Especial:

El Aborto para el judaísmo

Ante la actual discusión en el Congreso Nacional, sobre la Ley de Aborto Terapéutico, Anajnu, quiere aportar a este importante tema con la posición judía, desde diversas tendencias, sobre este controversial tema.

 

El Aborto

por rabino Adrián J. Herbs, decano Seminario Rabínico Latinoamericano

Antes de entrar al aborto desde el punto de vista judío, tenemos que saber dos conceptos de la Ley y de la Filosofía judía. Hay que entender cómo funcionan para después ver cómo arribamos al tema.

Lo primero es lo siguiente: para la ley judía y para la filosofía judía, estas son situaciones dilemáticas y no problemáticas. Vamos a diferenciar un problema de un dilema: el primero, es una situación en la cual uno puede visualizar una posible solución, tal vez, yo no tenga acceso a esa solución, pero la puedo visualizar, la puedo definir. Si con un millón de dólares soluciono mis problemas económicos (acepto donaciones sin ningún problema). No tengo acceso a ese millón de dólares pero claramente puedo visualizar la solución al problema.

A veces nos pasa que podemos definir la solución pero no tenemos acceso a ella. Eso es una situación problemática. La vida está llena de dilemas, una situación en la cual dos valores, que para vos son importantes, entran en conflicto, ambos son importantes, decidas lo que vas a decidir, esto nos pasa cotidianamente, sentís que algo te falla, que algo te faltó, ¿porqué?, porque fuiste en contra de un valor.

Bajemos a lo simple, un hijo si te pregunta a una determinada edad, cinco, seis, etc. mamá, papá: ¿cómo se hacen los hijos? Vos ahí tenés un dilema -lo estoy simplificando-, en este caso, pero este es un dilema entre la verdad y la responsabilidad. Por ejemplo, si le decís la verdad, lo que para vos es la verdad, obviamente Foucault desarrolló muy bien el tema de verdades, no hay verdad absoluta, todo el tema de la postmodernidad... Vos tenés tu verdad sobre como se hacen los hijos, pero, por otro lado, tenés una responsabilidad como papá ante un chico de cinco años, lo más probable es que en ese momento elijas un valor por encima del otro.

Tal ves en ese momento no te sientas mal, judaicamente no hay mentiras piadosas como decimos, bueno le dije esto pero es una mentira piadosa. No, la mentira es mentira, no es piadosa. La mentira piadosa es cuando vos elegiste otro valor que en ese caso te era más importante.

Cada vez que alguien da una charla, una clase, una conferencia, uno tiene también un dilema entre la verdad de uno y la responsabilidad. Yo no sé si todo lo que pienso lo puedo decir, porque no sé si todos los que están del otro lado van a entender exactamente lo que digo por distintos motivos: porque no me expresé bien yo, porque el otro estaba pensando en otra cosa, por un montón de situaciones. Entonces me juego una responsabilidad también, que es lo que el otro va a escuchar. Y lo bajo a un plano concreto: yo me dedico al tema, el área bíblica, religiones comparadas: en la época antigua, hay relatos del texto bíblico que yo no los creo desde lo histórico, no creo que el texto bíblico sea un texto histórico, es un texto a mi entender filosófico educativo, ahora si viene un chico de 7 años me pregunta: Adrián ¿vos creés que cuando el pueblo judío salió de Egipto se partieron las aguas -no quiero decir el Mar Rojo porque no es el Mar Rojo, pero lo explicamos en otro momento- ¿vos creés que se partieron las aguas del mar (rojo entre paréntesis)? Yo no creo en ese relato, claramente lo digo, no creo. En ese momento tengo un dilema entre mi verdad y la responsabilidad de la identidad judía del chico. Lo más probable es que elija un valor; en este momento cuando acabo de contar esto también elegí un valor y no me siento ya bien conmigo porque, tal vez, por lo que dije hay alguno que diga ¡epa!, ¿cómo un rabino va a decir esto, que ese relato no es verdad?

Entonces yo recién acabo de decir algo y ya me siento mal. Ahora, si vamos para atrás, olvídense de lo que les dije recién y les digo: sí, yo creo en ese relato -a ustedes se los estoy diciendo, no al chico- yo también me siento mal. Porque no creo en ese relato. Esto es un dilema.

Toda situación de que hoy en día llamamos bioética, que no es nada moderno, de esto la tradición judía ya habla en la literatura talmúdica, incluso el aborto es mencionado en el Nuevo Testamento pero en la Biblia hebrea o cotidianamente llamada Antiguo Testamento, está mencionado no en forma directa sino un accidente, no un accidente sino un hombre que golpea a una mujer, existía obviamente el aborto. Platón, Aristóteles ya lo mencionan, todas las promesas médicas de la antigüedad lo mencionan, no solamente el juramento hipocrático, sino las promesas judías, Saf que era un medico de la antigüedad. Todos lo nombran. Todo lo que hoy llamamos bioética desde un punto de vista judío son dilemas. Son dilemas, y hagas lo que hagas, digas lo que digas, vas a tener un valor que vas a dejar de lado. Entonces, si sos consciente que estás ante un dilema y no ante un problema, la situación es diferente, no es tan blanco o negro, es mucho más gris.

