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Árabes bajo el yugo persa

por Egon Friedler
Khuzestán, una de las 30 provincias de Irán,
situada en el sudoeste del país, y lindante con
Irak y el Golfo Pérsico, es una zona de gran
importancia estratégica, muy rica en petróleo y
en gas natural. El pueblo de Khuzestán o de
Ahwaz, como es conocido por el nombre de su
capital, está integrado en una proporción de más
del 50% por minorías, entre ellas una importante
minoría árabe sunnita, que se siente muy
discriminada por el régimen que hace todo lo
posible por oprimir su identidad y asimilarla al
idioma y la cultura persa y a la rama chiíta del
Islam.
Los “ahwazíes”, como se denominan a sí mismos
los árabes del Khuzestán, miran con nostalgia al
breve período que terminó en 1925 en que había
un emirato de Ahwaz independiente y se quejan
amargamente de que los recursos naturales
existentes en su territorio son explotados para
el solo beneficio del gobierno teocrático de
Teherán.
Los “ahwazíes” son de hecho ciudadanos de
segunda clase en Irán, y se les obliga desde la
infancia a estudiar el persa como única lengua y
todas las reclamaciones de defensa de su lengua,
cultura y tradiciones son tachadas de
separatismo y de amenaza a la seguridad e
integridad del país.
El mundo no se enteró o no se quiso enterar,
pero en abril de 2005 tuvo lugar un
levantamiento no violento conocido como la
“intifada ahwazi” y desde entonces la ya
existente política de represión del régimen se
hizo aún más rígida. Según fuentes disidentes de
la emigración, desde el levantamiento de 2005
hasta abril de 2009, 151 ahwazíes fueron
asesinados por las fuerzas de seguridad iraníes
y sólo en 2006, 21 activistas políticos y de
Derechos Humanos ahwazíes fueron ejecutados
públicamente, siendo inútiles todas las
gestiones humanitarias de la Comisión Europea y
otros organismos internacionales. En 2008,
Amnistía Internacional denunció que de los
cientos de ejecuciones en Irán, decenas fueron
de activistas árabes ahwazíes.
Una queja frecuente contra el gobierno de
Ahmadinejad es que son muy frecuentes los
desalojos y las expropiaciones de tierras, que
son entregadas a colonos personas para alterar
el equilibrio demográfico de la región.
En julio de 2005, un delegado especial sobre
cuestiones de vivienda de las Naciones Unidas
visitó Khuzestán y en su informe sostuvo que
proyectos industriales y agrícolas habían
desplazado a los árabes de sus tierras, por lo
que habían recibido compensaciones que están muy
por debajo del valor de mercado. Asimismo señaló
que se crearon nuevos proyectos, como la
flamante ciudad de Shirinshah para obreros
no-árabes procedentes de Yazd, mientras los
habitantes locales tienen problemas de desempleo
y de viviendas precarias y ruinosas.
El informante de la UN, Milún Kothari, también
llamó la atención sobre los Laks, un pueblo
iraní indígena de Khuzestán. Los llamó “un
pueblo muy carenciado…que vive en condiciones
muy difíciles, sin acceso al agua y a un
adecuado sistema sanitario. Sin embargo, muy
cerca de ellos, hay vecindarios con servicios
muchísimo mejores”.
Otra queja reiterada de los ahwazíes se refiere
a los cambios de nombres de ciudades y aldeas,
lo que es considerado parte del esfuerzo persa
por borrar la herencia árabe de la provincia.
Incluso en los temas en que aparentemente las
autoridades están de acuerdo con los árabes de
Khuzestán hay choques. En enero de 2009 en
relación con las hostilidades entre Israel y
Hamas en Gaza, ONG´s ahwazíes organizaron una
manifestación pacífica de solidaridad con los
palestinos. El régimen de Teherán, que había
organizado su propia manifestación, la reprimió
duramente.
¿Cómo se explica que todo esto pase y el mundo
árabe y musulmán, tan sensible a todo ataque
real o imaginario, no reaccione en absoluto? ¿
Cómo es posible que la Liga Árabe, con sus 22
países, no defienda a los árabes de Khuzestán?
¿Cómo es posible que Irán, el gran campeón de la
causa palestina, cuyo presidente juega a ser más
árabe que los árabes, oprima a los propios
árabes en su territorio? Después de todo, el
Irán shiíta no tiene problemas en apoyar con
armas y propaganda al ultra-sunnita Hamas. ¿
Porqué habría de oprimir a sus propios sunnitas?
La respuesta es muy sencilla. La Liga Árabe
trata de minimizar los conflictos propios y
concentrar las baterías en el chivo emisario
universal : Israel. Eso evita tener que
responder ante los pueblos por la corrupción,
los malos gobiernos, el atraso, la incapacidad
de responder a las necesidades del desarrollo y
la modernidad. Los palestinos se han convertido
en el gran pretexto para la expansión de Irán en
el Medio Oriente y en la gran excusa universal
para todos los males del mundo árabe. Una
crítica a Irán podría despertar otras críticas y
en la cultura tribal del Islam se trata de
salvar el “honor” y de barrer bajo la alfombra
todo lo que pueda ser una culpa. No existe el
reconocimiento del error ni la autocrítica. Los
culpables son siempre los infieles.
Esto puede explicar la actitud de árabes y
musulmanes. Pero no explica en absoluto la
indiferencia del mundo frente a estos extremos
de cinismo.
Fuente: La Republica. Uruguay
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