El audaz repliegue de Netanyahu en el Monte del Templo

Alexander J. Apfel

Es fácil acusar al Primer Ministro de capitular frente a la calle árabe en la eliminación de los detectores de metales, pero su decisión final se basó en intereses estratégicos a largo plazo que tenían mucho más que ver con una demostración a los estadounidenses que se sientan al otro lado de la mesa en cualquiera de las negociaciones futuras.

Es demasiado fácil decir que el primer ministro Netanyahu se replegó o cayó bajo la presión de las amenazas palestinas que continuaron su lucha a muerte hasta que las medidas de seguridad recientemente instaladas por Israel fueran retiradas del Monte del Templo.

Es fácil decir que Netanyahu intentó apaciguar a los palestinos contra el espectro de una tercera intifada. Cuando ocurra el próximo ataque terrorista, donde quiera que esté -y seguramente sucederá- será demasiado fácil señalar una vez más con el dedo a la llamada capitulación de Netanyahu. Así como es fácil culpar a todas las víctimas israelíes durante la operación Margen Protector por lo que la gente ha sido tan rápida para describir como su aparente mal manejo de la incursión.

Pero mientras que la reputación que él mismo ha creado, con o sin razón, puede ser la de un apaciguador que tiende a colapsar bajo presión en otros casos, en este caso, era una maniobra audaz. Mientras optaba por una derrota doméstica, se anotaba una importante victoria diplomática.

Sin duda, esos detectores de metal deberían haber permanecido en su lugar, al menos en un futuro previsible. El viejo proverbio de “das una pulgada, toman una milla” ciertamente se aplica aquí cuando se trata de la hipérbole árabe que emana de la retirada de Israel. Eliminarlos fue indudablemente interpretado por el mundo musulmán como una victoria contra “los sionistas”.

Pero… ¿Realmente creemos que un político veterano como Netanyahu no tenía idea que reaccionarían de la manera que lo hicieron?

Netanyahu es plenamente consciente que los detectores de metales se requieren fuera del complejo, pero hay metas a corto plazo y objetivos a largo plazo. Es su papel convertir esta abominable situación en la ventaja a largo plazo de Israel.

Los estadounidenses estaban en estrecho contacto con él en un intento por sofocar la creciente oleada de violencia y muy bien pudieron haberlo influenciado a bajar del árbol que -una vez más es fácil olvidar- no volvió a subir.

Mientras que la calle árabe puede celebrar la eliminación de los detectores de metales y ridiculizar a Israel por su aparentemente ignominiosa capitulación frente a unos pocos lanzadores de rocas, prestar demasiada atención a esto es perder de vista el panorama general.

Cada guerra con Gaza o con otros enemigos en estos días inevitablemente termina con Hamas o algún otro oponente declarando la victoria mientras sus súbditos salen a las calles para desfilar en una gigantesca exhibición de desafío contra los invasores sionistas. Los verdaderos estrategas, sin embargo, no se preocupan por tales fachadas.

Los verdaderos estrategas se ocupan de posicionar las piezas con lo mejor de su capacidad, incluso si requieren sacrificios menores, con el fin de hacer jaque mate al oponente. En este caso, Netanyahu entiende que la pieza clave es el Presidente Donald Trump.

Comprendiendo la simplemente articulada cosmovisión de Trump y la repugnancia abierta por la violencia islámica, Netanyahu finalmente aceptó todas las demandas hechas, para consternación de muchos de sus partidarios y los justificadamente preocupados israelíes.

Esto puede haber sido irrelevante bajo Obama, pero como dijo la embajadora de Trump en la ONU, Nikki Haley, “hay un nuevo sheriff en la ciudad”.

Posiblemente con la silenciosa insistencia de los estadounidenses, los detectores de metales fueron quitados, junto con los equipos de cámaras de seguridad a pesar que dos policías israelíes fueron muertos a tiros precisamente porque ninguna de estas medidas había sido implementada previamente.

