Declaración Balfour: reminiscencia familiar

por Jorge Tachauer Sebök

El 29 de noviembre de 1947 (hace 64 años) la Asamblea de las Naciones Unidas votó por la partición de Palestina, de la que finalmente derivó con el tiempo la decisión británica de irse del país para, finalmente, desembocar en la Declaración del Estado de Israel. pero sobre este importantísimo aniversario hay artículos y notas de interés en esta misma edición de anajnu.cl

Quiero referirme a otro aniversario del mes de noviembre relacionado con el pueblo judío y con el Estado de Israel: la llamada Declaración Balfour de 2 de noviembre de 1917, una carta enviada por Lord Arthur Balfour (Ministro de Asuntos Extranjeros del gobierno británico) a Lord Lionel Rothschild (importante dirigente de la Comunidad Judía británica), en que comunicaba, de hecho, el reconocimiento de la primera potencia mundial del momento (el Reino Unido) al derecho del pueblo judío a Eretz Israel.

Era primera vez que, en forma oficial y abierta, una potencia cristiana y, en este caso nada más y nada menos que la más poderosa del orbe, le decía al pueblo judío que su patria ancestral era Eretz Israel y tenía derecho a volver a ella.

Todo lo señalado más arriba no es novedad para quienes conocen algo de historia semi-contemporánea.

Pero permítaseme narrar un detalle minúsculo de índole familiar.

El abuelo paterno de quien esto escribe, era, por esa época, Médico Veterinario Jefe del condado de Brasov, en Rumania. Residía con su familia en Fagaras, pequeña ciudad cercana a Brasov. Allí vivían una población total de 6852 personas, entre ellas 652 judíos (datos para 1920, Jüdishes Lexikon). Tenían una comunidad bien organizada, pujante, con Rabino. El Dr. Adolf Tachauer (mi abuelo) era integrantre del Directorio de la Comunidad, encargado de la Comisión de Educación de la misma. Todos estos datos vayan simplemente como prólogo de una pequeña curiosidad.

Al llegar al pueblo la información de la Declaración Balfour, presumiblemente el día 3 de noviembre de 1917, hubo conmoción y emoción en la sede de la Comunidad, a la que fueron acudiendo desde temprano numerosas personas, entre ellos muchos jóvenes. En un momento dado, la emoción se transformó en un alegre y orgulloso desfile de jóvenes, entre ellos mi padre apenas adolescente por todo el pueblo, más de alguno con banderas con el Maguen David. Si nos ubicamos en el lugar (parte rumana del Imperio de Austria-Hungría), se trató de algo insólito y que no dejó de sorprender al resto de la población del lugar.

Me lo narró mi padre hace muchos años atrás y quise compartirlo.

 

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