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Amália Rodrigues
en el décimo
aniversario de su fallecimiento

por
Mijael Vera
El miércoles 6 de octubre de hace 10 años (1999),
Portugal y el mundo de la música popular se vistieron de luto: había
fallecido la más grande cantante portuguesa de todos los tiempos.
Con una dilatada carrera artística de casi 60 años de éxitos, Amália
Rodrigues logró que a través de su voz fuese la propia imagen de
Portugal la que
surgiera a la hora de escuchar sus canciones, leer
sus versos, contemplar su filmografía. Consagrada como cantante
internacional a partir de la inolvidable interpretación de "Barco
Negro" en un filme francés, Amália Rodrigues reconoció
permanentemente al Fado como su reinado.
El Fado
El Fado es, junto al Flamenco y al Blues, la creación
popular que, probablemente, mejor refleja el alma colectiva de todo
un pueblo. Se trata de casi la única exportación cultural
portuguesa, además de la arquitectura y del idioma, desde luego. Se
trata de la bandera emblemática de un imperio otrora poderoso, de
dimensiones y extensión impresionantes y con aires de potencia en la
época de los descubrimientos. El Fado nació a mediados del siglo XIX
en los barrios humildes de Lisboa. Nació allí, en la pobreza, como
todas las formas musicales vinculadas con lo popular que se dan en
todo el mundo. Nació en los ambientes de la bohemia lisboeta, en las
tabernas del puerto, a través de las intrincadas callejuelas del
barrio de Alfama y de la Mouraría, cantando sus poemas de dolor por
el amor perdido, de celos, de amores marineros, de traiciones,
fatalidad y destino negro.
El Fado se convirtió, así, en la expresión de aquel que se resigna,
porque "el Fado acontece, se siente, no se explica" como declaró
Amália Rodrigues en más de una oportunidad. Nacida en un país que
queda en el límite extremo de Europa, en ese lugar solitario donde
"la tierra acaba y el mar comienza" como decía el poeta Camões,
frente a ese mar que fue siempre un sueño irresistible que hizo a
los portugueses sentirse poderosos y fuertes partiendo a la
conquista de los océanos, Amália cantó con fuerza propia el amargo
destino que siguió a la gloria de los descubrimientos. El Fado
continuó cantando esa desilusión, ese deseo de imposibles que se
llama "saudade", volviéndose al pasado y evocando lo que ya murió:
un amor infeliz, la partida del ser amado, los tormentos de una
pasión. En este canto, un destino individual se confunde con el de
todo un pueblo. Con el marco musical de las nostálgicas guitarras
portuguesas, especie de mandolina muy peculiar, Amália, estática,
envuelta en un mantón negro de fleco largo, entonó estos cánticos de
tristeza dándole al Fado su forma definitiva. Vendedora de naranjas
en los muelles de Lisboa, con una educación básica menos que
aceptable, con el hambre a cuestas, y un timbre de voz incomparable,
logró darle al alma del Fado aquella "saudade" que le caracterizó
desde entonces.
La Voz y la
Innovación
Cantando en lo que los especialistas llamaron "escala
española", Amália Rodrigues quebró la voz como nunca se había hecho
antes, y con un sabor de profunda raíz ibérica cantó al amor eterno.
Con una profunda intuición lusitana, ya desde muy joven Amália
Rodrigues comenzó a transformar el sentido pesimista del Fado
tradicional para liberarle del derrotismo anímico que
caracterizaba al modesto género. Desde entonces, el Fado verdadero es
el que "hace llorar, porque llorar es bueno para superar la
tristeza". Con, no sólo, los acentos apasionados de su voz, sino que
con una extraordinaria riqueza de matices, la Rodrigues introdujo
variaciones de dramática intensidad, como la prolongación de una
nota retardada en su efecto, o un sugerente silencio colocado con
arte. Esta técnica, nueva en el ambiente lisboeta, fue prontamente
imitada y se asimiló a las formas tradicionales de la interpretación
del Fado.
