|
Lo llaman "atrasismo"
por Marcos Aguinis Desde España, el escritor Horacio Vázquez-Rial nos provee de una palabra develadora que acaba de acuñar: "atrasismo". Se refiere a una potente ideología, infiltrada en los espacios de la izquierda (o llamada izquierda), que en lugar de querer un avance hacia el progreso, impulsa hacia el atraso. Es cierto que ama a los pobres y marginados, pero no los ayuda a superar la miseria. Por el contrario, la miseria de franjas cada vez más grandes es celebrada como una victoria.
Vázquez-Rial cita a Carlos Alberto Montaner,
quien describió a los miembros de esta filiación absurda como
"gentes que, paradójicamente, admiran el modelo de desarrollo de los
pueblos que menos progresan". Aparecen los ejemplos de Venezuela,
Bolivia y Cuba, entre otros. En vez de apuntar hacia el mañana, se
atornillan a un ultraconservadurismo empobrecedor que les impide
avanzar. Un líder indigenista boliviano confesó que "nuestro futuro
es nuestro pasado". Terrible. Porque el derecho a cultivar la
hermosa identidad indígena y los valores que ella contiene son
distorsionados hacia una dirección autodestructiva. En lugar de
ponerse al día, para que esos factores sean dinámicos y productivos
en el presente, aspiran a quedarse atados a las tumbas. Es tan
ridículo como si los egipcios pretendieran vivir en los tiempos de
los faraones y los italianos en los de César Augusto. No se mira lejos. Sólo se quiere la descomposición y la caída del capitalismo. Este anhelo se vigorizó con el indigerible fracaso de las experiencias estalinista, maoísta, castrista y guerrillera. El deseo de muchos Vietnam expresado con sinceridad tanática por el Che no se ha cumplido. Algunos reemplazan esa catástrofe (con antifaces de cierta respetabilidad) por el terrorismo islámico. No hay que ser muy agudo para descubrir estalinistas, maoístas y castristas entre quienes aparentan defender ahora la democracia y, de un modo artero, esquivan la mirada y el discurso ante el avance de los talibanes y la persistencia de muchas dictaduras. El "atrasismo" tiene hondas raíces. Proviene de los tiempos en que comenzó la esclavitud entre los seres humanos. Una persona encadenada a otra y obligada a producirle riquezas de modo forzado no podía dejar de anhelar quemárselas. Su primera aspiración era sabotearlo, herirlo y asesinarlo. Luego quitarle lo que tenía. Esto se mantuvo e incrementó a lo largo de milenios. Las crónicas y la literatura ofrecen infinitos testimonios. La epopeya radicaba en asesinar al tirano, no en narrar cómo el oprimido luego se dedicaba a crear su propia riqueza. Esto último es aburrido y no estremece. Estremece demoler al opresor. En la misma línea va la saga de Robin Hood: quitar al que tiene. La distribución alegra, pero no estimula a seguir produciendo, de esto no se habla.
Una línea semejante cursa el tema de la
plusvalía. Cuando Marx la estudió, no tuvo a su alcance las pruebas
de que la riqueza también se produce sin robo. Después Lenin
desarrolló el concepto del imperialismo mediante el traslado de la
plusvalía a países enteros saqueados por una potencia. Pero resulta
que ahora existen individuos y países que han prosperado de una
forma asombrosa sin atracar ni colonizar a nadie. ¿Entonces?
En el "atrasismo" se confunden las cosas. Ha
incorporado racionalizaciones y clichés que pretenden justificar
errores graves. Incluso se ha llegado a invertir el objetivo inicial
de la izquierda. En efecto, en su origen la izquierda fue
libertaria, crítica, no aceptaba dictaduras, ni cercenamiento de los
derechos individuales, ni quedarse en la pobreza. El objetivo máximo
era llegar a que hubiese tanta abundancia para que "cada uno dé
según su necesidad y cada uno produzca según su capacidad". Se
deseaba la riqueza. Sin coerciones. Sin tiranías. Sin envidia ni
rencor. El paraíso. Terminó la ocupación, a la que se le echaba la culpa de todos los males. Sharon tuvo la esperanza que de ahí nacería un significativo avance hacia la paz. Pero Gaza no se convirtió en la piedra basal de un Estado palestino fraterno y progresista, sino en la plataforma de lanzamientos de inclementes misiles. Hace poco visité Sderot, cerca de la frontera, y vi una cantidad impresionante de esos misiles, disparados contra centros comerciales, hospitales y escuelas. Vi también los búnkeres donde huyen a refugiarse cada vez que suena la alarma. Del lado de Gaza, en cambio, no hay refugios porque usan de escudo humano a la población. Si mueren muchos, mayor será su éxito mediático. Advertí que en Gaza se practica el "atrasismo" en plenitud. No se construyen centros turísticos, ni aprovechan las bellezas del mar, ni los descubrimientos arqueológicos, ni las fértiles huertas y granjas que habían construido los israelíes, ni se marcha hacia una producción que lleve a la prosperidad del pueblo. Al contrario, se gastan millones de dólares en misiles y en demostraciones estériles. En aumentar el atraso. Antes de que Hamas tomase el control, no había "crisis humanitaria". La crisis fue creada por el gobierno fundamentalista, precisamente, luego de rebelarse contra la Autoridad Palestina y asesinar a un centenar y medio de sus funcionarios. No acepta la solución de dos Estados (uno judío y otro árabe) porque sólo quiere la destrucción del envidiado y exitoso Israel. Su objetivo es destruir, no construir. Echan la culpa al otro e invocan el bloqueo, olvidando por qué nació. Antes de que empezaran a disparar su lluvia de misiles no había bloqueo alguno. Incluso en las actuales circunstancias ingresan a diario en la Franja de Gaza camiones con toneladas de insumos israelíes, que incluyen alimentos, vacunas y artículos medicinales. Muchísimo más de lo que podría aportar la más nutrida flota extranjera. He visto también a numerosos habitantes de Gaza en los hospitales israelíes. La aún parcialmente ocupada Cisjordania, por el contrario, dejó de enviar criminales suicidas y se dedica a progresar en serio. Por haber disminuido la corrupción y dejar de llamar a la guerra, su crecimiento llegará este año ¡al 10%! Ahí comienzan a ponerse las bases de un brillante Estado palestino. Pese a estos datos, el "atrasismo" de Gaza convoca más simpatías. Y estas simpatías sabotean el progreso, eternizan al atraso. Quienes de verdad aman a los palestinos deberían exaltar el modelo de Cisjordania y condenar el de Gaza. No es fácil, sin embargo, desprenderse de la confusión que el "atrasismo" genera. Es una diabólica trampa de la que ni siquiera pueden liberarse muchas mentes lúcidas.
|