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Aires de
guerra

por
Tiberio Yosif Klein
Si no fuera
porque nos afectará a todos en el mundo, es interesante
observar como hay toda una preparación previa a una
guerra a gran escala contra Irán y su programa nuclear.
Por supuesto que el problema es que Irán es uno de los
mayores productores mundiales de petróleo. Su primer
cliente es China, razón por la que este país veta
cualquier resolución contra su proveedor en las Naciones
Unidas. Otros consumidores del petróleo iraní son
España, que usa un 14,3% de ese país; Grecia con el 14%
e Italia con el 13,1%. Y justamente esa dependencia ha
sido la que frena a la Unión Europea para efectuar un
ataque masivo a Irán y su ahora desenmascarado programa
para obtener la bomba atómica. En efecto, si se cortara
el suministro de petróleo barato a esos países miembros
de la UE, la crisis en la que están sumidos se
acrecentaría enormemente, haciendo peligrar la
estabilidad y quizás la existencia misma de la Comunidad
Europea.
Rusia, por otro lado ataja a occidente en sus sanciones
o directamente en un posible ataque represivo a Irán
porque este país es un importantísimo cliente que le
adquiere armamento e insumos para su programa nuclear
entre otras cosas. El argumento diplomático ruso es que
no aceptaría un conflicto en sus puertas. Esto es un
débil pretexto ya que no tiene fronteras directas con
Irán.
Ese país flota en la zona de mayor producción mundial de
petróleo. Al norte, Irán limita con Azerbaiyán, el Mar
Caspio y Turkmenistán, zonas ricas en petróleo. Al este
tiene fronteras con Afganistán y Pakistán, países pasto
del terrorismo islámico, no sólo por sufrirlo, más que
eso por tolerarlo y ayudarlo. Al oeste tiene a Turquía e
Irak; la primera ha comenzado a presionar a Irán,
temerosa de que se desate un conflicto que pueda afectar
su estabilidad; y de Irak no hay nada que agregar, ya
que la ocupación estadounidense terminó haciendo honor
al dicho de que, al menos para los iraquíes, quizás fue
peor el remedio a la enfermedad, pues pareciera que sólo
ha servido para que empresas estadounidenses se
enriquezcan con la llamada reconstrucción. En cuanto al
sur, Irán tiene el Golfo Pérsico que después se torna en
el golfo de Omán.
Este golfo tiene un largo de 989 kilómetros por un ancho
máximo de 56 kilómetros, lo que para las aeronaves de
guerra actuales no es nada. Este mar es el que separa a
Irán de Arabia Saudita, a los Emiratos Árabes Unidos y a
Omán. La primera es su antagonista principal con su
sunismo, versus el shiismo iraní. Y para rematar su
posición geográfica, Irán está a tiro de piedra, por no
decir de misil, de Siria, que es su aliada en el
terrorismo, de Jordania y de Israel.
Lo anterior nos hace notar que la centralidad de Irán en
el oriente medio lo hace acreedor de una peligrosa
posición que le permitiría estar cerca de países que
tiene en la mira por su antagonismo religioso, como por
lo que considera la inserción de Israel en el territorio
que cree islámico. Esta centralidad es también otra de
las razones de ciertos países occidentales para frenar
una posible agresión a Irán debido a que podría ser la
chispa que encienda el entorno. A pesar de que por otro
lado los países sunitas verían seguramente con agrado
que otros hicieran el trabajo sucio de quitarle poder al
poderoso país shiita, su ancestral enemigo en la fe
islámica.
Para Israel el problema que presenta Irán es de
sobrevivencia. Hace tiempo habría atacado y destrozado
la capacidad nuclear de ese país, tal como lo había
hecho con la de Irak y de Siria en su germinación
temprana. Fue detenido por las razones anteriormente
mencionadas por Estados Unidos y la Unión Europea para
evitar un descalabro posible que les arruinara sus
intereses. Pero el tiempo ha pasado, y tal como no se
detuvo a tiempo a los alemanes nazis, Irán ha ido
incrementando su capacidad nuclear riéndose de los que
sólo hablan de detenerlo. Tiene a las poderosas Rusia y
China de su lado, y cuenta con que en caso de conflicto,
al menos Rusia entraría a defender sus intereses. Pero
eso no parece probable, ya que por mucho que ese país
tenga allí en juego, y a pesar de que aún cuenta con un
formidable arsenal nuclear y capacidad militar, de todas
maneras no se ve posible que le interese entrar en un
conflicto militar, y menos aún contra países
occidentales, de los que después de todo depende de
varias maneras.
El mundo está entrando en conflicto. En diferentes
lugares se producen manifestaciones de ciudadanos
descontentos, el terrorismo de los fundamentalistas
islámicos se incrementa. Se nota una efervescencia
mundial, semejante a la espuma del hervor en una olla en
la que se cocinan variados factores que pueden hacer que
el líquido de esta se desborde. Los modelos económicos
que se han intentado a lo largo del tiempo no han sido
completamente satisfactorios, unos menos que otros. La
interconexión mundial gracias a los modernos medios de
comunicación actuales hace que el efecto de
demostración, esto es el ver como viven otros comparados
al nosotros, frustre y haga protestar a las multitudes
insatisfechas. Estos síntomas son los que han precedido
a los conflictos sociales previos a las batallas
bélicas. A pesar de que a nadie le podría interesar que
suceda lo peor, al menos en el caso del irónico Irán no
se ven alternativas frente a su escalada en la
producción nuclear, y a sus amenazas abiertas de
destruir a Israel mediante bombas nucleares, lo que a
nadie parece importarle mucho, excepto por supuesto a
los israelíes
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