Arrogancia, Ignorancia y Desprecio: Nuestros peores enemigos

En respuesta al artículo"...y palestina se quedó sin voz" de Marcela Caradeux

por Nico Riethmüller – Director El Diario Judío

Lamento mucho que como judíos nos cause tanta impresión que un grupo de jóvenes palestinos se presente como Jerusalem por la Paz, siendo que somos los judíos los que no estamos dispuestos a compartirla. Lamento mucho que nos burlemos de que los jóvenes palestinos son educados para autodestruirse en orden de matar judíos en atentados terroristas, siendo que es la opresión de Israel tras generaciones sobre el pueblo palestino la que fomenta finalmente estas condiciones de subsistencia. Lamento mucho que consideremos al pueblo palestino como mediocre por no estar tan económicamente desarrollados como Israel, siendo que su subdesarrollo es también nuestra responsabilidad.

Si bien podemos pensar que los judíos estamos “para mejorar el mundo”, ciertamente no lo hicimos con el pueblo palestino, ya que la construcción de nuestro Estado significó para ellos el traslado de poblaciones a nuestro completo antojo. Lo que más me impresiona, es que mientras este tipo de frases en nuestras limitadas comunidades causan impacto y son consideradas difamación, acá en Israel son parte de la realidad: no podemos estar orgullosos de todo lo que hemos hecho, porque simplemente hay cosas que no fueron humanamente correctas.

Me parece absurdo que exaltemos la caballerosidad de Israel frente a sus vecinos cuando estamos precisamente viviendo una de las Cancillerías más ofensivas que ha tenido la Medina, mandando un mensaje prepotente y muy poco diplomático.

Nombrar a Rodrigo Hinzpeter como ejemplo de bendición hacia lo no judío lo encuentro demasiado cínico, tomando en cuenta el horrible manejo que dio el gobierno a las demandas del movimiento estudiantil y de la sociedad entera, y la dura e injusta represión ordenada por el Ministro que protagonizó Carabineros hacia la sociedad civil. Y pensar que Hugo Chávez tiene cáncer por castigo divino al maldecir a Israel, no solo es absurdo, sino además preocupante.

Para avanzar en la resolución de este conflicto, cuando se enfrenta un país con un agente que no lo es, la responsabilidad la tiene siempre el país constituido, agente más poderoso y con mayor posibilidad de acción. Debemos entender que lo que hace a Israel más poderoso, lo que más le conviene, raramente será mejor para alcanzar una resolución verdadera al conflicto, porque solamente terminará desequilibrando las partes, como nos pasó tras la guerra del 67.

Si queremos ver a adultos compartiendo como lo hacen los niños, de diferentes países jugando juntos y felices, el cambio de actitud debería comenzar por nosotros mismos. Ahora es cuando, no podemos dejar que otra generación se eduque en la arrogancia, ignorancia y desprecio, sino todo lo contrario.

 

 

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