A 34 años de Entebbe

El Secuestro

El 27 de junio de 1976, el vuelo 139 Air France, Tel Aviv- Paris, con 244 pasajeros y 12 tripulantes, fue secuestrado minutos después de su escala en Atenas. Cuatro plagiarios, dos de la OLP y dos de la banda alemana “Baaden-Meinhof”, desviaron la aeronave hasta Bengasi, Libia. Allí llenaron los depósitos de combustible y el vuelo fue reanudado con destino el aeropuerto internacional de Entebbe, Uganda, a 4.000 kilómetros de Tel Aviv.

En Entebbe, tres terroristas se unieron a los secuestradores, liderados por Wilfred Bose todos apoyados por el régimen pro palestino de Idi Amin que los reforzó con hombres y armas.

La banda exigió la libertad de 40 presos en las cárceles de Israel y 13 de otros países como Francia, Alemania, Suiza y Kenia, bajo la amenaza de volar el avión con todos sus ocupantes.

Tras conocerse que los piratas liberarían a la tripulación y a los viajeros no judíos, Air France envió un avión de emergencia a Entebbe. Los delincuentes dejaron partir al grupo autorizado por ellos. El Comandante de la aeronave plagiada se negó a salir del viejo terminal en donde se encontraban los cautivos, mientras no lo hiciera con la totalidad de los pasajeros. En consecuencia, permaneció, junto con su tripulación, acompañando a 102 viajeros judíos (israelíes y de otras nacionalidades). Los delincuentes, entonces, dieron un ultimátum hasta las 1100 GMT para el cumplimiento de sus demandas.

El rescate en Entebbe

En la época de esta odisea, el Presidente del Estado de Israel era Efraín Katzir; Primer Ministro, Itzjak Rabin, y Jefe de Estado Mayor, Mordechai Gur. El Gobierno por ellos encabezado y sus asesores, tomaron la decisión de lanzar un operativo aero-militar de rescate. La Inteligencia Israelí poseía planos de las instalaciones y de los edificios del aeropuerto de Entebbe lo cual permitió planificar, con gran exactitud, la hazaña que se gestó con la participación y el acuerdo de los Altos Mandos.

En la noche del 3 de julio de 1976, cuatro aviones de transporte Hércules, de la Fuerza Aérea Israelí, volaron secretamente en dirección al sur y aterrizaron, sin ayuda de la torre de control, en la oscuridad de la noche, en el aeropuerto internacional de Entebbe. Un avión-hospital quedó en Nairobi, Kenia.

Un grupo selecto de soldados israelíes, con miembros de las fuerzas de elite, Sayeret Matkal, e integrantes del Mossad, venía al mando del General Dan Shomron.

Del interior del avión Hércules, de vanguardia, descendió un vehículo Mercedes Benz negro escoltado por dos vehículos Land Rover, simulando la comitiva usada por Idi Amin en las veces que acudió al lugar de los cautivos para arengar a los terroristas que los vigilaban. Esa falsa comitiva era el disfraz para ingresar al campo sin despertar sospechas y obtener sorpresa táctica.

El comando de rescate irrumpió en el edificio que encerraba a los rehenes, ordenó a todos los que se encontraban en el recinto, tirarse al suelo y cubrirse la cabeza. El tiroteo que siguió y la liberación de los detenidos, duraron menos de una hora. Con tres pérdidas humanas, los rehenes fueron ubicados en los tres transportes aéreos que se habían dispuesto para tal efecto.

La flota ugandesa, estacionada en el aeropuerto de Entebbe, fue destruida para evitar una persecución. Los aviones salvadores, de nuevo en el aire, llegaron, media hora después, a Nairobi, Kenia, para reabastecerse y para trasladar heridos y contusos al avión hospital. Desde allí, directamente a Tel Aviv.

Regreso a casa y final casi feliz

No todo fue alegría, el Teniente Coronel Yonathan Netanyahu (Z. L.), valiente articulador del rescate, resultó muerto en la inaudita combinación de inteligencia y fuerza. La “Operación Entebbe”, quedó en los anales de las Fuerzas de Defensa del país y en la memoria del pueblo, como “Operación Yonathan”, en honor de este héroe y mártir nacional.

El pueblo judío, así mismo, mantendrá para siempre, su afecto y reconocimiento hacia  el Comandante y la tripulación de Air France que se negaron a abordar la aeronave de emergencia enviada por su Compañía y se mantuvieron juntos a sus pasajeros hasta la liberación de todos, exponiendo su vida por ellos.

Hubo tres pasajeros que murieron durante el tiroteo y la señora Dora Block, internada días antes, en un hospital de Uganda, por una urgencia, fue asesinada al día siguiente del rescate por esbirros de Idi Amin.

El enorme riesgo valió la pena. El mundo entero se estremeció al leer los titulares con la noticia del rescate. Una lluvia de felicitaciones se derramó hacia Israel. El entonces Presidente de los EE.UU. de América, Gerald Ford, envió a Jerusalem un mensaje de congratulaciones, considerado “sin precedentes”.

El impacto de la “Operación Entebbe” fue mucho más allá de Israel. El éxito de la heroica hazaña jugó un importante papel en la determinación occidental de no ceder ante los chantajes del terror por medio de rehenes.

Después de la “Operación Entebbe”, Idi Amin quedó humillado Tomó venganza asesinando a cientos de kenyanos que vivían en Uganda. El régimen del cruel dictador, de quien se dice era caníbal y nazi, comenzó a resquebrajarse. En 1978, tuvo que huir hacia Libia y posteriormente, vivió su exilio en Arabia Saudita. Murió en el año 2003.

Los rehenes de Entebbe eran todos judíos, israelíes y de otras nacionalidades. Fueron secuestrados como judíos y liberados como judíos. Antes del Estado de Israel, los hebreos nunca tuvimos salvaguardia ni refugio. Israel demostró en Entebbe, así como en Yemen, Etiopía, ex URSS y otros confines, que es nuestra garantía contra persecuciones, discriminación y amenaza de muerte.

Debemos, como Pueblo, proteger este refugio, por medio de nuestra solidaridad con Israel y su gente, siempre, pero en especial, en estos momentos en que la propia seguridad de Israel está bajo amenaza creciente.

La lección que deja la hazaña de Entebbe reafirma que, a través de todas las épocas, el Estado de Israel está cuidando la integridad de los judíos de la Diáspora. La misma actitud es moralmente obligatoria en forma recíproca.


 

 

 

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