|
El amigo israelí
En cualquier caso, es sorprendente que tanta gente opine tanto sobre un país del que no sabe nada por Pilar Rahola A pesar de los muchos años que llevo en el tema, aún me sorprende la pregunta. Cada vez que mi nombre o el de algún amigo se asocian a la palabra Israel, ya sea por una charla o un libro, siempre aparece alguien que pregunta ¿por qué? Y por supuesto nunca se trata de una pregunta virgen, nacida al albur de una conversación despreocupada, sino con aire de interrogación acusatoria. Es mentar a Israel, y a algunos se les abre la puerta del infierno, los demonios salen a pasear y todos los tópicos del diccionario de burrilandia caen encima del hereje.
Por supuesto
aparecerá en la conversación la palabra sionista, lo
cual no significa que el susodicho haya oído hablar de
Theodor Herzl, ni tenga pajolera del sustrato socialista
que palpitó en la creación del sionismo, ni sepa nada de
la democracia israelí. Y por no saber ni tan sólo sabe
que acusar a alguien de sionista es una simpleza de
ignorante. Pero han oído algún tam-tam y han leído
alguna web de esas que perpetúan los estigmas
antisemitas, tanto en su versión de extrema derecha como
de extrema izquierda, y se creen que están diciendo algo
muy gordo. Personalmente no me importa nada, porque
aunque es evidente que no lo soy –el sionismo
corresponde a los israelíes–, también es cierto que el
sionismo es una historia de éxito, capaz de haber creado
de la nada un país de altísimo nivel tecnológico y
científico, con una democracia sólida que integra gentes
de todas las procedencias y, encima, sobrevivir en medio
de países enemigos que los hostigan bélicamente, tanto
con guerras como financiando la violencia terrorista. Si
algo ha triunfado en aquella zona convulsa es
precisamente el sionismo, otrora, por cierto, sinónimo
de progresismo. Pero como la mayoría de los que opinan
sobre Israel no saben nada, se creen que están
insultando ferozmente.
Fuente:
La Vanguardia / PorIsrael |
Comparta este artículo con sus contactos: