Rosh Hashaná y el Arte de Desear

por Yaakov Astor

Hace tres años, un nuevo método de auto-ayuda hizo furor en el mundo. Ofreciendo nada menos que todo, desde la riqueza inimaginable hasta la felicidad y encontrar el alma gemela, la gente detrás de de este método afirmaba haber descubierto un “secreto” muy antiguo que había sido cuidadosamente guardado y transmitido de generación en generación por miles de años a través de muchas culturas. Presentando este “secreto” a las masas por primera vez en la historia, llamaron a su film documental y al libro adjunto: “El Secreto”.

E hicieron un dineral.

Después de que pasó el furor, la esencia del “secreto” es una poderosa idea expresada en el Talmud, que tiene una relevancia especial para Rosh Hashaná.

La dinámica operativa detrás de “el secreto” es un concepto llamado la “Ley de Atracción”:

Todo lo que está viniendo a tu vida, tú lo estás atrayendo a ella. Y es atraído en virtud de las imágenes que tienes en tu cabeza. Es lo que estás pensando.

Te conviertes en lo que más piensas, pero también atraes lo que más piensas...

Hace tiempo, los rabinos del Talmud dijeron: “La forma en que la persona desea ir es la forma en que será dirigida” (Makot 10b). Si una persona realmente quiere hacer algo -para bien o para mal- todos los elementos del mundo que la rodean, la ayudarán a ir en esa dirección. El universo conspirará para ayudarla a lograr su intenso deseo.
Hacia lo que queremos –lo que realmente deseamos— allí es donde seremos dirigidos.

El Sabio de Corazón

Un versículo en la biblia dice: “A quienes son sabios de corazón les he dado sabiduría” (Éxodo 31:6). Si para recibir sabiduría debes primero tener un corazón sabio, ¿Cómo consigues un corazón sabio para comenzar? Es un callejón sin salida.

La respuesta es que la característica distintiva de una persona que es “sabia de corazón” es que tienen un deseo ardiente por sabiduría. Si tienen este deseo, entonces la sabiduría vendrá.

El énfasis en el versículo está en la palabra corazón: si el corazón lo desea entonces la sabiduría vendrá. Lo que quieres debe ser no sólo un entendimiento intelectual, sino algo que esté palpitando dentro de tu corazón. Si tu corazón está entumecido, no haces nada. Sólo haces algo cuando realmente lo deseas.

Lo Primero en la Mañana

El gran sabio del siglo 18, el Gaón de Vilna, sugirió utilizar esta técnica a primera hora en la mañana. Los pensamientos de la mañana temprano tienen una intensidad especial -esos momentos de ensueño mientras todavía estamos en nuestra cama, antes de despertar completamente.

Si tu primer pensamiento en la mañana es conectarte con lo que deseas -con lo que realmente deseas- te levantarás con energía. Estarás enfocado y no serás desviado por distracciones. Y las cosas ocurrirán. Una solución práctica vendrá a tu mente. La gente llamará y dirá que sí. Las puertas se abrirán.

Entonces, ¿qué es importante para ti? ¿Hacia qué dirección está apuntada tu flecha? ¿En qué estabas pensando cuando te levantaste esta mañana? ¿Cuál fue tu primer deseo del día?

Cualquier cosa que realmente esté en tu corazón, el día conspirará para ayudarte a conseguirlo.

A veces la vida te envía una situación para probar la fortaleza de tu decisión. Por ejemplo, si has decidido que no te vas a enojar hoy, puede que igualmente te encuentres en una situación claramente tensa. Si pasas la prueba estarás mucho más fuerte y más equipado para manejar las situaciones similares en el futuro. Es como un cohete que deja la atmósfera: lucha poderosamente en contra de la gravedad, pero luego alcanza el punto en el que finalmente llega al espacio y la resistencia termina.

El comienzo de todo es el deseo intenso de hacerlo.

Eres lo que Deseas

El termómetro de lo que somos es lo que queremos. ¿Qué quieres? ¿Te excitas cuando llegas a hacer algo insalubre y perverso? ¿Estás ansioso y deseoso por hacer algo sano y bueno? Lo que deseas es una vara para medir quién eres.
Tienes una oportunidad de oro ahora mismo, cada día y cada mañana, de repensar lo que quieres. Si te tomas el tiempo, ya sea sólo unos pocos minutos para pensar en lo que quieres, eso puede ayudarte a cavar hasta la raíz de lo que realmente quieres. Y a partir de allí todo puede empezar a fluir.

Aunque esta oportunidad existe todos los días, en Rosh Hashaná esta pregunta es el punto clave. Rosh Hashaná es el día para imbuir todo el año con lo que queremos. Si hemos estado queriendo las cosas equivocadas, en Rosh Hashaná podemos generar un cambio global en nuestra existencia al desear verdaderamente las cosas correctas.

En Rosh Hashaná estás fijando la dirección del año que entra. Es hacer un seguimiento de lo que queremos que sea el resto del año. Rosh Hashaná trata sobre querer las cosas correctas, porque lo que queremos -lo que realmente queremos- es hacia donde seremos dirigidos.

El Corazón en Conflicto

Pero hay veces en las que no obtenemos las cosas que queremos. Y dado que claramente no estoy donde quiero estar, ¿cómo puede ser que seamos dirigidos hacia donde queremos ir?

Primero hay que realizar un chequeo del inventario. Posiblemente tienes más de lo que piensas, incluyendo eso mismo que quieres, sólo que no te das cuenta.

Otras veces, el deseo no viene a la realidad porque Dios no quiere que ocurra por alguna razón en particular. Hay circunstancias que están más allá de nuestro control, por nuestro bien.

En otras ocasiones, hay una situación intermedia -en donde a la persona se le ha entregado en sus manos el poder para cambiar su situación. Esa es la persona que alberga conflictos de deseos. Desea realmente una cosa, pero al mismo tiempo tiene un deseo que está en conflicto con eso. El segundo deseo puede ser inconsciente, pero crea una ambivalencia que reduce su foco, su energía y su habilidad para seguir la trayectoria.

Por ejemplo, una persona puede decir que desea ganar dinero, pero al mismo tiempo tiene una vocecita dentro que le dice que “el dinero es la raíz de todos los males”. De esta manera, se genera una batalla en su corazón cada vez que va a conquistar financieramente al mundo. Comienza con una energía tremenda, y luego obstaculiza el camino. De repente, “el dinero es la raíz de todos los males” resuena en su cabeza, ya sea conscientemente o no. “¿Por qué estoy desperdiciando mi tiempo?”, se dice a sí mismo. Por lo tanto renuncia.

El mismo conflicto puede existir en asuntos espirituales: quiere hacer el bien pero cree que los que hacen el bien son ingenuos, tontos y aburridos. O al mismo tiempo que quiere hacer el bien tiene un deseo por hacer algo malo. E incluso si gana la batalla, el costo puede ser la energía que necesitaba para lograr un avance real.

Un versículo en Salmos dice: “Un corazón puro –crea dentro de mí, Dios” (51:12). El corazón es equivalente a lo que quieres. Nacimos para querer lo que es bueno. Sin embargo, a medida que avanzamos en la vida podemos perder contacto con ese instinto natural. Cuando al rezar le pedimos a Dios que “purifique nuestros corazones” Le estamos pidiendo que “purifique nuestros deseos”.

Cuanto más puro sea el deseo del corazón, más posibilidades hay de que la persona tenga éxito. Cuanto más intenso es el anhelo, más posibilidades hay de alcanzar un logro.

Si tu corazón no lo desea realmente, seguramente no durará. Una persona es dirigida en la dirección de su deseo –sólo cuando realmente lo desea en lo más hondo de su corazón. Si una persona tiene cosas que le impiden avanzar, eso puede ser una señal de que, en cierto sentido, no lo desea lo suficiente.

¿Qué puede hacer una persona así?

Primeros Pasos

No hay respuestas simples, pero el punto de partida es la fe en el poder de los pasos pequeños. Un éxito lleva a otro éxito. Y ese éxito lleva a otro éxito. Eventualmente, se crea una masa crítica de éxitos y el gran avance ocurre de la nada.

Una leve mejoría en la dirección significa que no estás estático. Lo peor es quedarse en el mismo lugar. La definición de estar vivo es cambiar, moverse. No hay que desechar los cambios más pequeños. Al contrario, enfócate en los cambios pequeños. Esos son los que crearan un impulso en la dirección correcta.

Una vida entera de deseo por cosas incorrectas puede ser revertida con ese pequeño primer paso.

El Arte de Desear

Mientras más unidad exista en el propósito de la persona, descubrirá más cantidad de poderes que ni siquiera sabía que tenía. Esto comienza cuando determinas que vas a hacer que eso ocurra, cuando hay un acuerdo total en el ser humano en que esa es la dirección en la que tengo que ir.

La clave es la intensidad del deseo. Como cualquier arte en el que trabajas. Esto es lo que hace falta para transformar tu deseo verdadero -tu voluntad inicial- en manifestaciones tangibles en el mundo.

La palabra hebrea para “voluntad” es “ratzón”, de la raíz “ratz”, “correr”. Al igual que la fortaleza física y la energía dependen de la intensidad del régimen de trabajo, la fortaleza del ratzón depende de su intensidad.

Un rayo láser es un haz de luz concentrada. Imagina un día muy soleado. Ahora imagina que tienes una lupa en ese mismo día muy soleado y focalizas la luz en un punto. Puedes hacer un fuego. Es la misma luz que está brillando en todos lados, pero ahora la lupa la está concentrando.

La diferencia entre el éxito y el fracaso es a menudo la habilidad para concentrarse, para focalizar toda la atención en un único objetivo. La concentración es más importante que la inteligencia en bruto. Tener un objetivo muy claro puede impulsar a una persona con una mente menos capaz a alcanzar logros más grandes que una persona con una mente más capaz que no está focalizada. Una mente rápida no es necesariamente una mente enfocada.

Desear es la base de lo que somos y es la cosa por la que más responsabilidad tenemos. Todo comienza ahí. Y Rosh Hashaná es el día, más que ningún otro, para afinar tu arte, para trabajar en el arte de desear.



Muchas de las ideas en este artículo están basadas en clases del Rabino Nóaj Orlowek.

Fuente: aishlatino.com
 

 

 

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