El segundo concepto que hay que tener en cuenta es cómo funciona la ley judía. Esta ley tiene dos conceptos que después son tomados por el derecho romano, lo que se llama a priori y a posteriori.

Judaicamente en toda situación a priori, hay una respuesta a posteriori, el sí puede ser modificado en no, y viceversa. Todo, hasta comer jamón. A priori ¿podemos comer jamón los judíos?: no. Ahora a posteriori hay situaciones donde ese no, se puede transformar en un sí. y viceversa. En la ley judía estas dos cosas funcionan, sí o sí así, no puede ver un "a priori" sin un "a posteriori".

Esto es lo que hace que la ley judía sea pluralista. Desde el punto de vista de la ley judía, ¿se puede el aborto? a priori, no. A posteriori, lo dejo en suspenso, vamos a hablar dentro de unos minutos de esto porque quiero decir algo antes de eso, vamos a ver qué pasa a posteriori.

¿Cuáles son los dilemas que se presentan con el aborto -antes de ir al a posteriori- desde el punto de vista judío? El aborto claramente es una situación de dilema, no de problema, no podemos hablar de blanco y negro. Por eso, el tema de la sociedad y, por eso todos sentimos esa exacerbación, ese dolor cuando escuchamos alguien en la televisión, ya sea de judío, católico, protestante, musulmán, lo que sea, o del gobierno, un médico, con una posición tan tajante. Estamos discutiendo valores y hay un choque de valores.

Desde el punto de vista en el aborto como lo ve la tradición judía, claramente los valores que se chocan son: la vida del feto, del bebé, aunque todavía no sea una vida y lo va a ser potencialmente, aunque para protegerlo lo llamemos vida o no, cualquiera de las concepciones que hoy escuchamos, hay una vida potencial y hay una mamá. Hay una vida no potencial, hay una vida concreta en este momento que probablemente está sufriendo. Entonces, vos acá tenés un conflicto entre dos vidas, una vida potencial y una persona que por algún motivo está sufriendo.

Lo mismo pasa con la eutanasia, no quiero entrar en ese tema. Pero son dilemas del sufrimiento de la persona y el concepto de quién tiene el derecho de tomar la vida de él.

Otro dilema que hay en el aborto es entre lo divino y lo humano. La vida es una mezcla desde el punto de vista judío de lo humano y lo divino. Para que una persona nazca, judaicamente tiene que haber: un hombre, una mujer y Dios. Los tres componentes para que haya un embarazo. Cuando no hay embarazo es porque Dios no estuvo presente. Estuvo el hombre, una mujer, una relación sexual: Dios no estuvo, entonces no hubo embarazo. Para que haya embarazo tienen que estar los tres componentes. Bueno, acá hay un choque entre lo divino y lo humano, desde el punto de vista divino todas las vidas son válidas, desde el punto de vista humano, acarrear el sufrimiento de una vida no deseada es un conflicto importante. Traer a alguien que hoy no tenemos respuesta concreta, pero creemos que vamos a traer a alguien a que venga a sufrir a este mundo y que sufra su mamá, el papá tal vez no conocido y toda una situación, esto es un dilema.

Yo no digo ni para un lado ni para el otro.

Lo otro que tiene que ver con lo que recién estaba hablando, también parte del dilema del aborto: es, por un lado, el derecho a la vida, el otro lado es la calidad de vida, esto también tiene relación con la eutanasia. Muchas veces la medicina alarga la vida; ahora, ¿alarga la vida o alarga el sufrimiento? es lo que a veces hay que preguntarse con la eutanasia. Estamos, por un lado, en un dilema entre la vida y la calidad de la vida que judaicamente es tan importante como la vida. No venimos acá a sufrir desde el punto de vista judío.

Entonces opinión del judaísmo, si viene alguien a mi como Rabino y me dice: Adrián quiero abortar, mi obligación rabínica es decirle no podés pero tomá asiento y contame tu caso, porque el caso este "a posteriori" se puede transformar en una autorización de aborto.

¿Cuales son las causas que el judaísmo permite el aborto? Es siempre y cuando haya algún daño a la salud física y/o mental de la mamá. Esto es subjetivo, lo que acabo de decir, suena algo totalmente claro, objetivo, pero es súper subjetivo y esto va con la forma de ser de la ley judía, que es una ley pluralista. Lo que para un tribunal rabínico puede ser un caso de daño para la vida de la mamá, ya sea en su salud física o mental, para otro tribunal rabínico este mismo caso puede ser que no haya daño. En la parte física, tal vez, es un poquito más simple, aunque no tan simple, porque uno puede ir a la medicina y todos sabemos que no es una ciencia exacta, pero médicamente uno puede ya confiar en un grupo de especialistas que dicen: si esta mujer continúa con este embarazo probablemente no termina porque se muere con un paro cardíaco, y no puede soportar el embarazo. Judaicamente, en un caso así puede ser permitido el aborto.

