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A Belén pastores... y los demás
por Jorge Marirrodriga
Poner los
soldaditos de plástico en el Nacimiento
es algo que hemos hecho todos. Al menos
en los tiempos en los que poner
Nacimiento, tener soldaditos de plástico
y ser niño no era políticamente
incorrecto. Sabíamos que aquello no
pegaba ni con cola, pero es que nunca
tendríamos un sitio tan molón para
colocar las ametralladoras como las
montañas de corteza de madera. Y la
posada era bastante chula como cuartel
general. Todo acababa cuando los
hermanos mayores aplicaban la ortodoxia
belenística y los soldados (o los indios
y vaqueros) desaparecían de la
representación del nacimiento de Cristo. -No -responde el otro- porque lo que vosotros necesitáis urgentemente es que la comunidad internacional (y la de mi país más) tome conciencia de vuestra situación. Voy a llamar ahora mismo a España para que se organicen charlas, actividades comunitarias y se dé a conocer vuestra historia. Tal vez un par de concentraciones no estarían mal... habrá que pedir la subvención correspondiente, claro. -Pero hace frío -insiste José- venimos desde el Norte y necesitamos instalarnos cuanto antes... -Tendréis que aguantar aquí unos días hasta que os hagan algunas entrevistas y tomen imágenes. ¿Venís del Norte? Claro, sois además refugiados a los que los judíos no permiten volver a su tierra. -¿Obligados? -interviene Mariam con una sonrisa- creo que te equivocas. No sólo somos judíos, sino que mi prima Isabel está casada con Zacarías, uno de los sacerdotes más importantes del Templo. De hecho en pocos días tenemos que llevar al niño allí para circuncidarle y ponerle nombre. Como dice la Ley. La judía. -Claro, claro -responde el otro mientras escribe un par de mensajes por el móvil- os obligan a cumplir la ley judía, os desplazan ¿Y pretendéis visitar además la Explanada de las Mezquitas? Necesitareis protección. Varios miembros de nuestra organización os acompañaran para protegeros. Desgraciadamente no quedará puesto libre en nuestro vehículo para los tres, pero veo que tenéis el burro y podéis apañaros. Habrá que avisar a los fotógrafos... y pedir la subvención. -¿Mezquitas? -replica José- no sé de qué nos hablas. Desde que me casé con Mariam pasan cosas raras, pero, francamente, entiendo mucho mejor los sueños que tengo que las palabras que tu dices. - Eso es porque no sabes que estás oprimido, como todos los palestinos, que vivís bajo las órdenes directas del Ejército israelí y del Gobierno de Tel Aviv. Es una situación intolerable. Menos mal que he venido ayudaros. ¿Os han traído los pastores algo de comer? Tengo hambre.
-
¿Palestinos? Supongo que te refieres a
nosotros, los judíos que vivimos en esta
tierra desde los tiempos de Abraham ¿Tel
Aviv? No te entiendo. Claro que somos un
país ocupado y el gobernador designado
por el emperador vive en Damasco y es
quien da las órdenes. ¿Por qué crees que
hemos tenido que venir a Belén a
empadronarnos si no es por su voluntad? -¿Me estás diciendo que sois judíos desplazados por orden del alguien que está en Damasco que establece controles formados por soldados que no son israelíes? El joven matrimonio asiente silencioso.
-Entonces
no necesitáis mi ayuda. -Y se da la
vuelta pensando "joder, joder, en la
sede central no se lo van a creer. Jamás
creí que llegaría este día".
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