Recuerdos con aroma a café…

por Buly Hazan

Recordando mi barrio Judío Las Heras, (en realidad habían árabes, turcos y españoles también, pero nosotros éramos mayoría) en Concordia, les comenté que en los días de frío se sentía un delicioso y tentador aroma a café que se extendía por todo el barrio.

El tostadero de Café Bermejo, se encontraba a mitad de cuadra, sobre la calle Sarmiento, entre Las Heras y 25 de Mayo. Pertenecía a Nesim Luís León (Isidoro), uruguayo, nacido en Salto el 17 abril 1919, el menor de cinco hijos de Emilia Rosas y Alberto León, inmigrantes izmirli, ella (Turquía) y griego él.

Cuando Isidoro era muy chiquito, su padre murió y la madre muy joven se trasladó a Argentina a casa de sus hermanas, también viudas con niños pequeños, en Lucas González y luego a San Salvador, ambos en Entre Ríos.

Es de imaginar, en esa época en que estaba mal visto que las mujeres trabajaran, que la vida no sería fácil en esa casa y por lo tanto, desde muy joven Isidoro ya viajaba y recorría el litoral vendiendo mercaderías. En uno de esos viajes, conoció a un pasajero en el tren, que le comentó las virtudes del café, y allí comenzó lo que actualmente es considerado un estudio de mercado.

Comenzó a averiguar qué se necesitaba, como se producía el café, donde podía adquirir los granos, etc. y viajó a Buenos Aires para informarse. Hablar por teléfono podía demorar semanas enteras, y el tren llegaba hasta Concepción del Uruguay, allí debía tomar un barco, por el río Uruguay, cruzar el Delta del Paraná y de allí, nuevamente un tren hasta la gran ciudad. Le demandó unas cuantas horas.

N. Luís León (asi lo conocían) se decidió y al poco tiempo ya instalaba en Concordia, con solo 17 años de edad, el primer y único Tostadero de Café de la provincia de Entre Ríos, con la marca Registrada Café Bermejo. (Había conocido al señor recorriendo el Río Bermejo, en Chaco).

Tostadero

Compraba los granos de café crudo en bolsas de arpillera que se apilaban alrededor del tostador de café y la tolva, que lo alimentaba. La bola de café o tostador era una tambor esférico de acero pesado, que se hacía girar manualmente, una y otra vez con gran esfuerzo dentro de un gran fuego a leña con forma de caldera y, una vez tostado y/o torrado se esparcían los granos en las camas de malla metálica tamizadoras (este era el momento en que el aroma a café, que nos deleitaba, aunque me aclaran sus allegados que a otros, no), inundaba el barrio. Con el objeto de que le entrara aire, desde abajo, se daba vueltas con palas para evitar que el azúcar en contacto con el grano produjera endurecimiento y aglutinación como si fuese piedra impidiendo la molienda. Los vapores de la cocción subían por la chimenea y se esparcían por el barrio…

Tostadero mecanizado

Al principio trabajaba solo, el esfuerzo era muy agotador porque debía ser rápido para evitar que el grano se quemara con la consecuencia de pérdidas económicas irreparables… Luego procedía a la molienda y el envasado manual. A la tarde con una presencia impecable, característica suya, cargaba las cajas y salía a entregar los pedidos.

Además, con una muestra del producto obtenido, visitaba a su primo y amigo Hazán, que preparaba un poco del café y evaluaba sabor, tostado, azúcar, molienda mas o menos fina, etc. Y de allí a modificar y vuelta a probar hasta que consiguió el punto óptimo.

En busca de progreso y nuevos rumbos para su espíritu inquieto, se trasladó a Buenos Aires con la idea de hacer importación directa de granos de café, pero sus expectativas comerciales no fueron correspondidas por sus ocasionales socios y regresó a Concordia.

Ahora, despegó como gran empresario: tostadero a gas, molienda y envasado con máquinas eléctricas, y automáticas, en la planta que fundó en calle Sarmiento 1077 y que funciono durante cincuenta y tres años, siendo durante ese periodo el único Tostadero y Fabrica de Café de la provincia de Entre Ríos Sus herederos mantienen y conservan intactas las instalaciones y sus maquinas, a pesar que cerro sus puertas hace veintidós años.

Como comerciante se matriculó en el Registro Público de Comercio de Entre Ríos, siendo así uno de los primeros comerciantes de la provincia de Entre Ríos, Matricula Nº 003.

A nivel nacional formó parte del Grupo COMPRO, proyecto asociativo de comerciantes, lo que hoy se conoce como ACE (Asociación de Colaboración de Empresas), y participó de la primera reunión de la Federación Nacional de Comercio Mayorista, como parte de su intensa actividad institucional.

A pesar de haber cursado solo un segundo grado de educación primaria en su pueblito entrerriano, tenía ideas muy claras en las reuniones nacionales donde se discutían políticas de ventas, mejor atención al cliente y proponía que el interior se beneficiara con mejor calidad, menores precios y las mismas posibilidades que la Capital Federal.

Anexó la fracción de especias y te de Misiones y su distribución al resto del Litoral.

La Comunidad Sefardí de Concordia también se beneficio con los proyectos de este gran hombre que aunque no era religioso, se preocupaba por la continuidad y bienestar de la Keilá.

Durante su presidencia de la Asociación Agudath Israel Sefardí de Concordia, que ahora esta próxima a cumplir 100 años y en la que tenía grandes amigos familiares, construyó el nuevo edificio, que continúa en muy buenas condiciones. El pensaba que los “djidios” de Concordia se merecían un lugar donde rezar y encontrar paz espiritual.

No fue fácil su empresa ya que muchos, no comprendiendo su proyecto, se opusieron, en un gran debate sobre las condiciones que debía cumplir la ampliación de la constricción actual , llegando a renunciar las figuras principales de la Comisión Directiva.

Isidoro León asumió la conducción como 1º vocal, encaró la reforma y hasta hoy, forma parte de las instalaciones donde semanalmente se realizan las actividades comunitarias, sin que haya surgido ninguno de los inconvenientes que temían sus contemporáneos. Siempre iba adelante sin temores y con ideas claras.

El sostenía que tenía la paz porque su objetivo era ayudar a la gente, empujar a los emprendedores, cuando visualizaba alguien con proyectos y ganas de trabajar de cumplir o alcanzar una meta, el estaba cerca para apoyar . Sus dichos eran: “- ¡animate, podés!”, “- ¡te va a ir bien!” y hasta ayudarlo con unos “pesitos” como decía.

Su sobrino, Moisés Hazan, recordó que “ cuando los médicos le pronosticaron los riesgos de su salud por sus afecciones, siguió viviendo a pleno según sus objetivos lo que el presentía eran sus últimos días, no bajó los brazos, solo se despidió de sus amigos y se fue…dejándonos el más brillante de los recuerdos)

Falleció repentinamente, cuando todavía podía dar mas impulso al progreso de Concordia. En esos momentos empleados, amigos y hasta desconocidos expresaban a sus hijas reflexiones de hechos sobre los que el nunca había echo mención como:” tengo el almacén gracias a León”.- “construí mi casa gracias a León”, “-Tu padre me empujó y me ayudó…..”

Nesim Luís León (Isidoro) sigue viviendo en el recuerdo de sus amigos y familiares y la Comunidad de Concordia y merece un lugar entre los que hicieron posible que la Comunidad Sefardí de Concordia se aproxime a sus 100 años de vida.

Fuente: eSefarad
 

 

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