Por
otro lado, Amália cantó con una intensidad tan peculiar sus temas
que logró superar la barrera de los idiomas, logrando que quienes no
conocían la compleja pronunciación de la lengua portuguesa del país
lusitano, igual comprendieran el sentido de las palabras, aún sin
conocer el idioma. Este inusitado efecto le abrió las puertas de
países tan disímiles como México, Japón, Rusia, Inglaterra. No
fueron pocos los compositores de gran fama mundial los que
escribieron canciones para ella. Entre ellos debemos mencionar a
Cuco Sánchez ("Fallaste Corazón"), Charles Aznavour ("Ay,
Mourir Pour Toi"), Endrigo-Bordotti ("Canzone Per Te"),
entre muchos otros.
En sones de noches húmedas, de estrechas calles lisboetas, de brumas
crepusculares, y de amores que marchan para no volver, Amália
Rodrigues
incorporó al Fado a los más grandes poetas portugueses
desde el Renacimiento hasta la actualidad en una revolución musical
sin precedentes. Así, cantó a Luis de Camões, Linhares Barbosa, Luis
de Macedo, Pedro Homem de Melo, Alexandre O'neil, David Mourão
Ferreira, Amadeu do Vale, Manuel Alegre, Ary Dos Santos, entre
otros, no sin grande escándalo por parte de puristas y mentalidades
conservadoras. De esta manera, con el Fado ya enriquecido, Amália
Rodrigues se propuso un nuevo viraje cuando, a mediados de los años
60' comenzó a cantar a los poetas prohibidos, poemas que hablaban de
amores alternativos y emancipados de la mirada patriarcal de la
sociedad reaccionaria. El impacto internacional de Amália Rodrigues
fue enorme, triunfando en París, Nueva York, Tokio; se hicieron
múltiples versiones de "Lisboa Antigua" y de "Abril en Portugal"
(Coimbra), se la llevó al cine portugués (lamentablemente
desconocido en nuestras tierras) y se la reconoció y aclamó en todo
el mundo como la "Rainha Do Fado".
En
los años 70' su carrera se vio fuertemente complicada en Portugal.
La Revolución de los Claveles (25 de abril 1975) que logró derrocar a
la dictadura fascista de manera masiva y pacífica, derivó
rápidamente hacia expresiones de rechazo al "pasado" en donde Amália
era el símbolo del Fado, canción que fue calificada de "derrotista".
Pero con la misma velocidad, una vez instaurado el sistema
democrático en el país, las cosas volvieron a su lugar.
En
los años 80' Amália una vez más vino a sorprender a su público al
cantar sus propios poemas los que se incorporaron rápidamente a la
conciencia colectiva de los portugueses. Inexcusable resulta,
entonces, no conocer un "Estranha Forma de Vida", un "Ai,
Esta Pena De Mim", o un "Lágrima", versos sentidos y
profundos que mostraron una nueva dimensión de esta cantante-poeta.
La Paradoja
Junto a este notable
éxito que perduró por cerca de 60 años , se dio una
curiosa paradoja: sus discos, que suman más de 150 álbumes, jamás
fueron editados a escala masiva. Fue el deseo de Amália que sus
discos nunca fueran editados en cantidades espectaculares porque
ella estimaba que la experiencia del Fado debía darse en persona, en
el espectáculo en vivo. De hecho, muchos álbumes fueron editados con
número de serie, no superando la cifra de mil o dos mil ejemplares.
Quizás ésta sea la razón de que su obra sea conocida en Chile sólo
por pequeños círculos de "iniciados". Amália Rodrigues siempre quiso
que fuese así; rehuyó los espectáculos masivos hasta donde pudo
hacerlo, y recomendaba escuchar sus discos a solas, con un vaso de
vino dulce, y, ojala "a la luz de las velas".
Sin embargo, sus discos
fueron grabados, muchas veces sin ella saberlo, cuando sus
productores registraban los ensayos que ella hacía en su casa.