El conflicto es cuando estamos hablando de un daño psicológico que es mucho más subjetivo, porque lo que para un grupo de psicólogos puede ser una situación de daño psicológico, para otro grupo de psicólogos no.

¿Cómo se da esto en la práctica? En la práctica cuando hay un caso se arma un pequeño tribunal rabínico donde estos rabinos tienen la obligación de consultar con psicólogos, asistentes sociales, con especialistas y estos rabinos dan una sugerencia, no dan un dictamen, la decisión es de la persona. Dan una sugerencia y no obligan ni para una cosa ni para la otra.

Entonces le dicen: judaicamente entendemos de tu caso, o que la tradición judía te sugiere que vos podrías tener permitido abortar, es tu decisión, nadie te está diciendo ni que sí ni que no, o viceversa. ¿Porqué? Porque hay un precepto rabínico que dice: no puedes juzgar a tu prójimo hasta que vos estés en el mismo lugar que él, en su misma situación. ¿Qué puedo entender yo, menos sin ser mujer, pero incluso qué puede entender una mujer del dolor de una mujer de al lado, después de una violación?

Es verdad que Judith va a entender mucho más que yo lo que es un embarazo, 100 % ella está mucho más cerca de entenderlo, pero la misma mujer no tiene dos embarazos iguales. Entonces, cómo vos vas a comprender lo qué es el embarazo del otro, lo que es desear o no desear un embarazo.

Desde el punto de vista judío, el bebé hasta el momento del parto se considera un órgano del cuerpo de la mamá. Así como está permitido extirpar un órgano para salvar la vida de la mamá o de la persona, si mañana me detectan a mi que tengo un problema en un riñón. Está permitido extirpar un riñón para salvar mi vida, de la misma forma está permitido extirpar a este órgano llamado feto para salvar la vida física o psicológica de la mamá.

Judaicamente se entiende así, como un órgano. ¿Hay vida? Sí, también es una discusión filosófica, se considera un vida. Pero es una vida potencial. Judaicamente para resumir esto, el aborto a priori esta prohibido para que no sea un método anticonceptivo o para que no sea ligereza porque estamos hablando de dilemas, estamos hablando de vida.

A posteriori puede llegar a permitirse en los casos que nombramos, cuando hay riesgo en la salud física o mental de la mamá. Siempre y cuando como dijimos recién no haya iniciado el proceso de parto. En el momento en que hay fisura de bolsa, rotura de bolsa o algo comenzó el proceso de parto, está totalmente prohibido desde el punto de vista judío intervenir y decidir por una vida o por la otra. Porque en ese caso sería exactamente lo mismo que decidir entre la vida de Alberto y la mía. Judaicamente está totalmente prohibido decidir una vida por la otra. Sabiendo que es un dilema también, que muchas veces pasa.

En la historia judía nos pasó muchas veces que venía alguien y decía: o me decís quien hizo tal cosa o mato a tu familia; o sea, o entregar la vida de éste, porque sabemos en la época nazi que lo iban a matar si lo delatabas o te mataban a tu familia. Judaicamente no hay decisión en este caso y cualquier decisión que tome la persona es válida porque es un dilema y no somos quiénes para juzgar a la persona que estuvo en esa misma situación.

Otro tema importante desde el punto de vista judío: este no es un problema de la ciencia, sino de valores, como la eutanasia.

Muchas veces en la modernidad o en la postmodernidad, cuando estamos en la situación de eutanasia o de aborto consultamos al médico. Esto es un tema de valores, no es tema médico, y el médico obviamente tiene sus propios valores también, pero, a veces, consciente o inconscientemente el médico transmite sus valores personales, éticos como si fueran algo médico o algo científico.

Entonces, judaicamente ¿no hay que consultar un médico? obviamente hay que consultarlo desde el punto de vista de riesgos, para un lado o para el otro, pero la decisión no es científico-médica. La decisión de un aborto es netamente ético valorativa.

Hace poco estuve en una charla y, al lado mío, había un médico y me decía, pero médicamente podemos comprobar que la vida comienza con la concepción. ¿Sabes qué? Le dije: defíneme qué es vida. ¿Qué es la vida?, ¿qué comienza?, ¿las células es vida?, es una cuestión filosófica que todavía no se sabe. Entonces no podemos caer en creer que este es un tema médico sino es un tema netamente filosófico valorativo.

