La delgada línea entre la caricatura antisemita y la caricatura satírica judía

El académico Josh Lambert analiza la tenue linea que existe entre la caricatura estereotipada judía con objetivos antisemitas y la realizada por judíos mismos que usan la sátira para la crítica y la autocrítica.

El historiador de arte norteamericano Matthew Baigell, realizó una investigación en las revistas populares gráficas de EEUU de finales del siglo XIX y de inicios del XX, es especial revistas como PuckJudge and Life, en las que analizó las representaciones que se hacían de judíos en sus páginas y que se ha publicado este año en el libro “El implacable impulso para difamar. Los judíos en la caricatura de la prensa norteamericana, 1877-1935“.

 

 

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“Si no sales de nuevo, Goldstine ¿me puedo quedar con el diamante?”. Revista Puck. 1899.

“No puedo recordar una sola imagen en la un judío no fuera representado con una nariz bulbosa” ha comentado Baigell.

Notó generalmente que sus nombres eran Cohen o Isaac, con apellidos que terminaban en -stein o -berg. Se les representaba con una imagen que los denotaba como conspiradoresregateadores y tramposos. Su naturaleza de extranjeros, no americanos y vulgares era esencial, así como la idea de que si bien no se asimilaban a EEUU, pero que invadían al país.

Es decir, cuestiones que ni en esos tiempos ni hoy han cambiado sobre los estereotipos sobre el judío.

Según Baigell, su investigación fue con el propósito de que consideraba que si bien ya existían estudios sobre la materia, no han sido lo suficientemente condenatorios sobre el racismo que se esgrimía en estas caricaturas que alimentaron al público norteamericano.

Lo que considera el académico Josh Lambert, director del Centro del Libro Yidish, es que gran parte de la caricatura estereotipada de la época (de las cuales muchas Baigell no analizó siquiera), no tenían el objetivo antisemita que argumenta.
Muchos de los judíos que vivían ya en EEUU disfrutaban este tipo de trabajos, hechos incluso por otros judíos. Tenían ganas de reírse de sí mismos y lo hacían con la caricatura o asistían a las obras de teatro llenas de los estereotipos realizadas por otros judíos contemporáneos.

Uno de los ejemplos que enmarcan este tipo del humor judío sobre sí mismo en tiempos modernos, es el trabajo del caricaturista judío norteamericano Eli Valley.
Basándose en las tempranas interpretaciones del sionismo y su visión del mundo, uno de sus personajes es su antihéroe El Chico de la Diáspora, quien de manera satírica carga con todos los estereotipos negativos que se esgrimen contra los judíos. Mientras que su contraparte es Israel Man, el héroe que representa todo lo contrario y que es la imagen del nuevo judío moderno.

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El Chico de la Diáspora e Israel Man.


El caricaturista también ha publicado este año un libro recopilatorio con sus polémicas caricaturas (que han sido censuradas por muchos círculos judíos norteamericanos): “El Chico de la Diáspora: cómics sobre la crisis en America e Israel“.

El logro de Valley a ojos de Lambert, es saber explotar esos estereotipos para su fin de crítica satírica sobre la vida judía contemporánea y la relación de EEUU con Israel.
Para Lambert, su trabajo es “arte de autoconciencia de la Diáspora en la tradición de los Profetas, quienes están profundamente obsesionados por las hipocresías y los fracasos colectivos e individuales de los judíos“.

El académico concluye que por más sacados de contexto o malinterpretados que sean los diseños y cómics hechos por Valley, estos podrían confundirse con cualquier otro tipo de caricatura hecho por antisemitas de ultraderecha, y ese es la fina línea que debe de saber diferenciar el historiador y analista del futuro, para no caer en el error de Baigell.

Fuente: Haaretz

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