Discurso del Dr. Gunter Seelmann, durante la conmemoración del Día Internacional
de la Recordación del Holocausto

 

Agradezco la invitación a asociarme como testigo del Holocausto, al homenaje a las víctimas, a los “justos entre las naciones” y, especialmente, al diplomático chileno Samuel del Campo recientemente premiado por Yad- Vashem. Este honor se le ha otorgado por su extraordinaria labor salvadora en Rumania, durante la segunda guerra mundial.

Mi testimonio se comprende debido a que mi niñez hasta los ocho años transcurrió en el ambiente odioso orquestado por los nacional-socialistas en Alemania. De aquel tiempo percibo aún con estremecimiento los anaqueles insultantes en las calles, los letreros prohibiendo  a los judíos ir a cines; los ruidos  ensordecedores en la “Noche de Cristal” y al día siguiente la detención de mi padre para llevarlo a Buchenwald. Sin embargo, el impacto mayor lo recibí al día siguiente, cuando mi abuela me llevó a ver las ruinas aún humeantes de la histórica Sinagoga de Aachen.

35 años después de escaparnos de los nazis y refugiarnos en Chile, soy detenido a raíz del golpe de Estado y encarcelado en la isla Quiriquina.  A los 8 meses de cautiverio, tienen éxito las gestiones realizadas por mi esposa, un primo y el obispo luterano Helmut Frenz ;   logro salir del país con mi familia para refugiarme en la RFA. En esa instancia conocí lo importante que es la participación de los diplomáticos  en la liberación de personas en situación de alto riesgo.

En la lista de los justos entre las naciones hay una significativa proporción de diplomáticos, que actuaron de acuerdo a su conciencia ética, salvando a los judíos europeos de una muerte segura. Lo hicieron muchas veces con alto riesgo de ser sorprendidos y asesinados por la Gestapo. Además, como a menudo tenían que saltarse los estrictos reglamentos de sus ministerios podían ser sometidos a sanciones, incluso la destitución.

Según Jorge Schindler, Samuel del Campo se encontraba en la misión diplomática de Chile en Bucarest en plena segunda guerra mundial, cuando le empezaron a llegar solicitudes de visas, la mayoría de judíos polacos, que habían entrado ilegalmente a Rumania, escapando de la Polonia ocupada por alemanes y rusos. Tenemos que recordar que Polonia, a raíz del pacto Molotov- Ribbentrop, había sido repartida entre las dos patencias, por lo tanto desaparece la representación polaca en Bucarest y la legación chilena asume sus intereses y, además le corresponde proteger a los judíos polacos que huyen desesperados a  Rumania, para intentar desde allí seguir a un tercer país. Samuel del Campo desobedeció un instructivo secreto del Ministerio de Relaciones que restringía el otorgamiento de visas a una serie de nacionalidades así como a gitanos, judíos, amarillos e  indios. Además a comunistas y maleantes de distinto orden. Este inaudito instructivo estaba vigente desde 1933, no siendo modificado por el Gobierno de ese momento, que era el de Pedro Aguirre Cerda. Del Campo convenció a las autoridades rumanas que debían abrir un consulado en la ciudad fronteriza de Czernovitz para facilitar la entrega de visas, mientras él resistía fuertes presiones  de los alemanes y rumanos fascistas, para que suspendiera sus actividades.

En todo este proceso el Ministerio de Relaciones dejó de darle apoyo financiero, sosteniendo que había sobrepasado la legalidad. Acto seguido, ordenó su traslado a Suiza como Cónsul General. La Confederación Suiza le negó el exequátur por rumores de corrupción, todo lo cual corresponde a lo que, podría decirse, “pago de Chile”a un diplomático que actuó como le ordenaba   su conciencia moral,  para evitar la muerte de centenares de personas en los campos de concentración. Samuel del Campo fue destituido y siguió su vida en Francia, donde falleció.

Ahora bien. Aunque el tema central es hoy recordar el perfil y virtudes de  los Justos entre las Naciones no puedo dejar de referirme a las distintas formas de resistencia de las víctimas judías, por ejemplo cuando optan por la clandestinidad, corriendo constante peligro de ser descubiertos ; buscar lugares seguros, contactar personas confiables, sobrevivir en condiciones materiales difíciles. Es el caso de Inge Deutschkrohn y sus padres que vivían en Berlín, en la boca del lobo, durante la toma del poder por los nazis. El padre era un funcionario del Partido Socialdemócrata que logró obtener una visa inglesa y huyó pocos días antes de estallar la guerra. Madre e hija de 16 años quedaron atrás, lograron  documentos de identidad falsos; Inge se sacó la estrella amarilla y trabajó en distintos lugares. Durante más de un año lo hizo en un taller de calzado clandestino que ocupaba judíos ciegos mayores de edad ciegos, cuyo dueño no judío los protegía con riesgo de su vida. Tuvieron que cambiar de refugio incontables veces; resistir los bombardeos de Berlín, hasta la capitulación en Mayo de 1945. Terminada la guerra, la madre se juntó con el padre en el Reino Unido, Inge, dotada de inagotable optimismo y a pesar de los sufrimientos y carencias pasados estudió periodismo. Representó en Londres al renaciente Partido Socialdemócrata alemán ante la Internacional Socialista en su primer Congreso de pos- guerra. Años después fue reportera del diario MAARIV de Israel, en Alemania.

El mundo ha cambiado notablemente desde el fin de la 2ª. Guerra mundial, pero desafortunadamente no en relación a prejuicios y discriminación. Desde la revolución francesa hasta el Apartheid de Sudáfrica, desde la guerra en la antigua Yugoeslavia hasta quienes se encuentran secuestrados en los países  africanos como la República Democrática del Congo, por todas partes se encuentra gente que lucha para conseguir un trato igualitario en cuanto a dignidad y comprensión humanas. Ni siquiera la verdad del Holocausto ha creado conciencia de lo inaceptable que es el antisemitismo.

¡No por eso debemos dejar de luchar contra toda forma de discriminación y velar por el respeto permanente hacia el ser humano y sus derechos fundamentales!

Fuente: G.S.

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