Algo importante: ante una misma situación aparente el mismo tribunal rabínico una vez puede decir blanco otra vez dice negro, porque la obligación del tribunal rabínico es analizar todos los aspectos de la persona: su estabilidad psicológica, económica, el rol de la familia, el apoyo familiar que tiene alrededor, ¿cómo fue el embarazo?, deseado o no deseado. O sea, toda una situación de cosas que hay que estudiar y no solamente los médicos, por eso, se consultan como profesionales y ante dos casos que aparentemente son iguales, chicas de 15 años violadas, el mismo tribunal en un caso puede permitir el aborto y en otro no.

No es un caso matemático, es un tema filosófico. El tribunal que lo investigó puede determinar que en un caso la chica con violación no estaba psicológicamente dañada, podía llevar adelante este embarazo y, hasta tal vez lo deseaba. Y, en otra situación aparentemente igual, el tribunal rabínico puede determinar que no se continúe con el embarazo. No es un tema de computadora, es un tema complejo.

A posteriori desde el punto de vista judío cada caso se analiza, la ley judía tiene reglas generales, la ley judía es una ley personal donde cada caso tiene la obligación de analizarse. Y dos tribunales rabínicos ante el mismo caso uno puede opinar blanco y otro negro. Por eso, judaicamente: uno teóricamente va a un tribunal rabínico, no puede ir atrás de veinte tribunales rabínicos hasta escuchar lo que uno quiere escuchar.

Esto es básicamente el resumen de la posición judía. Judaicamente cada caso hay que analizarlo. Dos situaciones nunca son iguales. Nosotros siempre, todos los años, volvemos a tener los mismos rituales, hace unos días fue la fiesta de Pesaj, de Pascua, comimos, durante unos días matza, pan no leudado, las primeras dos noches hicimos una ceremonia especial. ¿Fue lo mismo que los últimos años? No, yo no era el mismo. El texto tal vez fue el mismo, (que también es una discusión filosófica ) pero, ahora la relación con el texto es una relación de: texto, yo y hay algo que nos une, yo no soy el mismo, por lo tanto la relación no es la misma.

Desde el punto de vista humano es lo mismo. No podemos hacer reglas sino cada caso es analizado por separado y el tribunal rabínico va a decidir lo que la familia va a terminar de decidir.

El Rabino Adrián J. Herbs es Decano del Seminario Rabínico Latinoamericano "Marshall T. Meyer".

El Dr. Herbst de 31 años, casado, es Licenciado en Sociología de la Universidad de Bs. As., B.A. en Biblia y Pensamiento Judío de la Universidad de Haifa, Master en Estudios Judaicos del Jewish Theological Seminary en Jerusalem, Master en Religiones Comparadas y Pensamiento Judío de la Universidad He-brea de Jerusalem, Egresado del Programa Jerusalem Fellows (Amitei Ierushalaim), Doctor (Ph. D) en Religiones Comparadas y Pensamiento Judío de la Universidad de Harvard y recientemente obtuvo su Post Doctorado en Religiones Comparadas de la Universidad de Oxford.
 

Fuente: RadioJai

 

 

 

El Aborto

por Rab Eliezer Shem Tob


El aborto está nuevamente en las noticias dado que su despenalización fue votada por el Senado y está por verse el curso que tomará en la Cámara de Representantes en marzo.

Veamos qué dice el judaísmo al respecto.
Hay varias variables que hay que determinar:
1. ¿Qué clase de delito es eliminar el feto?;
2. ¿A partir de qué etapa del embarazo empieza a regir la prohibición de realizar el aborto?;
3. ¿Cuándo y en qué circunstancias se permite o hasta se obliga a realizar un aborto?
4. ¿Quién tiene el derecho de decisión?

Tipificación del delito

Hay varias opiniones halájicas al respecto. He aquí dos de ellas:

1. Agresión contra el cuerpo de la mujer;

2. Asesinato

Hay quienes entienden que el embrión es un “órgano” de la madre y por lo tanto la prohibición de interrumpir el embarazo es por el daño que implica a la madre, como si fuera amputarle un dedo. La Torá prohíbe hacer daño innecesario al cuerpo humano, inclusive con el consentimiento de su “inquilino”. Uno no es dueño de su propio cuerpo; es nada más que su custodio. Esto implica que aunque el embrión no tenga una personalidad y derechos independientes, sería prohibido abortar por atentar contra un “órgano” de la madre.

Hay quienes entienden el aborto como una clase de asesinato. Una vez que tiene lugar la concepción, y especialmente luego que se anida en el útero, es natural que nazca un ser humano. A diferencia de destruir el semen que no producirá ningún ser humano hasta no fertilizar el óvulo (y aun así está prohibido emitir semen en vano), el cigoto, si no se le hace nada para destruirlo, se transformará solo en embrión, luego en feto y eventualmente nacerá un ser humano independiente. Interrumpir el embarazo implica cortar el proceso natural de la formación de un ser humano. No se castiga como si fuera un asesinato de un ser nacido, debido al hecho que no se puede saber con certeza si ese embrión hubiese nacido con vida y si hubiese sido un ser viable. Sería una especie de asesinato no punible.

