Lo que los árabes de Israel quieren y lo que no quieren

por David Mandel


Comenzaré por lo que no quieren: los árabes israelíes, o, como algunos de ellos prefieren llamarse, "los palestinos que tienen ciudadanía israelí", rechazan rotundamente cualquier arreglo territorial con los palestinos de Gaza y de la Cisjordania, por medio del cual áreas de la Cisjordania donde se han construido poblaciones israelíes serán cambiadas por áreas de Israel donde hay poblaciones árabes. No habría transferencia de populación, sino transferencia de nacionalidad con todo lo que esto implica: el pago de impuestos ya no lo harían a Israel sino al estado palestino; el derecho a votar por representantes a la Knesset y el derecho a ser elegidos a la Knesset serían reemplazados por el derecho a votar por representantes al Parlamento palestino y ser elegidos al Parlamento; la bandera que ondea sobre la municipalidad local ya no sería la de Israel sino la del estado palestino; el pasaporte ya no sería israelí sino palestino.

Es difícil de entender porque están tan apasionadamente opuestos a esta solución territorial del problema de fronteras, ya que, tanto sus representantes en la Knesset como sus organizaciones, no pierden oportunidad de manifestar la antipatía, (en ciertos casos se podría decir el odio), que sienten hacia el Estado Judío.

Sus organizaciones, en teoría, tienen el propósito de defender los derechos de los ciudadanos árabes. En la práctica activan abiertamente para destruir la existencia de Israel, cuya mayoría (80% judía) tiene el derecho democrático de determinar el carácter del país, respetando los derechos de la minoría, pero no a costa de permitir que la minoría sea la que dicte el futuro de la nación.

Hace algunos años la organización árabe-israelí Adalah propuso una constitución que definía al estado, no como judío, sino como "democrático, bilingüe y multicultural", slogan que esconde la eliminación de Israel como estado judío. Adalah quiere que la Ley del Retorno, que permite a todo judío inmigrar a Israel, sea abolida. El himno nacional Hatikvah y la bandera de Israel deben ser cambiados. Los millones de descendientes de los refugiados que abandonaron Israel en 1948, a pedido de los ejércitos árabes invasores, tienen el derecho de regresar.

Otras organizaciones árabes-israelíes, tales como Mada al-Carmel, Mossawa, y el Alto Comité Monitor Árabe, exigen que el sector árabe sea autónomo, que los árabes-israelíes tengan representación separada en los forums internacionales, que los árabes tengan derecho al veto de toda legislación, que se eliminen los símbolos judíos del estado, y que se termine la inmigración judía.

Las organizaciones mencionadas arriba son las que se pueden considerar "moderadas". Hay otras organizaciones árabes-israelíes que van más lejos. Una de ellas es el Movimiento Islámico cuyo jefe ha dicho en más de una ocasión que la existencia del ente sionista ya es, en si, un acto de guerra contra los árabes.

Lo curioso es que la mayoría de estas organizaciones están financiadas por el New Israel Fund, un fondo manejado por israelíes judíos de izquierda, que reciben dinero de países europeos.