Yo soy judío

Humberto Silva Morelli

Yo soy judío porque me siento judío… Porque sentí el calor de mi comunidad cuando enfermé de soledad… y porque desde chico amo a la que ahora es Mi Torá.

Yo no soy religioso. Yo no necesito de ritos para sentir Su Cercanía. Para sentir como míos, los valores morales que Mi Torá destila en todas sus palabras. Para sentir que ella, en las épocas en las que nacía la palabra amor para expresar nuestros más nobles sentimientos, la incorporó como único atributo, para nosotros comprensible, ayer, hoy y mañana… de un ignoto Creador, que sería la primera causa posible, de nuestra existencia.

Además, la Torá, es el primer libro que nos enseña a ser humanos ante el mundo que “ÉL nos dio para señorear” y ante nuestros hermanos, los hombres. A pesar que ese libro tiene al menos 5.500. años de existencia, todavía no entendemos su verdad y su belleza. Todavía no vivimos con su verdad y su belleza. Aún se enseña que hubo individuos que honramos como “el Grande”, “el Magnífico”, “el Terrible”, cuyas mayores gracias, fueron los asesinatos masivos de pueblos inocentes. Pero hay un ejemplo… que por diverso es ejemplo… Me refiero a Alfonso X el Sabio… Sabio porque en su época (Siglo XIII), era un Rey que sabía leer – hecho muy raro entre los Reyes de esa época - lo que le permitió dar a España un esplendor, antes y después de él, desconocido.

Curiosamente, esto de la lectura, no es un fenómeno local ni de épocas pasadas. Hoy en Chile, una encuesta relativamente reciente, dice que aquí, donde el analfabetismo casi ha desaparecido… el 84% de las personas que saben leer, no entienden lo que leen y aunque no entienden lo que leen, sueñan con un lugar donde las penas no existen. Donde las angustias y las enfermedades no existen. Donde sólo existe belleza y bondad dentro del amor. Y en ese preciso y único lugar, mora nuestro Creador. Y el hombre genérico, como un ser necesitado de tener un amor, que sólo desea para él, porque él es incapaz de darlo, ha creado las religiones, cuyos ritos le permiten acercarse a ÉL… a D’s… al Creador o como se desee llamarlo.

Esos ritos, a mí, como persona, no siempre tocan mi alma. Puedo pasar sin ellos… si sucede como dije en un reciente poema:

Cuando me miro en el espejo…
quiero ver y veo a un viejo…
arrugado…
afortunado…
respetado…
y también amado.

Quiero ver y veo a un viejo…
que sea el fiel reflejo…
de lo que ha dado
y de lo que puede dar.

Del que ha amado…
como se debe amar.

Del que se ha dedicado…
a estudiar…
a trabajar…
y a dar la mano…
a ese grupo cercano
que debe cuidar.

Y quiero que los nietos míos…
y sus críos…
recuerden a este abuelo
que dentro de poco estará en el cielo…
amándolos…
cuidándolos…
y guiándolos en su vivir…
para construir
un mundo mejor…
un mundo lleno de amor.

Y para finalizar
sólo quiero que todos tengan…
y retengan
con alegría…
lo singular…
de esta larga vida mía…
en la que he sido amado…
y voy a morir enamorado.

 

Pero ese soy yo solo. Y nadie puede vivir solo, como yo lo he tenido que hacer por problemas del destino. Y aquí viene la segunda parte de mi vida… la parte social de mi vida.

Cuando quedé solo y sentí el dolor de la soledad, fui acogido, tratado y me atrevo a decir… ¡Fui curado con el amor de muchas personas de mi comunidad! No digo nombres porque la lista es larga y puedo ser injusto. Pero esa lista comenzó con el hoy, mi Rabino y amigo Daniel Zang y familia, Jeanette Lewandowsky, Mery Nachary y muchos más. Por ellos, y como una forma de retribuir el amor con el que fui rodeado, decidí participar con “cavanah” en la ritualidad judía. Ritualidad que me daba el amor que yo entonces  necesitaba y que a su vez me permitía retribuir en algo, lo que ellos, sin pedir nada me daban… y eso… para mí… es ser judío. Y eso a mí, nadie me lo puede quitar.

Desde otro punto vista, emocional e históricamente, desde que supe que los nazis mataban a judíos por ser judíos… eso me sucedió en 1938, cuando mi abuelo nacido en Italia, me llevaba a “Italia Libera” a ver las atrocidades fascistas. Resumiendo… entonces supe que los nazis mataban sólo porque eran y son aún… asesinos. Por ello admiré al pueblo judío y leí sobre su historia y traté de entenderla. Y con ello supe que esa historia, con sus dolores y su grandeza, era la historia de vida que yo hubiera deseado para un mundo que crecía diferente.

Hoy, sabiendo mucho más por haber estudiado lo yo llamo “La Historia de la Prehistoria”, que sin ser historia, sin ser filosofía, sin ser la ley que rige al mundo, es historia, es filosofía y es la ley de amor que debiera regir al mundo. Y también sé que no todos los que dicen seguir los preceptos de la Torá, que son judíos y son fanáticos religiosos… no todos ellos, me consideran judío, porque yo no soy un fanático religioso, ni me visto como ellos, ni hago lo que hacen ellos… aunque ellos niegan mi judaísmo y hacen esto con todos los que religiosamente se parecen a mi, y además creen que ellos hacen y dicen lo correcto. Y lo peor de todo, es que estos fanáticos, son la única referencia religiosa que acepta el Estado de Israel… y para mí, esto está creando una nueva ley de la sharia para los judíos, dentro de un estado que debiera ser judío, laico, democrático y por tanto, religiosamente tolerante.

Curiosamente… y según las historias contadas por Jeremías, el pueblo judío, en las tierras de Israel, ya ha pasado por estas etapas. Ya ha tenido estas desgracias. Curiosamente la historia de todos los pueblos, es una espiral donde nada se repite exactamente aunque las vivencias entre épocas tengan similitudes abismantes. Y a pesar de saber lo que pasó, el hombre nunca entiende.

Para terminar sólo copiaré un proverbio, de los muchos que contiene El Tanaj y que a mí me identifica, y rogaré que la luz del amor ilumine a estos perplejos, que ya se han alejado del camino que está pavimentado con amor, por no entender “La Torá”:

(3:3) Nunca se aparten de ti la bondad y la paz. Atalas a tu cuello. Y escríbelas en la tabla de tu corazón… de tal modo (3:4), hallarás gracia y favor ante los ojos de Dios y de los hombres.

 

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