Hay quienes dicen que cada etapa del embarazo es diferente. Hasta cierta etapa es considerado como “agua”, luego como un órgano de la madre o como un ser independiente.

Los distintos criterios y etapas, más los motivos para considerar realizarlo, determinarán la decisión de permitir o no el aborto.

Situaciones en que se permite realizar un aborto

Todas las autoridades halájicas están de acuerdo con que estaría permitido y hasta obligatorio realizar un aborto cuando llevar el embarazo a término implicaría un peligro para la salud de la madre. Lo que se discute es la fundamentación por la cual es tan claro que habría que abortar.

Hay quienes dicen que es porque no se arriesga una vida existente (la madre) por una vida potencial (la del feto).

Hay quienes dicen que la fundamentación es la ley de “Rodef” (perseguidor). Rodef se refiere a una persona que persigue a otra para matar o violarla. El que presencia esto está obligado a impedirlo, inclusive si la única manera de lograrlo es por medio de herir o hasta matarlo al perseguidor. (Estamos hablando siempre y cuando el delito no se realizó todavía y lo mata para evitar que se realice. No está permitido tomar la ley en manos propias luego de haberse realizado el delito.) Según este razonamiento, se permite abortar no por tratarse de una vida inferior vs. una vida superior, sino por ser el feto un “Rodef”, “persiguiendo la vida de la madre para matarla”. Es importante notar que la ley de Rodef se aplica aún cuando el Rodef es inocente y pone en peligro la vida de un tercero por fuerza mayor.

¿Qué pasa en el caso de violación, incesto o de haberse enterado que el feto tiene una anormalidad que hará que su vida sea inviable?

Depende.

Hay quienes lo prohíben, independientemente de la etapa de la gestación en que se encuentre. “No somos D-os como para decidir si una vida determinada merece vivirse o no,” dicen. Hay, no obstante, opiniones rabínicas que dicen que hasta cierta etapa de la gestación, estaría permitido eliminar el feto por ser nada más que “agua” o un órgano de la madre y por ende descartable en el caso de que llevarlo a término crearía mayor daño (físico o mental) a la mujer que lo que causaría eliminarlo.

¿Quién decide?

El Rabino, conjuntamente con la mujer y por lo menos dos médicos especialistas en el tema específico. En el caso que surja la idea de realizar un aborto por la razón que sea, es menester consultar con un rabino experto en estos temas para asegurarse de que se esté tomando la decisión correcta. El rabino tomará en cuenta la posición de la mujer como también la(s) de los médicos especialistas para analizar la situación y dar su fallo.

No hacer daño al cuerpo es una prohibición Divina. Uno no es dueño de su cuerpo, y ni hablar de la vida de un tercero. Para poder saber qué es lo que el Dueño del cuerpo y de la vida considera correcto, se consulta con un experto en Halajá

Una reflexión final

Fuera de las situaciones límite en las que hay que elegir entre una vida y otra, demás está decir que el judaísmo ve en el nacimiento de cada niño una enorme e induplicable bendición. No sólo tenemos la responsabilidad de preocuparnos por la propagación de niños judíos; el judío tiene la obligación de apoyar una conducta social general que respeta la vida al máximo y que fomenta la natalidad.

En caso que la mujer no esté en condiciones de criar a su hijo, hay familias dispuestas a adoptarlo y proveerle de un hogar lleno de amor.

Habrá quienes argumentarán que tener muchos hijos pone en riesgo los recursos del mundo. Son teorías que el judaísmo no acepta. Además: ¿Quién sabe si el hijo cuyo nacimiento se quiere evitar no será el que encontrará la solución para resolver el hambre mundial? Sólo hay que pensar en Steve Jobs, abandonado por su padre y quien nunca completó su educación terciaria, para ver cómo una sola persona, en condiciones no privilegiadas, puede cambiar al mundo entero. Ni hablar, salvando las distancias, de individuos como Avraham, Moisés y el Rebe de Lubavitch, todos nacidos en situaciones de peligro cuando la lógica humana indicaría que sería mejor no tener (más) hijos.

¿Dónde estaríamos todos hoy si sus padres hubiesen seguido la lógica “políticamente correcta” de su época?

Fuente: Jabad.org.uy

 

 

Anticoncepción y Aborto

En nuestro mundo, siempre en transición, el hombre contemporáneo se ha visto obligado a ajustar sus esquemas en forma por demás vertiginosa. Así, la cultura judía que se ha mantenido en su porción esencial incólume a lo largo de los años, enfrenta retos cada vez mayores. Sin embargo, en muchos casos, el judaísmo tradicional sorpresivamente da respuestas a dilemas actuales. Temas tan controvertidos y candentes en los tiempos modernos, como el de la anticoncepción y el aborto, son ya contemplados siglos atrás por la Halajá o ley judía.