Dato significativo es que Amália Rodrigues ha sido la única cantante a nivel mundial
que tiene su voz registrada en todos los sistemas de grabación
inventados durante el S.XX....
Amália y
los judíos
Curiosamente Amália Rodrigues tuvo un récord especial: fue una de
las primeras cantantes de relevancia internacional que efectuó un
recital en Israel volviendo a ese país en innumerables
oportunidades. Su amor por el Pueblo judío era de una autenticidad a
toda prueba, y de eso es testigo el autor de este artículo que
mantuvo una amistad personal con Amália Rodrigues por casi veinte
años.
Ya en
los años 50' Amália, para sorpresa de la conservadora mentalidad
portuguesa de la época, grabó una canción sefaradita (Petenera
Portuguesa), que obtuvo gran éxito a escala europea.
En
los años 60' establecida una extraordinaria complicidad artística
con el músico Alain Oulman, su producción se vio enriquecida con
matices semíticos de vital complejidad. Precisamente es en esta
época en que se desató una persecución política por parte de la
dictadura contra Oulman bajo la acusación de ser "judío y
comunista", ambas cosas verdaderas. Oulman, detenido y torturado fue
liberado sólo por causa de las gestiones que la propia Amália
Rodrigues hizo ante autoridades del Estado volviendo rauda desde
Israel donde se encontraba efectuando una gira. Oulman fue liberado
pero le fue quitada la nacionalidad y expulsado del país. Amália
jamás perdonó esta afrenta de corte antisemita. Oulman pudo volver
sólo después de 1974 cuando la dictadura cayó por el empuje de la
Revolución de los Claveles.
En el año 1991 el Estado de Israel condecoró a Amália
Rodrigues con la Medalla "Jerusalem", en homenaje a su postura en
defensa de los judíos y su decidido apoyo a la causa sionista. En el
año 2001, ya fallecida la artista, fue plantado un árbol en
homenaje a Amália Rodrigues en el Estado de Israel, en mención
a su compromiso con la defensa del Derechos Humanos.
Los últimos momentos
En la década de los 90', Amália Rodrigues recibió el
reconocimiento oficial de España, Francia, Israel, Inglaterra y del mismo
Portugal en sendas condecoraciones que le fueron entregadas con
todos los honores. Recorrió los más grandes escenarios del mundo
entero para despedirse en emotivos recitales y se dedicó a
reescribir sus memorias. Hacia finales de su existencia, apareció un
álbum de magnífica calidad con grabaciones inéditas de sus años
jóvenes, junto a un libro de poemas de su autoría.
La mañana del 6 de
octubre de 1999. la Enciclopedia Larousse la denominaba, junto a Ima
Sumak, Edith Piaf, Om Khalsoum y Ella Fitzgerald, una de las 5
mejores cantantes populares del S. XX. Sólo minutos antes Amália
Rodrigues había fallecido tranquilamente en su casa de Lisboa a los
79 años de edad.
Sepultada en una modesta
tumba, el Estado Portugués debió ceder a la presión popular y
trasladar sus restos hasta el Panteón Nacional que es donde se
encuentran los héroes de siglos de proezas lusitanas. Es la única
mujer que se encuentra allí.
Lo que queda
Con
la voz de Amália Rodrigues es la propia imagen de Portugal la que
nos surge. Y esto que pudiese parecer una simplicidad mayúscula, es
reconocido hoy por todos los estudios especializados de la cultura
portuguesa del siglo XX. Jamás cantante alguna de ningún país
del mundo logró esta dramática fusión. El Fado en la voz de Amália
se tornó parte integrante de la vida de Lisboa. Para el forastero
resulta ser la máxima expresión del alma portuguesa. Para los
grandes intérpretes de música ligera es una cita obligada. No en
vano declaraba un prestigiado crítico francés en 1995: "Amália
Rodrigues es, para los amantes de la buena música popular del siglo
XX, algo así como "El Acorazado Potemkim" para los aficionados al
cine-arte...".
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