Independientemente de si los estadounidenses presionaron o no a Netanyahu, Trump y sus asesores en Oriente Medio presenciaron un Israel preparado para “replegarse”, o comprometerse, sobre un asunto respecto del cual no debía en absoluto haber tenido que “replegarse”, contra una muchedumbre suicida insaciable, enfurecida, lanzandora de piedras, sedienta de sangre, gritando “Allahu akbar”, expresando su disposición, incluso impaciencia, por morir en su exigencia de ver el desmantelamiento de detectores de metal más que en su búsqueda de paz.

Ellos ven una obsesión abominable y una glorificación de la muerte, una determinación de convertirse en un mártir por razones que ninguna persona razonable o cuerda puede ni soñar en comprender.

Ellos ven una propensión a lanzarse a la violencia religiosa en el momento en que ocurre algo que es inconsistente, no con sus creencias religiosas, sino con sus deseos. Vieron a un Israel liberar los cuerpos de tres terroristas que a principios de este mes dispararon el gatillo contra dos policías drusos, matándolos a ambos, y esencialmente haciendo arder toda el área.

Luego ven a miles de palestinos supuestamente pacíficos escoltando por la calle a esos mismos terroristas, gritando y glorificándolos como mártires en la procesión funeraria más indigna y abyecta que se pueda imaginar.

¿Y quién es el hombre que alienta abiertamente este comportamiento bárbaro y atrasado al máximo, quedándose callado como el mejor? No es otro que Mahmoud Abbas.

Netanyahu sabe que a diferencia del predecesor de Trump, la vista de este último es cristalina cuando se trata de tales temas, y su oído está más que afinado cuando el ruido de guerra  estalla en la calle árabe. Los detectores de metales no son más que un pequeño sacrificio en la estrategia general de Netanyahu, ya que está construyendo para Trump una imagen que apunta claramente a un resultado convincente para cualquier posible conversación de paz: están condenados al fracaso y cuando ello se dé, ya se habrá visto con quienes se espera que hagamos negocios.

Ni los palestinos, ni sus líderes, son socios para la paz en ninguna futura negociación. No se necesita la construcción de ninguna casa en Judea o  Samaria para demostrarlo. Simplemente se necesita la instalación de unos pocos, momentáneos detectores de metal en un lugar donde tres de sus hombres llevaron a cabo un asesinato. Abbas puede tener serias dificultades para convencer a un individuo como Trump que busca la paz. Con su retórica pidiendo dos veces un “día de rabia” a propósito de los detectores de metales y rompiendo los lazos de seguridad con Israel, convencer a Trump  que él es una verdadera paloma no será un pequeño desafío.

Por otro lado, Netanyahu ya habrá demostrado flexibilidad en lo que puede considerarse un asunto irresoluble dentro del gran esquema de cosas. Habrá demostrado que a pesar de la absoluta locura involucrada en la eliminación de los detectores de metales, los palestinos nuevamente demostraron que no tenían flexibilidad y que finalmente sólo él y él solo estaba dispuesto a cambiar de actitud. Los palestinos pueden regocijarse por su autoproclamada victoria y los israelíes y los judíos pueden desahogar su ira en el “redil”, pero hay un tiempo para fluir con la opinión pública o la ira, y un tiempo para actuar en contra de ella.

Se puede suponer que todo esto es una estratagema para descarrilar deliberadamente la posibilidad de conversaciones de paz basadas en una solución de dos estados, pero sea así o no, sea su enfoque correcto o incorrecto, el proceso no se habrá estropeado porque el pueblo de Israel estuviese dispuesto a morir por unos pocos detectores de metales. No habrá sido porque el pueblo de Israel estuviera listo para morir y asesinar por el más mínimo cambio ante el estímulo de sus líderes.

Una vez más, la instalación de los detectores de metales fue la decisión correcta. Sin embargo, como medida política, eliminarlos no tenía nada que ver con el intento de pacificar a las masas árabes. Netanyahu sabe que eso es imposible. La justificación de la decisión final no tiene nada que ver con el repliegue, sino con demostrar a los estadounidenses quién realmente se sienta al otro lado de la mesa en tanto que Trump se prepara para lanzar su iniciativa de paz.

Traducción para PorIsrael por Yetty Blum

Fuente: Yediot Hajaronot

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