La celebración judía de la vida humana se resume en el mandato bíblico que indica "Creced y multiplicaos" (Génesis 1:28). Dentro del judaísmo, un hogar sin hijos es un sitio sin bendiciones, porque la realización de cualquier ser humano se encuentra en su vida familiar, la que implica una alegría pero también una gran responsabilidad. Para la ley judía, cada pareja tiene la solemne obligación de traer al mundo por lo menos dos hijos. De acuerdo con las enseñanzas de los antiguos sabios hebreos hay ciertas diferencias en cuanto al cumplimiento de este precepto: la escuela de Shamai indica que la ley se refiere a dos varones y la escuela de Hillel afirma que se trata de un varón y una mujer.

Anticoncepción. La primera legislación al respecto aparece en los pasajes del Talmud (compendio de leyes orales) en donde se permite el uso de métodos anticonceptivos en tres casos: cuando se trata de mujeres menores de edad, embarazadas o lactantes, con el objeto de prevenir cualquier posible daño a su vida o a la criatura que resultara de la concepción en tales circunstancias.

Más adelante, los antiguos sabios mencionaron la existencia de una poción de las raíces que producía esterilidad temporal o permanente si era ingerida en dosis mayores. La poción mencionada no tenía las características de los contraceptivos actuales. Se utilizaba en casos específicos, o sea no se producía masivamente, ni era considerada como un agente confiable.

Con el paso de los siglos, ni los rabinos ni los científicos lograron conocer más sobre la poción esterilizadora, pero con base en este texto y algunas otras fuentes legales, las autoridades ortodoxas favorecieron el uso de anticonceptivos orales más que cualquier otro, porque no implica una interferencia directa con el acto sexual. Este tipo. de concepción constituye, a todas luces, uno de los más notables antecedentes de los descubrimientos modernos en esta materia.

Las autoridades halájicas judías han interpretado estos textos y subsecuentes discusiones de comentaristas bíblicos a lo largo de los siglos. El consenso general en los últimos 200 años ha sido el de permitir el uso de anticonceptivos sólo en situaciones urgentes, por razones médicas. El judaísmo considera la anticoncepción como una cuestión cardinal que requiere del manejo individual de cada caso, con el apoyo de una opinión médica competente y de consideraciones rabínicas.

Hoy en día, la mayoría de las autoridades religiosas judías continúan permitiendo el uso de métodos anticonceptivos -aun cuando no se haya establecido una familia- en los casos en que el embarazo puede ser un peligro para la madre o si se sabe con certeza que el bebé se podría ver afectado por una enfermedad congénita seria o por alguna anormalidad. En determinadas circunstancias, el rabino da su autorización basándose no sólo en razonamientos médicos, sino también en consideraciones ligadas a las necesidades psicológicas de la madre. Esta actitud no tiene como objetivo el favorecer las relaciones extramaritales ni el limitar el tamaño de la familia por razones sociales, demográficas o por conveniencia económica, sino que pretende una mayor compenetración en cada caso en particular, con el objeto de que la familia constituya n núcleo sano mental y físicamente.

Aborto. Hay distintos enfoques en relación con el tema, pero todos ellos se derivan de las fuentes básicas como la Biblia y el Talmud. La más directa afirmación se encuentra en la Mishná (código de leyes orales): Si una mujer está teniendo un parto difícil y su vida está en peligro, la salud de la madre toma precedencia a la del feto. En el caso de que el alumbramiento ya haya comenzado, la vida del bebé no puede tomarse por la de la madre.

Los judíos de la época bíblica, al igual que muchos otros pueblos del Cercano Oriente como los sumerios y los hititas, imponían una pena monetaria en el caso de un aborto. La Halajá lo prohibía pero no lo consideraba como un asesinato que exigía la pena capital. Alrededor de esta idea se ha desarrollado un cuerpo completo de literatura rabínica.

En su totalidad, el punto de vista tradicional judío en relación al aborto ha sido el de que, la terminación artificial de un embarazo, sólo se permite si implica un peligro para la vida de la madre. En un número limitado de casos, se permite el aborto en base a consideraciones personales, a saber, problemas psicológicos o económicos.

En años recientes, la cuestión del aborto se ha vuelto permisible cuando existen fetos malformados como consecuencia de alguna enfermedad de la madre -por ejemplo rubeola-o en el caso de que ésta hubiese ingerido alguna droga.

Así, las autoridades rabínicas -tanto ortodoxas como conservadoras como reformistas- no permiten el aborto indiscriminado, y éste no es una práctica común entre los judíos. Para el judaísmo, un aborto representa la devaluación de la vida, ya que el hombre y la mujer, al tomar una decisión que compete al Juez Supremo, trascienden su rol como humanos e interfieren en el designio divino.

