos trabajos, estudiar en sus universidades, o salir de esos campamentos en los que les recluyen.

En el conflicto de Siria han sido asesinados más de mil árabes “palestinos”: nadie ha protestado por eso. En Kuwait, cuando el Irak de Saddam Hussein fue expulsado durante la primera guerra del golfo, fueron asesinados miles de árabes “palestinos” que vivían allí, por haber apoyado la invasión de Hussein: nadie protestó por eso. En las universidades del mundo, estudiantes de izquierda sólo hacen manifestaciones contra Israel, acusándolo de tener “una política sistemática de discriminación, ocupación, colonización y apartheid contra la población palestina”. Cuando cualquiera que visite Israel puede ver cómo hay libertad de culto, estudiantes y profesores árabes musulmanes y cristianos en las universidades del país, oficiales árabes israelíes en el ejército de Israel, médicos árabes en los hospitales, policías árabes, incluso lo es el jefe de la policía en Israel, y como una joven árabe israelí fue Miss Israel.

Que la extrema derecha sea antisemita no es ninguna novedad. Incluso hay muchas personas que aún mantienen su antisemitismo ancestral por razones religiosas distorsionadas, manifestando medievalmente que “los judíos mataron a Cristo”, esto es, todos los judíos a lo largo de los siglos. Otros se han comprado de los nazis el antisemitismo racial, según el cual ya no sólo los alemanes serían la “raza superior”, sino también ellos mismos, miembros del auto denominado “poder blanco”, convencidos que por ser de piel blanca y no judíos, por alguna razón misteriosa serían superiores a todos los que no lo son. Pero que la izquierda internacional se haya convertido en antisemita pareciera ser una novedad, producto del vacío que el derrumbe de la Unión Soviética les produjo. Sin objetivos claros, decidieron centrarlo en Israel, al que han identificado como país “colonialista” – aunque se trate del país que el Pueblo Judío perdió en guerra con el Imperio Romano y lo han recuperado -, han inventado que discrimina a los árabes y ejerce el “apartheid”, cuando eso es falso, a la vista de cualquiera que visite Israel (El apartheid fue el sistema de segregación racial en Sudáfrica y Namibia, entonces parte de Sudáfrica, hasta 1992. Significa “separación” en afrikáans, idioma hablado en esos países por la población blanca).

La izquierda y derecha antisemitas son lo mismo. Stalin asesinó a cientos de judíos, muchos de ellos dirigentes que estuvieron al lado de Lenin en la revolución, entre ellos Trostky, sólo por ser judíos. La derecha es antisemita porque considera que los judíos no debieran ser parte de su sociedad. El “judío” fue durante dos mil años el chivo expiatorio de los gobiernos occidentales, al que achacaban cualquier cosa que apartara a la población de los abusos que los gobernantes mismos hacían. Al igual que entonces, Israel es ahora el judío entre las naciones al cual atribuyen todos los males, tal como lo hicieron con todos los judíos durante milenios, asesinándolos, torturándolos y expulsándolos. Al parecer el antisemitismos actual, reinventado como “anti sionismo” – no tienen idea de qué cosa es el sionismo, pregúntenselo  -, son el común denominador de los fascistas y derechistas decimonónicos de derecha, y los izquierdistas que aúllan en su ignorancia de lo que es la realidad.

Lo que realmente les duele a ambos es que los judíos actuales ya no están dispuestos a ser asesinados y que el Estado Judío, Israel, se defienda.

(Puedes acceder a la página web www.tiberioyosif.com con traducción a TODOS los idiomas)

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