Fuente: Jinuj.net
 

 

 

Paradojas sionistas ante el aborto

por Félix Bornstein

Eli Schussheim es un médico singular, un cirujano curtido en dos guerras que hoy, quizás por el paso de los años y como contrapunto a su porte convencional, te mira con los ojos exaltados de un viejo profeta del Tanaj, el Libro de los judíos. Algunas personas se infiltran entre sus contemporáneos como si fueran absorbidas desde el tiempo más remoto por una ventosa. Ésa parece ser la condición de Eli, la de un emigrado que sale de las ruinas del Primer Templo, se acicala un poquito alisándose las arrugas del traje y comparece en el Madrid del siglo XXI para hablarnos de lo que a él le interesa, que –no es ninguna casualidad- forma parte del abecedario moral de ayer y de hoy. Schussheim es un judío bonaerense que con el título profesional en la maleta (se graduó en 1963) hizo lo mismo que tantos otros muchachos de su generación. Eli abandonó la Diáspora y entregó su suerte a Israel. Jerusalén (1965), la Guerra de los Seis Días (1967), la campaña del Yom Kippur (1973), y luego su destino como médico del Parlamento israelí –la Knesset- fueron las etapas sucesivas de un médico visionario y aventurero entrado ya en una edad madura que, habiendo vivido tan rápido, quizás exigía una pausa, algún tipo de alto en el camino. Pero no fue el caso, Schussheim le pegó otro acelerón a su carrera de doctor, aunque desde entonces empezó a enfilar las curvas de su futuro de otra manera.

En 1977 la Knesset despenalizó la práctica del aborto en determinados supuestos, entre los que se incluía la edad de la mujer (la ley, por ejemplo, amparaba a las mujeres menores de 16 años y mayores de 40 que deseaban interrumpir su embarazo). Israel es un país que se caracteriza por sus contradicciones, y en el asunto del aborto no iba a ser menos. 1977 fue el año de la primera derrota electoral del Mapai, el partido principal del socialismo israelí, la columna de los pioneros laicos (o ateos) y progresistas bajo cuyo dominio político (1948-1977) el aborto estuvo en el Código Penal de Israel. Los socialistas heredaron, en su puritanismo de presidiarios y rehenes de un síndrome de Estocolmo sexual vigente en la Europa de la posguerra, la vieja legislación del Mandato Británico en Palestina. Puede que sea una coincidencia, una jugada de dados (excepto en las primeras elecciones, ningún gobierno israelí ha disfrutado de mayoría absoluta en la cámara), pero lo cierto es que la despenalización del aborto fue casi simultánea al triunfo del partido Herut y de su coalición del Likud, el motor de la gran derecha israelí. El Likud no es oficialmente una formación religiosa, pero su electorado es eminentemente conservador y en él predomina una visión religiosa sobre la naturaleza del judaísmo y del Estado. Pese a ello y al crecimiento de la religión en los últimos años, hoy se practican unos 20.000 abortos al año en Israel. Con la oposición manifiesta del gran rabinato.

No acaban aquí las contradicciones. La despenalización del aborto es una política legislativa poco funcional con los problemas demográficos de los judíos de Israel. La demografía es una cuestión vital para la supervivencia de un Estado creado y mantenido sobre los cimientos de una mayoría judía que, pese a su protección por todas las instituciones públicas, empezando por la llamada Ley del Retorno, está cada vez más en entredicho. Las familias árabes de Israel ganan por goleada: la tasa de natalidad de las mujeres árabo-israelíes es de 4,8 y la de las judeo-israelíes es del 2,6. La baza demográfica es el alfil o quizás la reina de una partida de ajedrez que enfrenta a los jugadores a largo plazo, un combate no predeterminado por las agujas del reloj, una partida sin tiempos reglamentarios.

El aborto es desconocido en el mundo islámico, pero es una realidad en Israel. Sin embargo, en esta colisión de valores entre la democracia y el pluralismo, por un lado, y las necesidades de su demografía, por otro, los judíos israelíes han demostrado algo que no les gusta a sus críticos incondicionales. Israel antepone la existencia y la realidad de sus contradicciones internas (delimitadas por la experiencia histórica de los judíos, por los requerimientos de la seguridad nacional de Israel y sobre todo por su decisión de ser una comunidad libre) a la pérdida de su carácter de sociedad abierta.

Vuelvo a Eli Schussheim. Este médico intenta conciliar la demografía y la religión dentro del sionismo. Su empeño le ha llevado a la presidencia de EFRAT, una organización con 50 años de existencia en Israel y ramificaciones en toda la Diáspora, incluida la de los judíos españoles. EFRAT es una entidad privada que se financia exclusivamente de forma privada. Es una más de las centenares de organizaciones sectoriales y temáticas que aglutinan a todos los judíos del mundo y constituyen el pegamento de su fraternidad. Pero, a los efectos que aquí nos ocupan, este rasgo del carácter judío no tiene importancia. Lo que sí la tiene, a mi juicio, es su potencial “exportable” en un asunto tan conflictivo y delicado como el aborto, y lo tiene – dentro de las fronteras de la razón razonante- para un amplio espectro de individuos que pueden contemplar el aborto desde ángulos muy alejados. Schussheim y EFRAT, a diferencia de los grupos pro-vida cristianos, no pretenden modificar las leyes que permiten el aborto ni realizar movilizaciones en la calle para pedir su derogación. Tampoco han optado por las discusiones que se inician y terminan en el mismo punto. Schussheim, en la reunión que convocó a muchos amigos de Israel en un hotel madrileño a comienzos de esta semana, sostuvo que “el aborto no es un problema ideológico”. EFRAT es un grupo “pro-elección” que reconoce sin restricciones la libertad que las leyes ofrecen a las mujeres para abortar. Aunque EFRAT intenta convencerlas y animarlas a que no lo hagan, al menos si lo han decidido por su situación económica o psicológica en ese momento.

¿Cómo lo hace, qué métodos utiliza? Su logística no es complicada, pero sí tenaz. EFRAT inserta anuncios en los periódicos de Israel mostrando su ayuda a las mujeres que puedan interesarse por ella. EFRAT pone, sin truculencias graficas, su idea de que no debe perderse una futura vida sin atender las consecuencias de una decisión que, tomada en una situación muy difícil, puede volverse luego contra la conciencia y la personalidad de la mujer que decide abortar, suscitando el interrogante hipotético e imaginario de si, contemplada “desde” un futuro leído en el presente pero no indefectiblemente consumado, “ha sido” o no una resolución irreversible y acertada. EFRAT presta además asistencia económica a las mujeres en el embarazo y durante los doce meses siguientes al nacimiento del hijo en principio no deseado. Y durante los años de infancia y adolescencia del niño, su madre recibirá el apoyo y la compañía no sólo de asistentes sociales, sino de antiguas abortistas potenciales que cambiaron de opinión. Schussheim afirma que su organización ha procurado en su dilatada historia el nacimiento de unos 40.000 bebés no deseados, de los que más de 3.800 corresponden al año 2009. La ayuda económica de los judíos españoles se habría traducido en este último año en el alumbramiento de 40 chiquillos en Israel.

Yo acudí a la convocatoria de EFRAT exclusivamente como un testigo curioso. Nunca he tenido, afortunadamente, que dar mi opinión sobre la cuestión del aborto, ni he estado cercano a este problema en mi entorno próximo. Considero que en este dilema la última palabra la tienen las mujeres afectadas y que la ley, asistida por la medicina y por la ciencia, debe proteger su decisión libre y fundada de abortar en situaciones de conflicto de valores que no tienen dos puertas de salida, que exigen la salvación de uno de los valores enjuiciados –la salud de la madre- a costa del otro.

No creo que haya muchas mujeres a las que les guste abortar. Su decisión de hacerlo es todavía un crimen en muchos países, y cuando no es así suelen recibir la condena y el reproche moral de muchos. Abundan en este campo los hombres, especialmente los que tienen creencias religiosas. Schussheim es un hombre muy religioso. Apenas sé nada de él, salvo la intervención de poco más de una hora a la que asistí hace unos días. Por mi parte, sólo puedo decir que, según tengo entendido, todos los rabinos aprecian las manifestaciones de la vida natural en cualquiera de sus fases y que algunos condenan moralmente a las mujeres que abortan. Todos no, ni mucho menos. A diferencia de lo que ocurre en el catolicismo, en el que hay una doctrina moral que se apoya en una estructura centralizada y jerárquica que tiene en su cúspide al Sumo Pontífice y al Código Canónico, el mundo de la religión judía se basa en el pluralismo y en el casuismo de la vida concreta de todos los días. Los rabinos dictaminan según el caso específico y a veces el aborto está justificado. La Halajá (la ley religiosa de los judíos) no tiene carácter normativo y admite muchas tendencias y opiniones diversas. La Halajá no es la llave que cierra un sistema completo y abstracto. Dios no cierra la vida de nadie. El verbo hebreo halj, que da fundamento a la ley, significa “ir” o “andar”, y hay muchas formas de caminar. Eso ya es bastante revelador. Mucho más lo es un asunto en el que ningún judío está en desacuerdo. La vida humana no empieza con la “concepción”, el individuo sólo alcanza su personalidad cuando su existencia es independiente de la madre que lo ha procreado. La vida humana –la neshamá, el alma vital o “limpia”- empieza con el nacimiento del individuo (con la aparición de la persona), no con la concepción y la formación del embrión en el seno materno.

Fuente: cuartopoder.es
 

 

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